Nos habían dicho que él estaba muerto.  –Contaba mientras movía el guía del carro, tratando de salir del congestionado parqueo- No volvió de su último viaje y nadie sabía de él.  Toda la familia asumió lo peor, y a nosotros se nos vino el mundo encima.  Yo tenía 14 años, mis hermanos eran menores que yo.  No comíamos por días, perdimos la casa, no íbamos ni a la escuela, porque sencillamente no podíamos.

La mujer, de apenas 19 años, pasa entre 8 a 12 horas diarias trabajando, para abultar un poco más el cheque, ya que tiene una pequeña hija que mantener.  Yo no entiendo –añadía- cómo un padre o una madre, simplemente puede desaparecer de su familia, sin importarle lo que pase con sus hijos.  Yo amo tanto a mi hija, que haría lo que fuera necesario por ella.  No importa cuánto me canse en el trabajo, cuando llego a casa y veo su carita, y sé que estoy dándole lo que necesita, siento que estoy haciendo lo que Dios espera de mí.  ¿Pero ustedes quedaron con tu mamá, cierto?  -pregunté.  Sí, pero esa fue la peor parte, afirmó ella para mi extrañeza.  Mi mamá es una mujer muy violenta, que cuando decíamos tener hambre nos pateaba el estómago para que no le hiciéramos reclamos.

Un agravante escalofrío me recorrió el cuerpo ante la idea de semejante suerte.  Yo tengo problemas estomacales desde entonces, me enfatiza.  Al enterarnos de que papi en verdad no estaba muerto, sino que se había enredado con una mujer, allá en su país, yo le agarré un gran rencor; porque él sabía la clase de mujer que es mami, y nos dejó con ella.  Y lo peor es que al dejarnos también sin ingresos, y todo lo que pasó a raíz de ello, el carácter de mi madre empeoró.  Yo tuve que convertirme en mamá de mis hermanos, para que ella nos maltratara menos.  Por eso, terminé embarazándome, buscando amor y afecto en la calle, porque no lo encontraba en mi casa.

Nos internamos en las calles y pasamos varias urbanizaciones hasta parquearnos ante unas casas.  Ahí vivía ella, con sus padres y hermano menor.  ¿Entones tus padres están juntos otra vez?   Si dice ella con resignación, él reapareció en nuestras vidas, nos pidió perdón por haberse desaparecido, lo cual no fue fácil de otorgar –confesó- pero si lo piensas bien, para un hombre debe ser fuerte vivir con un mujer como mi mamá, así que fue como si él se hubiese dado un “brake”.  Yo quiero darme un “brake” también, pero no puedo, porque ellos cuidan de mi nena mientras yo trabajo.

Antes de desmontarse para buscar a su pequeña, retorna su rostro hacia mí para decirme, con absoluta certeza y madurez: Si algo es cierto en la vida, es que aún los peores momentos pasan.  Sólo hay que tener fe, y luchar y trabajar.  Porque yo no terminé mis estudios, pero tengo a mi hija, tengo trabajo, y estoy luchando, siempre seguiré luchando y con la ayuda de Dios, seguiremos mejorando.

Esta mozuela será joven de edad, pero en madurez es absolutamente toda una veterana.  Se expresa espontánea y sencillamente, mostrando que en verdad las heridas del pasado, aunque profundas estaban ya cicatrizadas.  No todo el mundo se otorga el privilegio de sanar.  Existen personas que con su actitud se levantan a diario las postillas del alma, manteniendo viva una laceración que debió sanar hace mucho tiempo atrás.  Esa actitud los entierra en amargura, y de ahí todo lo que eso arrastra.

A mí me gusta mucho ayudar al necesitado –me decía cuando regresó con la pequeña- porque yo conozco la necesidad y sé lo mucho que se aprecia el que te tiendan la mano.  Otra razón para admirarla pensé mientras dejaba escapar una sonrisa.  He ahí alguien que pudiera ser irresponsable, rebelde, mala madre y hasta violenta, si hubiese elegido imitar los ejemplos recibidos; pero no, se propuso a sí misma sacar de lo profundo de su ser, frutos contrarios: Buenas Virtudes.  Tienes un corazón conforme al de Dios –le dije- y es por eso que sé, tal y como dices, lo malo pasa y te espera una mucho mejor vida por delante…

Romanos 5:1-8 En consecuencia, ya que hemos sido *justificados mediante la fe, tenemos[a] paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. 2 También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos *regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. 3 Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; 4 la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. 5 Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

6 A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos,[b] en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados.7 Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena.8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

Bendiciones!!!