Paradigmas

El apego a las creencias

Por Leonardo Díaz

Contrario a una idea bastante extendida, no somos tan manipulables por los medios de comunicación, ni tan susceptibles a cambiar de opinión debido a las figuras de autoridad. El apego a nuestras creencias y prejuicios es un signo distintivo de nuestra especie.

Esta es la razón por la que es difícil hacer cambiar de perspectiva a una persona aunque podamos mostrarle evidencia de que esté equivocada. Desde hace décadas, distintos estudios muestran que nuestra lectura de los datos está condicionada por nuestra experiencia previa, las expectativas formadas y nuestros prejuicios.

Cuando los datos entran en contradicción con nuestros creencias arraigadas, tendemos a no percibirlos o a rechazarlos a partir de argumentos que tienen una base emocional. No adecuamos nuestras mentes a los datos, sino los datos a nuestras mentes. El filósofo del siglo XVI, Francis Bacon, denominó “ídolo de la tribu” a esta disposición humana a desear que la naturaleza encaje con nuestros gustos, expectativas y creencias, que la evidencia empírica refutadora de nuestros puntos de vista nos resulte imperceptible o falsa.

Esta disposición tiene una explicación desde una perspectiva evolucionista, nuestra especie ha necesitado adecuar los fenómenos de la naturaleza al conocimiento previo, a la experiencia adquirida. De otro modo, esta no habríamos sobrevivido.

La adaptación requiere pues, de un “mecanismo de fijación de creencias” para usarlas en un momento oportuno. ¿Como habríamos distinguido a los depredadores de las especies no hostiles sin recurrir al conocimiento previo que teníamos sobre las mismas?

Sin embargo, este mecanismo útil desde el punto de vista biológico genera una serie de problemas, pues muchas veces rechazamos información válida, porque no concuerda con nuestras expectativas.

En este sentido, existen estudios que muestran como un método más efectivo de convencimiento la exposición a relatos y la generación de empatía que mostrar una eviencia empírica.

Así,por ejemplo, ha acontecido cuando se ha intentando convencer a segmentos poblacionales reacios al uso de las vacunas para que acepten vacunar a sus niños. Por supuesto, en estos casos hablamos de poblaciones a pequeña escala.

El problema se agrava, sin duda, cuando se necesita convencer a un segmento poblacional mayor, como ocurre con una población de votantes que ha interiorizado una creencia falsa. La mera exposición a los datos no hará cambiar al votante. ¿Qué puede hacerlo?

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