Quizás este sea el día –decía la mujer esperanzada- cuando finalmente oiga aquellas palabras salir de la boca de mi padre.  Usted sabe pastor, es triste, pero a veces las personas esperan hasta el último momento para hacer lo que no hicieron en toda su vida.  Aunque hace años que no lo veo, tal vez  cuando vaya a despedirme, finalmente me diga que me ama.  El predicador reseñó la anécdota, para dar a entender la esencia de su mensaje.  …y con esta esperanza, contaba, fue dispuesta a dejar atrás todas las heridas y vacíos provocados por una vida entera de indiferencia, con el único anhelo de oírle decir dos palabras solamente; pero no sucedió.  Su padre murió sin decirlas, y en ella quedó perenne el vacío y la desolación del rechazo.

¡Cuán diferente habría sido, si este hombre se hubiese permitido ser menos macho y más humano!         -puntualizaba- .  ¡Cuánto bien le habría hecho a su propia hija! Y sin embargo, prefirió morir sin darle esa satisfacción.  Lo triste es que las personas heridas hieren más para adelante y algunos incluso disfrazan sus complejos de inferioridad con una exagerada ideología de arrogancia.  “Tú no das para eso, no sirves para nada, eres tan torpe, no sabes conducirte, no tienes talento, no sabes hacer nada bien”  frases como estas pronunciadas por quienes nos rodean, se tornan en un gigantesco pie que nos aplasta.  Algunos se arman de orgullo y se determinan a demostrarle al mundo que están equivocados.  Otros, menos valientes, se dejan convencer del vómito de envidia que les han tirado, y aunque son águilas, se portan como gallinas.  El predicador concluyó su tema resumiendo la enseñanza a tres puntos básicos, que necesitamos todos para tener una sana autoestima: 1) Sentido de Pertenencia: Saber quiénes somos y a dónde pertenecemos.  2) Sentido de Merecimiento.  Saber que somos merecedores de buenas cosas y de darlas a los demás.  Y 3) Sentido de Competencia.  Saber que somos capaces de hacer mucho más de lo que nos atrevemos.

Tú no tienes derecho a hablarle así a mis hijos, le dije al salvavidas de la piscina.  Ellos no me obedecieron, cuando les dije que no tiren basura –me respondió de muy mala manera.  Los platos fueron volados por el viento, le argumenté, y ellos están dentro del agua, atentos a sus juegos y amigos.  Cuando salgan, ellos vendrán a recogerlos, porque nosotros tenemos educación.  –Ellos tienen que hacer las cosas cuando yo digo- me gritó.  ¿Y tú quién eres para demandar tal cosa?  -Soy la autoridad aquí.   Pues mira, le dije entre sarcasmo y controlado enojo, para darte a respetar, debes respetar primero, y si eres tan exigente, también debes actuar con excelencia, y predicar con el ejemplo.  –Que me quiere usted decir, que yo no hago bien mi trabajo, que yo no sé lo que estoy haciendo?

Sus ojos brillaban de ira, mientras expulsaba humo de su boca.  No exagero, humo, porque estaba fumando, en un espacio en done las reglas dicen claramente que no se fuma.  Cuando se lo dije, al verse desarmado trató de hacerme ver que poseía diez años de experiencia y que eso le otorgaba el derecho a conducir las piscinas a su antojo.  Pues aquí no, le respondí.  Aquí tu demuestras que en diez años algo bueno has aprendido y te conduces con respeto.  Es tu primer día en esta piscina y podría ser el último, porque yo tengo cuatro años viviendo en estos condominios y sé exactamente a quién dirigirme para asegurarme que un abusador como tú no venga a alterar el orden en este lugar.

A la discusión se sumaron otros inquilinos quienes expresaron su incomodidad por otras acciones del nada educado salvavidas.  Lo cierto es que llama la atención cómo el nivel de exigencia para los demás no se equipara con sus propias acciones, y es por eso que se creen con el derecho de estar por encima de la ley y aplastar con ellas a los demás.   No se dejen pisotear así de nadie, les dije entonces a mis hijos.  Aprendan de esto que el que hace lo correcto siempre tiene derecho y ustedes no tengan temor a exigir que se les respete.

Aprovechando situaciones como estas, y citando versículos Bíblicos es como logro enfatizar el valor y la autoestima de los pequeños y saben que?  ¡Funciona!  “Mami, yo no puedo entender las divisiones.”  Claro que si, eres muy inteligente y sólo tienes que practicar y no temer.  Dios te hizo inteligente y talentosa.  Además la Biblia dice 365 veces NO TEMAS, y recuerda el versículo que dice “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  Ven y te explico una vez más y verás que lo agarras de una vez.  Para la siguiente semana, ya hacia sus divisiones sola, requiriendo mi ayuda sólo en aquellas cuyas numeraciones superaban los tres dígitos.  Pero a mi no me criaron así.  Es normal en nuestra cultura que nos den el trato opuesto, por aquello de que los muchachos hablan cuando las gallinas…  Ustedes saben el resto.  ¿Cómo aprendí y vencí ese patrón negativo?  Aprendiendo de Jesucristo.  El es un ejemplo de motivación, respeto, ayuda y sobretodo, el terapéutico amor que nos profesa.

Por eso, cuando la Biblia afirma:  “Aunque tu padre y tu madre te dejaran con todo, yo te recogeré”  y …”nadie te podrá apartar de mi inmenso amor” es como si una inyección de mega potencia restaurara nuestro interior, volviendo a componer el espejo de nuestra alma pedazo por pedazo, hasta hacerlo entero otra vez.  Pero quedan las cicatrices, me dijo alguien una vez.  Si, pero sirven para mostrar a otros que se estuvo herido y se logra sanar.

Con esto, concluyo invitándote a hablar el lenguaje de Jesús, a bendecir con tu boca y a no maldecir.  A estimular y ya no a desalentar.  A animar y no a criticar.  Y sobre todo, a tener la certeza de cuánto vales para Dios y para ti mismo, como para tener la fortaleza suficiente para respetar y hacerte respetar.  Después de todo, los demás también necesitan encontrar quien les ponga un espejo para que puedan ver y comprender sus propios errores.

Proverbios 18:21La muerte y la vida están en poder de la lengua; el que la ama, comerá de sus frutos.

Santiago 3: 1-6 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. 2 Todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabra, es una persona perfecta, capaz también de refrenar todo el cuerpo. 3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan y dirigimos así todo su cuerpo. 4 Mirad también las naves: aunque tan grandes y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. 5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! 6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.

¡Dios te Bendiga!