A Marcio Veloz Maggiolo

No.2     

I

Pimentel en los periódicos

Recientemente tres pimenteleños: Heddel Cordero en su columna Ideando, Pimentel, pueblo raro, el día 6;  Freddy Ortiz en su Punto de Vista, Solo hay un Pimentel, el 21 de este mes, ambos del Listín Diario, y el inicio en esta columna el sábado 16 de esta serie con un aparte con el epígrafe Pimentel, mi pueblo, Campeche, mi escuela, nueva vez, hemos coincidido en la temática. Realmente, un pueblo sigue siendo el mismo pueblo, como el río sigue siendo el mismo río, aunque cambie de curso o de caudal. La impresión de la canción de Joan Manuel Serrat encaja no solo en nuestro caso, sino en todos los pueblos y ciudades hasta en el país mismo: Mi pueblo ya no es mi pueblo, es una ciudad cualquiera, pero como en el caso famoso de un norteamericano que declaraba que era un ciudadano del mundo despotricando en un sitio público contra los nacionalismos, en el famoso cuento de O. Henry, Un cosmopolita en un café,  cuando alguien habló mal de su aldea nativa, se molestó y encaró al que tal cosa hacía. Cuando vamos allá, nosotros los viajeros (de los amigos íntimos son contados los que no hayan emigrado), aunque nos despistemos y apenas reconozcamos a algunos o pocos nos reconozcan, con uno solo que lo haga, con una sola cosa que siga estando ahí, nos reconciliamos con el pasado diciendo: ha cambiado, pero sigue siendo y siempre será el lugar donde nací, donde conocí el amor, donde fui feliz algunos años y eso, no me lo quita nadie.

II

Aquel Pimentel donde se escribía y leía

¿Qué fue realmente lo que pasó en aquel pueblito destronado de sus trenes y sus rieles, de su época de oro comercial, que devino en convertirse en un emporio cultural y una pequeña fábrica de poetas y escritores?

Quien visite nuestro pueblo se sorprenderá de ver su “progreso” en el orden material. Aunque no hay empresas fuertes ni un emporio comercial como antes, la cantidad de lugares de diversión o para pasar un rato, se han multiplicado. El Club Pimentel ya no es exclusivo. Es una casa democrática donde se realizan actos culturales o se hacen fiestas, pero permanece cerrado como si fuera el guardián de los secretos del pasado. Gallardamente como un ejemplo arquitectónico diferente a lo abigarrado del entorno y del pueblo en general.

En vez de los dos vehículos que tradicionalmente hubo en el pueblo, de algunas guaguas que viajaban a Santo Domingo o a Santiago o San Francisco de Macorís, en muchas casas hay dos vehículos lujosos o de factura reciente. Todo el que ha podido ha destruido las antiguas casas de madera  construyendo chalets o pequeños edificios  y si quedan las casonas comerciales de antaño es por haberlos declarado Monumentos nacionales, que ya no tienen sentido, como dijo Freddy Ortiz.

Sin embargo, en vez de un grupo de amantes de la literatura que discutan de poesía,  o hablen de sus lecturas o lean sus producciones, solo ha quedado un poeta,  que aunque ha editado varios libros, es poco menos que desconocido: Tiene actualmente su primer poemario en espera de ediciones de la UASD. José Miguel García tiene en sus hombros el peso de una tradición que mantiene en solitario como un Atlas cualquiera.

En nuestro artículo anterior señalamos la presencia de Eugenio Córdova y Vizcarrondo. Como prueba de esta familia hubo una tumba de una tal María Vizcarrondo. Nadie más habló de eso. De Freddy Gatón Arce, la historia es diferente. Regresaba a pasar fines de semana con su familia. Su esposa Luz Díaz Gil y su hija Ivelisse que le acompañaban, pernoctaban en la casa de los padres de ella. Ahí comenzó otra etapa cultural.

En cuanto a Armando Cordero, cuando vivió allá ya era conocido como periodista. Sus colaboraciones en revistas capitaleñas desde Pimentel, incluyen su artículo sobre el postumismo que publicaron los postumistas en El día Estético, además, notas galantes y otros reportajes. Pero nadie lo recordaba.

La visita del poeta Juan Bautista Lamarche tampoco se comentaba, salvo por la famosa frase que citamos, aunque este en la revista Bahoruco relatara su viaje en un artículo titulado Pimentel de noche.

¿Entonces cuándo comienza la tradición?

En 1915 la revista Renacimiento hablaba de la pujanza comercial. La primera edición de La Información de ese año tenía tantos anuncios comerciales de allá como de San Francisco de Macorís.

