Cuando Néstor Kirchner llegó al poder en Argentina en mayo de 2003, los gobiernos que habían hundido a esa gran nación en la miseria y destruido sus instituciones por seguir en forma expedita las recetas neoliberales,  destinaban el 5% del Producto Interno Bruto (PIB) al pago de deuda y solo el 2% del PIB iba a educación.

Ocho años después, su reelecta presidenta Cristina Fernández de Kirchner podía decir a su pueblo que la ecuación se ha invertido: ahora se dedica 5% del PIB a la educación y solo 2% al pago de deuda.

El camino privatizador y de abandono de los servicios emprendido por Carlos Menem en 1989, seguido por Raúl Alfonsín, retomado por Menem en su nuevo gobierno y finalmente llevado al colapso en el mandato Fernando de la Rúa,  convirtió a ese rico país de 40 millones de habitantes en un territorio colmado de pobreza y desesperanza.

La victoria de Kirchner y su consiguiente vuelco en las prioridades nacionales, provocaron un verdadero cambio en esa nación.

Cuando el pasado día 10 de diciembre de 2011 Cristina asumía el poder para un nuevo mandato, sentada muy cerca del vicepresidente dominicano Rafael Alburquerque, en su discurso describió la situación que había en 2003:

"El 25 por ciento de desocupación, un cuarto de la población argentina; 11,000 millones de reservas en el Banco Central, más del 140 por ciento de nuestro Producto Interno Bruto comprometido en deuda, con más del 54 por ciento de nuestra población sumida en la pobreza y más del 25 sumida en la indigencia"

Tras los primeros cuatro años de gobierno de Néstor, los argentinos vieron un cambio dibujado en el horizonte porque había un gobernante honesto rescatando la educación, los sistemas de salud, la producción agropecuaria e industrial, priorizando las relaciones con América Latina, alejándose de las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y consumando el total fracaso del Acuerdo de Libre Comercio que impulsó Estados Unidos (ALCA) que procuraba asegurarse los mercados de la región.

Completado un mandato exitoso y con un liderazgo renovado en su pueblo y la región, Néstor deja el ejecutivo en 2007, el que por voto popular pasa a ocupar su esposa Cristina Fernández, hasta ese momento senadora de la República.

Entre 2007 y 2011 el gobierno de Cristina profundizó el modelo de inclusión social iniciado por Néstor y ha llevado a Argentina a un escalón de vida muy diferente al que estaba cuando el concierto neoliberal lo devastó.

El modelo neoliberal llevó a Argentina (igualito que en República Dominicana) a la pobreza y la indigencia porque se sustenta en una relación en la que se  privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas, provocando exclusión social y monopolizando la acción política solo en los mismos que hunden, una y otra vez, a la nación.

La mujer que llegó al Palacio del Congreso a prestar juramento en un automóvil Volkswagen de cuatro cilindros, escoltada únicamente por otros cuatro automóviles iguales y una motocicleta flanqueadora, había ganado la reelección con el 54,1% de los votos, el doble de lo que había obtenido Néstor ocho años atrás para iniciar ese proceso transformador de Argentina.

La llegada de un ministro dominicano, por no mencionar al Presidente de la República, a cualquier lugar del país, provoca un estampido de jeepetas de alto consumo, un zafarrancho militar que jarta y una avalancha de helicópteros derrochando recursos, una cohorte de vagos pagados con el erario, como fue el caso de la puesta en operación, hace pocas semanas, de un parque eólico en Pedernales, que opera una empresa privada.

Desoyendo al difunto "Consenso de Washington" y la receta neoliberal del FMI, Argentina hoy es una de las economías más pujantes de América del Sur, su crecimiento es descomunal, está al borde del pleno empleo con un reajuste salarial constante, dando lugar a una cada vez más justa distribución del ingreso.

Las políticas de inclusión social alcanzan a más del 90% de los envejecientes con su jubilación, más de tres millones de niños están cubiertos con el fondo de Asignación Universal por Hijo, distribución general de mini laptop en el sistema de enseñanza pública de universidades y escuelas secundarias.

Eso pasa en esa nación porque está gobernada por políticos que conocen su deber y no traicionan sus ideas y propósitos.

Por eso no utilizan el Banco de Fomento para prestarle dinero a los que compran y venden carros, a los que especulan en el mercado cambiario o a los que están lavando dinero como el célebre caso de la Torre Atiemar; sino para, como dijo Cristina, que "el 30% de la economía real está representada por el Banco Fomento y el 57% de los fondos del Banco Nación va a las pequeñas y medianas empresas, (que son los) generadores de empleos".

El éxito tiene que acompañar a una mujer como Cristina en su nuevo mandato, que con palabras y con hechos ha dicho muy claramente: "No voy a dejar las convicciones en la puerta del Palacio de Gobierno. Mejor dejar la vida".

La diferencia entre una nación (Argentina) y otra (República Dominicana) es tan clara como los resultados de ambas acciones de gobierno. Aquí, los números nos ponen a bailar de alegría, pero la realidad nos mata por hambre y los gobernantes se quedan sin los principios que inspiraron la esperanza del pueblo y motivaron el voto; allá números, realidad y principios son la misma cosa.