Arquitectura y energía

Basura y energía II

Por Juan C. Sánchez González

El tema de la producción de basura y desperdicios (Residuos Sólidos Urbanos) es uno de los que más deja en evidencia nuestros hábitos de consumo como sociedad y el nivel de desarrollo de nuestra conciencia medioambiental. La educación a la población y el compromiso político (y social) son factores que determinan ese nivel de desarrollo de conciencia medioambiental. Asumir esa responsabilidad compartida nos permitiría hacer una mejor gestión de los desperdicios que generamos.

En este sentido podemos seguir algunas pautas generales que ayudarían a marcar la diferencia: modificar nuestros hábitos de consumo, intentando reducir al máximo la generación de residuos, y en la medida de lo posible, hacer una calificación del tipo de desperdicios que generamos para su valoración como material reciclable, reutilizable o incluso generador de energía.

Residuos: tipo, cantidad y posibilidades

En la mayoría de los hogares (incluiremos despachos y oficinas urbanas) de las sociedades occidentales se generan unos tipos de desperdicios propios de la vida doméstica: materia orgánica procedente de los alimentos, papel, plásticos, latas,  briks y vidrios. La cantidad en que cada uno de estos desperdicios se produce dependerá de factores socioculturales de cada ciudad, de cada hogar y de cada individuo.

Materia orgánica.

En sentido general la materia orgánica que producimos en nuestras casas proviene de los restos de alimentos que consumimos y representan mucho más de la mitad de toda la basura que generamos. Es preciso recordar que un alimento que llega a nuestra mesa ha necesitado una “inversión de energía” importante para que esté a nuestra disposición (procesamiento, transporte, conservación, etc…) La recuperación de los residuos orgánicos es relativamente sencilla dado que pueden ser utilizados como compost para abono y hasta para la producción de combustible.

Papel.

El papel y el cartón son productos tan familiares en nuestra vida diaria que no nos imaginamos el impacto en el medioambiente  que conlleva su producción. Para producir una hoja de papel tamaño A4 (la que utilizamos para las cartas) hacen falta entre 300 y 400 cm3 de agua. Para obtener entre 10 y 20 resmas de papel tendríamos que talar un árbol (origen de la pulpa de celulosa, materia prima del papel) y si tomamos en cuenta que en una oficina, una persona puede imprimir de media unas 10 mil hojas por año (es decir 20 resmas), nos percatamos de que el papel que tan común nos parece, conlleva un alto precio medioambiental. Reciclar el papel puede significar un ahorro de hasta 70% de la energía consumida para su producción y hasta un 90% del agua utilizada en el proceso.

Plásticos

Los plásticos que a nivel doméstico consumimos, generalmente son el envoltorio de algún otro producto. La materia prima para la producción de plásticos es el petróleo….nuestro recurso energético no renovable por excelencia. La realidad actual es que en nuestro diario vivir, es difícil prescindir del consumo de plásticos, pero sí que es posible moderar su uso. Un plástico puede tardar cientos de años para degradarse y aún su proceso de reciclaje es costoso y hasta cierto punto complejo.  Desde luego existe la tecnología pero su reciclaje pero lo mejor sería comenzar haciendo un uso moderado del mismo.

Latas

Las latas, cuyo proceso de fabricación es uno de los que demanda mayor cantidad de energía, generalmente son utilizadas para contener alimentos o bebidas. Si dejáramos a la naturaleza hacer nuestro trabajo de recicladores, ésta tardaría unos 10 años en transformarlas a óxido de hierro. Sin embargo, y por suerte, son uno de los productos con mayor posibilidad de reciclado como en efecto sucede hoy en día.

Briks

Un producto que se ha hecho muy popular en los últimos años es el envases de briks que aunque pudieran ser relativamente fácil de reciclar (¿?) no tienen un proceso de biodegradación tan fácil.  Son producidos con una combinación de capas de celulosa, aluminio y plástico que por su estanqueidad, ligereza y fácil manejo han tenido gran penetración en el mercado de los envases para alimentos.  Su pretendida facilidad de reciclaje es relativa pues aún cuando es posible, es cuestionable  desde el punto de vista energético, la factibilidad de separar sus componentes.

Vidrio

De todos los envases que podemos consumir el vidrio es posiblemente unos de los mejores desde el punto de vista medioambiental. Pensamos que el importante gasto de energía en el que se incurre para su producción queda en gran medida compensado por su versatilidad y su posibilidad de reutilización, sumado a que es 100 % reciclable.

Consumo responsable, reutilización, reciclaje y/o adecuada eliminación.

El involucramiento de toda la sociedad en su conjunto es fundamental para poder completar la misión del buen manejo de los desperdicios generados. Una ciudadanía educada es el principio de todo. Conocer sobre la manipulación correcta de nuestros desperdicios es fundamental: qué se puede reciclar, qué se puede reutilizar, o simplemente que cosa ha llegado al fin de su ciclo en nuestras manos.  Ciertamente la labor de educación comienza en nuestros hogares, pero debe haber una transmisión constante de información y un manejo de la cosa por parte de la administración pública, que comienza desde la educación en las escuelas y que continúa con la implementación de políticas al respecto.

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