"¿No vivimos hoy en un estado de flojera espiritual, 

en las manos de la opinología y el populismo, 

envenenando esta espera de sospecha, paranoia y mala fe?".

Cristián Warnken

¿Por qué no sale usted a la calle -salvo que lo haga al supermercado o a la farmacia? Una respuesta posible es que cuida el cumplimiento de las medidas aconsejadas por la autoridad sanitaria para evitar contagiarse. Otra respuesta posible es que lo hace para evitar contagiar a los demás. Si lo hace por ambas razones su conducta es la esperable para avanzar en el control de la pandemia y su opinión interesará mucho más que la de los irresponsables que reclaman resultados y no pierden oportunidad de fotografiarse violando las medidas que la autoridad sanitaria ha aconsejado.

Sin duda un buen punto de partida para una reflexión desde el confinamiento es responderse a la pregunta de arriba pues entre las muchas cosas sobre las que resultaría provechoso pensar y cuestionar es el absoluto incumplimiento de las medidas de confinamiento y distanciamiento físico (no es social). 

 

El incumplimiento de las medidas sanitarias nos convoca a retomar el tema de la necesaria “obediencia civil”. Para que este concepto necesario no provenga de la política, prefiero empezar anotando la respuesta del Superior General de la Compañía de Jesús, el P. Arturo Sosa, SJ, ante los jesuitas que se sentían desgarrados por las instrucciones de las autoridades civiles que los obligan a mantenerse alejados de sus sitios de misión: “Las autoridades civiles tienen una autoridad en este momento. No solo estamos bajo la autoridad de las autoridades civiles, sino que es un elemento a tener en cuenta en nuestro discernimiento" y remata su observación recodando a un mártir de una pandemia en 1591: “Nuestra primera prioridad es no preservarnos a nosotros mismos. Nos preservamos para poder servir a los demás".

 

Veamos, igualmente, algunos asuntos que en esta difícil coyuntura deben ser enfrentados ante la verdadera falta de cuidado, o mejor, ante el descuido generalizado. No creo que ayude que un obispo invite a las autoridades a “celebrar elecciones del 05 de julio” o que otro asegure tener solucionado el tema de la sucesión presidencial sin elecciones haciendo el aporte que debe asumir la presidencia de la República el presidente de la Suprema Corte. Los hombres de lo absoluto corren el riesgo de relativizar su magisterio, mucho más cuando contamos con expertos constitucionalistas, ingenieros constitucionalistas y una hilera de especialistas que pueden equivocarse sin consecuencias. La crisis, especialmente su continuidad que será inevitable, necesitará que instituciones como la Iglesia estén absolutamente disponibles para ayudar, para favorecer políticas que tengan como preocupación central a los pobres, a la construcción democrática. Los necesitaremos muy especialmente para ir poniendo las cosas en orden: la vida es primero, siempre es primero. Los políticos y políticas deberán acordar las soluciones y los obispos podrán ayudar apoyando la calidad de esos esfuerzos por lo democráticos, por lo solidarios, por lo justos.

Así mismo vemos con sobresalto que abundan las visitas de campaña electoral en las que los candidatos camuflados de reyes magos intentan engañar incautos. Es cierto que contamos con un muy escaso conocimiento del Covid19, pero se puede afirmar sin timidez que las donaciones clientelares de políticos millonarios en ninguna parte del mundo han servido para mejorar el número de contagiados, por lo tanto, si lo que hacen está inspirado en favorecer el combate del virus pueden perfectamente quedarse en la casa.

 

No se trata de alarmar, se trata de asumir donde estamos. Y ante la incertidumbre se nos asoma un espectáculo algo más que preocupante que llama al menos a tener, aunque sea un chin de responsabilidad. Desde el norte desarrollado tenemos el caso de Suecia que con un número de habitantes similar al de esta media isla luego de su celebrada estrategia, que confiaba en la responsabilidad ciudadana, reconoce más de 3.000 muertos. En el sur pobre, Chile llega a los más de 30.000 contagiados y esta misma semana anuncia dramáticamente que tiene la capacidad de sus servicios sanitarios cerca del colapso.