Hubo un grupo de hermanos, Los Castro Hernández, jóvenes que a fines de los años veinte publicaban artículos en periódicos de La Vega y estudiaban, dos de ellos fueron bachilleres: Felipe y Francisco (Quito y Pancho). Además habían fundado el primer conjunto musical.

De músicos, por lo menos populares de fama internacional. están Bienvenido Brens y Luis Kalaf. Orgullos indudables de Pimentel.

Sin embargo, el amor por la poesía era una nota permanente. La juventud recitaba y cantaba. Sabían poemas de memoria y tenían álbumes. Las serenatas de mi pueblo eran legendarias. Los oradores fúnebres o políticos abundaban.

Además hubo tres bibliotecas: La del Club Pimentel, la del Ayuntamiento y luego la del Partido Dominicano, aunque a esta última los jóvenes, la mayoría rebeldes, no iban.

Si bien eso es cierto, se podría decir que la nueva forma de adquirir cultura o de querer incursionar en los géneros literarios, venía de lejos, por lo menos en mí, sobre todo al concluir el bachillerato en 1951 que en las vacaciones me reunía con los muchachos del vecindario a practicar deportes y a leer versos. Ahí surgió su preocupación poética en Mendy López que cuando llegaba prácticamente se mudaba a casa.

Sin embargo podría fijar una fecha hipotética, a partir de 1956. La publicación de mi primer poema en un diario de circulación nacional me parece el puntillazo. El Caribe era entonces el de mayor prestigio. 

Cierto que en mi casa, en las afueras, yo tenía un periodiquito a maquinilla, en dos hojas de papel 8 y medio por 11 divididas en dos, es decir con ocho paginillas, que si bien tenía en la última noticias del último juego de la pelota amateur, el resto, aunque hubiera uno que otro poema, era de chismecitos sociales.

Para ello necesitábamos reporteros. Nosotros habíamos formado la PBC, Pandilla de Buenos Compañeros, cuyos miembros originales fueron Franciisco Nolasco Cordero, Luis Emilio Espinal Muñoz, Ramón Frías Geneaux y originalmente Luis Valdez Taveras.

Con seudónimos los cuatro primeros, salvo Valdez que tempranamente vino a esta ciudad; colaboraron dos externos: Mendy López senior y Rafael de Castro (Fefelo). Incluso hacíamos reinados de belleza por medio de un survey popular. Lo que indica que había muchas jóvenes dignas de un título. Ciertamente, había varias hermosas por los años cincuenta

Aunque el asunto no fue tan simple.

Mi año de semivagancia después de mi graduación, por no tener mi familia dinero para mi exequátur, cien pesos era mucho dinero entonces. Me quedé ‘picando’ con lo de llenar formularios para las cédulas y pequeños asuntitos. Leía mucho, le prestaba los libros a los muchachos con hambre de conocimientos y de cultura. Era obligatorio comentar esas lecturas en los diversos bares de la localidad, en el Club o en el parque central. Algunos adquirían libros o íbamos a la biblioteca del Ayuntamiento que no era muy rica, pero tenía libros básicos, incluyendo uno de García Lorca. Los elegía don Juan Ramón Mejía, secretario del cabildo, por la cuota obligada para adquirir libros en el presupuesto del ejido.

Pero había más vinculaciones culturales. El Partido Dominicano tenía los famosos Actos cívicos culturales, que si bien eran para elogiar al tirano, se pedían recitaciones y canciones. En fin se permitía cierta libertad. En las escuelas era obligatorio recitar poemas. Un sacerdote canadiense permitía que después de misa se recitara, se cantara y se aplaudiera. Amén de las famosas “veladas” en el teatro Porfirito.

Francisco Nolasco Cordero, nacido en jurisdicción de Cotuí, que luego pasó a Hostos y que finalmente se mudó su familia a nuestro pueblo, siendo para nosotros tan pimenteleño como cualquiera que haya nacido allá. Destaco a El Vate, como nos decíamos, porque tempranamente tuvo afición por las letras. Cuando dejó los estudios de medicina, entró como escribiente a la Marina y cuando lo trasladaron a esta ciudad, se inscribió para estudiar filosofía, pero en eso, Trujillo dispuso que los militares no pudieran asistir a la universidad. Perteneció a los Jóvenes Amantes de la Filosofía y me enroló a mí en su aventura cultural. Cuando pudo salir de la armada, en principio nuestras discusiones eran sobre el ser y las cosas. De ese fervor no pudimos conquistar a los demás muchachos del pueblo. Recuerdo nuestras discusiones en “Trompoloco” acerca del Todo y la Nada, donde él sostenía que nada desaparece sino que se multiplica. Yo mantenía que nada desaparece sino que se transforma.

