Mis sueños son sencillos

¡Ante todo la verdad y la justicia!

Por Aura Celeste Fernández R.

He sido y soy católica desde que nací.

Confieso que tengo mucha fe en Dios.

Creo en la vida después de la vida.

Creo en nuestro Señor Jesucristo.

Oro todos los días de mi vida.

No concibo vivir sin fe. La fe me fortalece y me posibilita tener confianza en esta vida con tantas incertidumbres.

Cada día lucho por el acrecentamiento de mi fe.

Les confieso que me trabajo diariamente para que los desafueros humanos de quienes se dicen tan cercanos a Dios, no cuestionen mi fe y mi cercanía al Señor. Pero, les manifiesto que es duro para los creyentes lo que está pasando en La Iglesia con  sacerdotes y el ministro denunciados por sus comportamientos delictuales y altamente abusivos.

Para nadie es un secreto que La iglesia tiene muchos sacerdotes consagrados, nobles, coherentes, entregados, humildes, con votos de pobreza y con alto sentido de misión, que trabajan día a día por el bienestar de la gente y de las comunidades. A mí me consta y doy testimonio de ello.

Ahora bien: lo que se ha descubierto actualmente, más que grave es gravísimo. Lo que se ha revelado sobre curas, diáconos y del representante del Vaticano, como abusadores sexuales y pederastas representa millones de estocadas a un pueblo creyente que ha puesto tradicionalmente su confianza ciega en los sacerdotes de la Iglesia Católica.

Pero que nadie quiera tapar el sol con un dedo

A nadie que pretenda justificar lo injustificable.

A nadie que intente desviar la atención culpando a los comunicadores de querer dañar la Iglesia porque han denunciado los crueles casos de pederastia y abuso sexual cometidos por sacerdotes católicos en la República Dominicana.

Los sacerdotes, ni los ministros de ninguna religión tienen “patente de corso” para colocarse por encima de la ley.

A todos sin excepción se nos debe juzgar con la misma vara.

Todos estamos obligados a tener buen comportamiento y a no abusar de la posición de poder y de responsabilidad que podamos tener.

Es importante que se denuncien los desafueros y las conductas delictuales imperdonables que han cometido los curas que han sido evidenciados públicamente como presuntos delincuentes.

Ojalá y efectivamente sean investigados, perseguidos judicialmente y condenados y que el pueblo sienta que no hay delincuentes favoritos. Que los vea en la cárcel como hoy se encuentra aquél diácono que abusó sexualmente de tantos niños indefensos y que fue juzgado y condenado años atrás, tan sólo por ser el autor intelectual del brutal asesinato de una pareja de jóvenes.

Es importante que termine el silencio cómplice y la impunidad.

El Estado dominicano debe perseguir la acción contra los dos presuntos delincuentes que han conmocionado la conciencia nacional, el cura polaco Wojciech Gil (Alberto) y el representante del Vaticano, exnuncio Jozéf Wesoloswki y los demás curas denunciados por pederastia y abuso sexual.

La República Dominicana no debe seguir siendo guarida de pedófilos. Tenemos que dar una lucha sin cuartel contra los pederastas. De manera que los que quedan dentro de La Iglesia o en cualquier lugar del país estén advertidos.

No creo que nadie esté ejerciendo una persecución contra La Iglesia. Tan solo se reclama que se persiga a los sacerdotes pederastas que ya están evidenciados y de los cuales hay testimonios y pruebas incontestables.

Se pide que no haya impunidad porque todos somos iguales ante la ley y porque queremos evitar más casos de pederastia.

Se pide que no desviemos el objetivo central del problema.

Se pide a La Iglesia nobleza y humildad ante un pueblo que cree en Dios y que ha confiado sus hijos, su familia y su vida espiritual, en sus sacerdotes.

Se solicita a La Iglesia que con sumisión pida perdón por los abusos que han cometido delincuentes que se han anidado en su interior y que se evidencie una manifiesta decisión de no apañarlos ni dejar la impresión de que se les protege. La imagen de la iglesia en estos momentos está ensombrecida. Es mejor enfrentar el problema de cara al sol y llamar pan al pan y vino al vino. La verdad es revolucionaria. Con la verdad se sanan heridas y se levantan muertos.

Siempre he creído que Dios quiere que seamos sinceros y humildes y que digamos la verdad y sobre todo, que el que ha causado daño sea sancionado.

Posiblemente haya que tomar la cruz.

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