Termina una década, y los baby boomers (niños de la posguerra) que nacimos a mediado del siglo pasado y vivimos aún, somos o seremos ya muy pronto septuagenarios. De manera que, al menos que no estemos aspirando a vivir 100 años, deberíamos comenzar a hacer un balance de nuestras vidas, de nuestros éxitos y fracasos.

Pese a los peligros y restricciones que nos impone hoy esta pandemia, tenemos sobradas razones para pensar que somos una generación de hombres y mujeres privilegiados. Nacimos con electricidad y agua potable en nuestras casas, escuela y algunos servicios sanitarios, privilegios que la mayoría de nuestros padres y abuelos no tuvieron. Por demás, crecimos con la radio y la televisión y desde mediado de los 90 vivimos con la internet, que nos ha permitido decir adiós a las barreras del tiempo y el espacio.

El impresionante cúmulo de información que recibimos a diario nos ha permitido posicionarnos frente a todos los grandes acontecimientos de nuestra época, contestaciones, revoluciones, contrarrevoluciones y adelantos científico-técnicos que han transformado la manera de pensar y de actuar de la gente como nunca antes en la historia de la humanidad.

Veamos de manera no exhaustiva algunos de estos acontecimientos:

-Terminamos la primera mitad del siglo pasado con el triunfo de la revolución china (1949) y comenzamos la segunda con el desplome del sistema colonial en África (1950-1960), acontecimiento que, si bien no reportó el bienestar esperado, al menos sembró la esperanza en ese continente;

-La Revolución Cubana (1959), con sus primeros años de encanto, seguida de la efervescencia revolucionaria en América Latina, presencia del Che en Bolivia (1966) y el propósito de Camilo Torres de unir crucifijo y fusil (1966);

-El movimiento contracultura hippie de los años 60;

-Los acontecimientos de mayo del 1968, en Francia, que inauguraron la era del poder estudiantil y aceleraron el distanciamiento de los partidos comunistas de Europa (sobre todo Italia y España) del poder soviético;

-La Primavera de Praga (enero-agosto 1968), intenso periodo de agitación política en Checoslovaquia, que culminó con la invasión de la URSS y sus satélites;

-La conquista del espacio, con su impresionante hazaña de colocar un hombre en la luna (1969);

-La guerra de Vietnam (1958-1975) y una cobertura mediática del conflicto que permitió la denuncia de los frecuentes atropellos a los derechos humanos y alimentó la creciente oposición de la opinión pública occidental a la intervención estadounidense;

-El triunfo electoral de Salvador Allende (1970) y la vía chilena al socialismo;

-La Revolución de los Claveles en Portugal (1974), alzamiento militar que provocó el desplome de la dictadura lazarista, la más vieja de Europa;

-El rápido proceso de democratización de España, tras la muerte de Francisco Franco (1975);

-La victoria del Movimiento Sandinista en Nicaragua (1979) y el entusiasmo que despertó esa revolución encabezada por jóvenes;

-La desintegración de la Unión Soviética (1991) y el desplome de un sistema socialista que erróneamente se instauró primero donde no había ni desarrollo de las fuerzas productivas ni tradición democrática para garantizar bienestar y libertad, dando como resultado un sistema aberrante que culminó con su autoliquidación;

-El despertar de las reivindicaciones étnicas que siguió al desplome del socialismo en la Unión Soviética y países satélites.

En el plano doméstico, también hemos vivido muchos acontecimientos en el sentido del progreso político y social.

-La invasión del 14 de junio de 1959, que marcó el principio del fin de la dictadura de Trujillo;

El derrumbe de la ignominiosa tiranía trujillista (1961) y el proceso de democratización que se inicia con el retorno al país del profesor Bosch y su sietemesino ensayo democrático de 1963;

-El alzamiento guerrillero encabezado por Manolo Tavares Justo (1963);

-El estallido de la revuelta armada de abril de 1965 y la heroica resistencia contra el yankee invasor;

-La lucha por las libertades públicas y la justicia social del movimiento estudiantil, obrero y campesino durante la segunda mitad los años 1960 y 1970;

-La expedición guerrillera del Coronel Caamaño (1973) y los días de tensión que vivimos hasta su rápida y trágica captura y asesinato;

-La oposición política del PRD que dio al traste con el gobierno de Balaguer;

-La apertura democrática que se inició con el gobierno de don Antonio Guzmán en 1978.

Pero como la humanidad nunca ha marchado en un solo sentido, también hemos asistido a fracasos, retrocesos, que de forma no exhaustiva enumero a continuación:

-La fatiga de una revolución cubana que desde hace ya mucho tiempo a pocos emociona y a casi todos decepciona;

-La captura y muerte del Che en Bolivia (1967) y, con ello la imposibilidad de exportar la Revolución Cubana al resto del continente, cuando aún tenía algo de sus encantos iniciales;

-El derrocamiento y muerte de Allende (1973), seguido de la cruenta represión del régimen de Pinochet;

-El atolladero en que culminó la revolución sandinista en Nicaragua, sobre todo a partir de 1984;

-La revolución conservadora, o más bien la contrarrevolución de Ronald Reagan (1981-1989) y Margaret Tatcher (1979-1990), que proclamó la necesidad de someter al mundo al dictamen del gran capital, por encima de cualquier otra consideración;

-Los conflictos en el Medio Oriente y la guerra de Irak (2003), que atizaron la confrontación entre el Islam y el Occidente, dando con ello argumentos a los apologistas de la malsana tesis del choque entre civilizaciones;

La sustitución de la relativa estabilidad de la guerra fría por la inestabilidad de la multiplicidad de conflictos.