En 1961, en enero, conseguimos que se publicara su primer libro poético: Caricias de Lumbre, donde aparecen sus especulaciones filosóficas.

En febrero de ese año fundamos la Sociedad Literaria Amidverza (Amigos de la verdad y la belleza), que denota nuestros días de filosóficos; en una casa que ya no existe de la calle Las Mercedes: en la cual su libro fue bautizado ya con un grupo de amigos cuando le llevé los primeros ejemplares.

El asunto entonces, no era, por nuestra precariedad económica, la de publicar libros, sino la de que nos publicaran en los periódicos de la Capital.

En Pimentel hubo un periodiquito en 1955, Vanguardia Trujillista, de un capitaleño llamado John Molina Patiño: allí hice mis primeras armas en un medio impreso, unos poemas, una narración periodística y una especie de cuento, ganando el segundo lugar en un concursito, que ganó mi tía Ana Antonia Serrano.

Antes de Nolasco salir de la Marina, visitó a Franklin Mieses Burgos. Este lo reconoció como poeta. Eso me animó a visitarlo: Cuando también me etiquetó con el título, como he contado, me remitió al Caribe, adonde don Rafael Herrera, que me dijo: Si Franklin dijo eso, te lo publico. Ahí se inició mi relación con el banilejo.

El que un joven escritor de provincias publicara en los periódicos capitaleños, era entonces una aventura cultural superior a publicar un libro.

Iniciamos la publicación, también a maquinilla, pero en hojas enteras, de la revista Amidverza, que solo vivió dos números. En mayo ajusticiaron al tirano.

Sin embargo, los diez ejemplares que editábamos circularon. Le enviábamos a Juan Alberto Peña Lebrón en Moca, a Luis Alfredo Torres en la ciudad capital y a Alberto Baeza Flores que estaba entonces en Costa Rica.  Baeza nos animaba.

Quien lea ahora esos dos ejemplares, que no conservamos, se asombrará de nuestras audacias vanguardistas.

Incluso fundamos el Suprabismo. Del cual publicamos el manifiesto y dos poemas en el Listín Diario.

En Amidverza hicieron sus primeros pininos líricos, Mendy López Quintero, como Lope del Castillo; Pedro Grullón Antigua, Fernando Valdez Taveras, Elpidio Guillén Peña y Rafael Mejía Amparo.

Además, hubo antes de eso una aventura cultural rara. El Lic. Alfredo Achécar, en la farmacia que fundó Manuel Gatón Richiez, puso unos altoparlantes que congregaban a muchas personas en las tardes y donde difundimos poemas. Recordando a Luis Espinal Muñoz que se inició con unos versos en desamor.

No conforme con ello, el Lic. Achécar. que era un promotor deportivo extraordinario apadrinando el equipo de beisbol local, compró un equipo de radio onda larga, que fue la base de los magníficos locutores que allí se formaron y algunos de los cuales alcanzaron nombradía nacional: Osvaldo Cepeda y Cepeda, Mendy López, etc.. Más tarde Rafael Aracena instaló otra, ahí Freddy Ortiz, Julián la Salsa, Felito Brens, Chiero y Fefelo Castro y otros iniciaron su carrera.

Señalo estos lejanos orígenes de cómo en aquel pueblito surgió una generación de muchachos interesados en las lecturas y en la escritura de textos.

A grandes rasgos, ya hablando de logros, diríamos que mi noveleta Juego de Dominó en 1973 fue la primera de un nativo, pero no de un pimenteleño, Nolasco publicó a Papaján en 1972.

El pastor Francisco Taumaturgo Castro publicó Una cosa nunca vista, mimeografiada.

Nidia A. Castro de Díaz, al casarse con el músico gallego Benito Díaz, perdió su apellido en Estados Unidos, y como Nidia Díaz fue la primer mujer pimenteleña en publicar un libro. Su ensayo La protesta social de Rosalía de Castro, publicada en 1976, fue galardonada con el Premio Nacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña de 1977. Primer premio nacional a una mujer de mi pueblo. Primer premio en general. Se destacó en New York como profesora. Dos años después con Goeíza, yo ganaría el Premio Siboney de Novela, tres años más tarde lo ganaría Nolasco Cordero con Tu Sombra3

Hablar de pimenteleños hoy en la literatura, con solo revisar los periódicos encontramos a Juan Lladó, experto en turismo; a Nolagko Nolasco, que tiene un periódico en New York, Newyorquinos; los citados Heddel Cordero y Freddy Ortiz, en cuanto a diarios nacionales.