Aquí, mientras tanto, parecemos estar siendo sacudidos por una banda de desesperados (aquellos que según la RAE han sufrido la pérdida total de la esperanza” y/o una “alteración extrema del ánimo causada por cólera, despecho o enojo”). De lo que se trata es de ser prudentes y pacientes hasta que no aparezca la vacuna pues hasta donde es posible saber los Estados y gobiernos no tienen entre sus objetivos eliminar el Covid19 sino conseguir el éxito de que no nos enfermemos todos al mismo tiempo para poder disponer de las atenciones necesarias.

La política no debe seguir bajando de nivel.  Lo digo pensando en las elecciones del 5 de julio ya que somos muchos los que esperábamos saber la razón de ponerlas en esa fecha, pues habitamos un planeta con más de un cuarto de millón de muertos. Ante una razón de tal magnitud   nadie debería conformarse con una respuesta tipo “es que tienen que hacerse antes del 16 de agosto”.

 

Parece mejor partir de la base de que las elecciones se celebrarán en cuanto sea posible, cuando se pueda garantizar la seguridad de los electores y cuando no se dejen sin poder votar al 7,9% de los electores que habitan fuera del país.  Ya va siendo hora de que se renuncie a seguir mintiendo sobre Corea del Sur: allí la abstención disminuyó porque se rebajó la edad para votar y se incorporaron nuevos electores jóvenes al padrón y no por las medidas para controlar el Covid19. Por cierto, ya se empieza a saber que esas medidas, aunque fueron exitosas por esos días, ya están pasándoles la cuenta a los surcoreanos.

Si a pasar cuentas fuéramos, a lo mejor alguna vez sabríamos cuánto tuvieron que ver las elecciones celebradas el 15 de marzo en el aumento de “la curva” de contagios.  No puede ser que los contagiados en la fiesta del 14 de marzo en Punta Cana oculten la responsabilidad estatal que se expresó en una respuesta tardía a la amenaza de la pandemia lo que podría haber significado consecuencias menos letales para la República Dominicana.

 

Para estos días malos -pero mejorables mediante el diálogo, el estudio y la crítica- el escenario deja muchas cosas que vale la pena revisar. Una de ellas, por ejemplo, es la relación entre democracia y elecciones, especialmente en un país que tiene uno de los más bajos estándares respecto a la calidad de las elecciones, pero que cuenta en su haber con un número de elecciones realizadas entre 1930 hasta hoy difícil de encontrar en otros países. Como ven, es extraña la relación que se sugiere establecer entre democracia y elecciones. Lo que importa, desde mi punto de vista, es la calidad de la democracia y la calidad de las elecciones.  Para ninguna de las dos será determinante la fecha en que se puedan celebrar las necesariamente pospuestas elecciones congresuales y presidenciales de este año.

Estos días de confinamiento podrían también ser útiles para tratar de revertir anomalías del sistema político y/o electoral como el transfuguismo, entre otras. Sin embargo, es fácil apreciar que cada cuatro años es distinto el problema que aparece como principal, por lo tanto, estamos hurgando quizás en el lugar equivocado. Recuerdo que en el 2012 para la ofensiva cívica y de las oenegés el problema no era el PLD, era Leonel. Son ellos mismos quienes han descubierto que ahora el problema consiste en sacar al PLD del gobierno. A lo mejor es cierto que hay que sacar al PLD del poder, pero como el problema principal es mucho más complejo que eso, seguiremos sin solucionar nada.  Y si a quien llegue le aplicaran las razones por las que quieren que salga el PLD, es seguro que no encontrarán a quien poner.

Quizás nos sirva para esas cavilaciones que nos convendría hacer mientras seguimos de lleno en confinamiento lo que también plantea Cristián WarnkenSe hacen muchos pronósticos y se proponen muchas medidas. Pero todos ellos tienen el defecto de trabajar con cajas de herramientas oxidadas que ya no sirven como para iluminar una crisis tan radical y global como esta. Lo inesperado nos va a sorprender. ¿No nos ha sorprendido ya varias veces?”