En el plano interno, tampoco los acontecimientos han ido siempre en el sentido del progreso, recordemos algunos de ellos:

-El terror político que precedió a la guerra civil, hasta bien entrados los años 1970;

-El retorno al poder de Joaquín Balaguer (1986), luego de la desastrosa administración del PRD (1982-1986);

-A mediado de los 80, la sustitución del modelo económico agroexportador por otro basado en zonas francas, turismo, remesas, que nos mete en el “progreso” y de paso nos convierte en un país de operarios con salarios de miseria, camareros igualmente mal pagados, motoconchistas, vendedores ambulantes de cachureros y “asistidos sociales” por los más de dos millones de dominicanos que la pobreza empujó a emigrar a los Estados Unidos y otros destinos, sobre todo durante los críticos años 80 (soy de los integrantes de ese ejército de “expatriados”);

-La desaparición de los liderazgos históricos (Bosch, Balaguer y Peña Gómez) y las dificultades que nos dejaron para la emergencia de un liderazgo de nuevo tipo, que ensayara nuevas formas de hacer política, en ruptura con el mesianismo, populismo y clientelismo.

Muchos de estos acontecimientos, de allá y de aquí, unos en el sentido del progreso, otros en el del retroceso, han marcado nuestras vidas, y también al conjunto de la sociedad.

Durante estos años, hemos pasado de un país muy pobre, profundamente rural, poco poblado y con escasas infraestructuras, a un país urbano, de un cierto dinamismo económico, con ciudades que muestran hasta signos de opulencia, que cohabitan con la todavía generalizada pobreza material y cultural de los dominicanos.

Y desde 1978, sobre todo a partir de 1996, disfrutamos de libertades públicas, que para nuestros hijos que han nacido con ellas, son el orden natural de las cosas, pero para nosotros son el resultado de privaciones, sacrificios y muchas jornadas de protestas.

Para algunos baby boomers (prefiero que se nos llame la generación ilusionada), la conquista de estas libertades no es suficiente. Esto está muy por debajo de nuestras aspiraciones iniciales y actuales, aún en momentos de ausencia de estas libertades, siempre hicimos uso de nuestro derecho a hablar, opinar, aunque fuera con riesgo de ir a la cárcel o la tumba.

En principio, aspirábamos a transformar la sociedad, derrotar al capitalismo y sobre sus escombros edificar una sociedad socialista, pero tuvimos que conformarnos tan solo con transformarnos a nosotros mismos.

Y estábamos bien equipados para logarlo, con muchas inquietudes y una muy alta valoración de la educción como vehículo de desarrollo personal y colectivo, logramos, pese al origen humildísimo de muchos de nosotros, sacar profesiones y, a través de ellas, acceder a trabajos interesantes, edificar familias, viajar, disfrutar de los bienes de la cultura. En fin, ser exitosos en nuestras vidas.

Pero en plano político-social no podemos decir lo mismo, nuestro voluntarismo se estrelló contra la indisposición del pueblo a acompañarnos en nuestra quimera comunista, en momento en que el sistema se había ya mundializado, valga decir, alcanzado sus límites, sus fronteras, hasta el punto de que desde hace ya un buen tiempo no parece haber ni espacio ni tiempo fuera de él.

Para algunos de nosotros, el abandono de la idea de la revolución socialista no ha implicado necesariamente renunciar a la aspiración de una sociedad más justa, dentro de lo que cabe en el marco de un sistema tremendamente eficaz para producir riquezas, pero con grandes limitaciones para distribuirlas con una cierta equidad ¡Y ni siquiera eso vamos a ver!

Comenzamos ya a marcharnos del mundo de los vivos, y como a nuestra edad es muy difícil, por no decir imposible, cambiar de idea, nos llevaremos a la tumba nuestro deseo de tener en el país un régimen que garantice una cierta justicia social, que priorice la inversión en el hombre, salud y educación de calidad en todos los órdenes (incluyendo educación de valores), que rompa con el círculo de una cultura de la pobreza que genera más pobreza y viceversa.

Se nos agota el tiempo, y todo apunta a que quedará a nuestros hijos y nietos la tarea de construir un ordenamiento político que suprima el derroche de recursos que implica el sostenimiento de los actuales mecanismos clientelistas de acceder al poder y mantenerse en él y libere recursos para la construcción de una ciudadanía más inclusiva y participativa, donde la relación del individuo con el Estado no sea clientelista, sino de pleno disfrute de sus derechos y cumplimiento de sus deberes.

Montreal, 30-12-20.