Pero hubo dos talentos promisorios, Elpidio Guillén Peña, poeta y José Joaquín Burgos, cuentista elogiado por Juan Bosch, el profesor Enrique de Castro, Benigno Taveras Castro, que no han publicado libros. También se publicaron versos de Octavio Chupani y de Román Núñez.

En cuanto a publicaciones de libros y premios, llegaríamos al catálogo, pero casi todos los citados, incluyendo a Cepeda y Cepeda, a Héctor Polanco Pérez, Rafael Achécar Chupani, Héctor C. Calderón Soriano, Taiana Mora Ramis, los citados Heddel Cordero, Freddy Ortiz, Juan Lladó, Mendy López, que junto a los demás sumarían decenas de títulos, la mayoría antes del boom actual, que incluyen ensayos, poemas, novelas, cuentos. Faltando el historiador oficial del municipio, el profesor Julio Rojas.

Existiendo dos ensayos inéditos de historia, uno de José Medina Brens y otro de Andrés Martínez.

Mención especial merece Isis Generosa Duarte Tavárez, mejor conocida como Isis Duarte, socióloga e investigadora política y social, autora de muchos textos, la mayoría en colaboración, ganadora del Premio de Ensayo Pedro Henríquez Ureña con su libro Capitalismo y sobrepoblación en Santo Domingo de 1980. Isis, nació en Castillo, pero llegó como Nolasco en la niñez a Pimentel y allá se fue formando. La Segunda mujer ganadora de un premio nacional.

Podríamos indicar más cosas de cada autor citado. Sus obras y su trayectoria.

Pero me voy a quedar sencillamente recordando que Amidverza hizo muchas otras cosas en Pimentel. Además de las tertulias con intelectuales que visitaban al pueblo para reunirse con el grupo que después escribieron sobre sus experiencias, bastaría señalar entre los intelectuales con quienes conversamos allá, además de Freddy Gatón Arce, la lista sería muy larga y podríamos ofender a los no citados, pero así de memoria, a pesar de que la mía está floja: Domingo Moreno Jimenes, Manuel del Cabral, Alberto Baeza Flores, Aida Cartagena Portalatín, Manuel Rueda, Juan José Ayuso, Marcio Veloz Maggiolo, Chery Jimenes Rivera, Antonio Fernández Spencer, Federico Henríquez y Grateraux, Juan Alberto Peña Lebrón, Abel Fernández Mejía, Bruno Rosario Candelier, Cayo Claudio Espinal, Ramón Francisco, Juan Sánchez Lamouth, Pedro Pompeyo Rosario, Néstor Caro, Rubén Suro, Luis Manuel Despradel, J. M. Glass Mejía, Efraím Castillo, Salvador Santana, José Betón, Luis Alfredo Torres, Orlando Morel, Eulogio Santaella, Ricardo Rojas Espejo y un largo etcétera. 

Finalmente, pidiendo perdón a los no citados, no por falta de importancia, sino de mis recuerdos. Diré que entre otras cosas hicimos un Homenaje nacional a Juan Sánchez Lamotuh cuando ganó el premio nacional; una lectura mística de Rubén Darío en su primer centenario de su nacimiento; una misa lírica a Juan Sánchez Lamouth al mes de su muerte; la segunda a Franklin Mieses Burgos, homenaje nacional, a los seis meses de su fallecimiento; un responso lírico a René del Risco Bermúdez. La puesta en circulación de La tierra más hermosa de Baeza Flores. Etc.

Naturalmente, con esto no agotamos las experiencias literarias, a lo que habría que agregar otros homenajes, como los cincuenta años de Gatón Arce y una caterva de actos,  recitales y encuentros literarios.

Un grupo de jóvenes publicó la revista Realidad, mimeografiada, que tuvo mucho impacto en los jóvenes emergentes que bauticé como “gota de cocodrilo” por un verso de Lorca.

Este recuento crecerá, muchos de los no citados escribirán, los inéditos publicarán sus libros, surgirán otros talentos. Como el título del cuento de René del Risco, El mundo sigue Celina, el mundo sigue, Barbero, el mundo sigue, Pimentel.

La próxima semana, quizás influido por estos recuerdos, suspenderé la serie: Haremos un regalo lírico a los lectores de Acento, con unos hermosos poemas de diversos autores que a mí, personalmente, me han gustado y espero que disfruten en el fin de este y el próximo año, lleno de interrogantes terribles, para ir endulzando nuestros espíritus tan catastróficamente imbuidos de un materialismo que ya es un cáncer cultural.