Este año 2015, la Universidad Corporativa del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU) con sede en Barcelona, tiene como uno de sus ejes de capacitación, la gestión estratégica en las areas metropolitanas.

La CEPAL viene tratando esta gran problemática desde principios del siglo XXI valorándola como un componente que permite acuerdos de gobernabilidad fundamentales para el ordenamiento territorial y la normativa de usos de suelo de las ciudades. Se conoce que un área  metropolitana es una región urbana que comprende primero una ciudad central denominada “metrópoli” que aporta su denominación al área y una serie de ciudades colindantes que funcionan, muchas veces, como urbes de soporte industrial, comercial y servicios.

De acuerdo a los profesores de urbanismo de la Universidad de Oxford, Ross y Wikstrom, el concepto “metrópolis” significa “ciudad madre” o principal centro de gravedad de un territorio.

Desde 1996, el politólogo doctor Warren Magnusson también de Oxford exploró esta temática en su visionario trabajo sobre “la búsqueda del espacio político; la globalización, los movimientos sociales y la experiencia política urbana. Se conoce que hay dos grandes escuelas o tendencias analizando este problema en el mundo. La norteamericana que se concentra en la población de los municipios en el entorno de la metrópolis, y la europea que subraya la economía muy influida por Inglaterra.

En Santiago como resultado del análisis socio-territorial que hicimos en el primer PES, la visión estratégica que predominó en el año 2000 fue valorar a Santiago como una “Metrópolis Caribeña”, oportuna decisión que asumimos, pero que no desarrollamos las herramientas y proyectos para alcanzarla. En ese momento (2000) la ley municipal vigente había sido aprobada en el año 1952, y pasaron 55 años para que surgiera la ley 176-07, un mandato modernista que traía de la mano el concepto de Mancomunidad como órgano de gestión interterritorial de los municipios.

En el actual Plan Estratégico de Santiago al año 2020, asumimos la equidad socio-territorial, el ordenamiento y la conectividad como objetivo estratégico donde dejamos muy claro que teníamos que impulsar un curso de acción para formular y operar el sistema de planificación urbanística de la ciudad, el municipio y su entorno regional, conducente a la gestión estratégica del territorio.

Establecimos una relación integral entre lo urbano y lo rural, incorporándolo como un “continuum territorial” sostenible. Aunque no mencionamos al sentido de “área metropolitana”, dejamos claro que no se podía pensar en lo urbano, sin incorporar lo rural, y sobre todo que debíamos integrar los municipios del entorno de Santiago.

Hoy, en este año 2015 podemos afirmar con certeza que en los estudios base facilitados por el BID, realizados en el contexto de la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES) que se concentran en la investigación precisa y georeferenciada del Crecimiento Urbano, la Gestión de Riesgos Ambientales y los Gases de Efecto Invernadero (GEI), tienen una elevadísima incumbencia con el área metropolitana de Santiago.

El BID, el Consejo Estratégico (CDES) y el Ayuntamiento de Santiago han contado para este diagnóstico con el apoyo de las empresas consultoras españolas de IDOM y de IH-Cantabria. Se tienen imágenes cartográficas de impacto y cálculos poblacionales muy exactos que incluso consideran la presencia de importantes poblaciones migrantes en el territorio.

Es una ilusión desgastante que el municipio y la ciudad de Santiago de los Caballeros se ordenen y planifiquen territorialmente sin contar con la participación protagónica de sus Distritos Municipales de La Canela, Hato del Yaque y San Francisco de Jacagua. Menos aún, sin el involucramiento activo de los municipios de Villa González, Tamboril, Licey al Medio y Puñal. Territorios donde al igual que Santiago, el crecimiento de la mancha urbana hasta el año 2050 debe planificarse con sentido de Área Metropolitana. En la otra seguimos.