Existen marcas tan emblemáticas que llegan a convertirse en “marca país”, generando un orgullo entre sus consumidores que evidencian su lealtad de forma constante al preferir su producto ante cualquier competencia ofertada en el mercado. Y no solo marcas, también empresas cuyas trayectorias han tenido algún impacto en el desarrollo económico, comercial y social de una nación. En nuestro país tenemos ejemplos de sobra tanto de uno como del otro. Contamos con marcas que nos representan a nivel internacional y que son parte de la experiencia del turista cuando nos visita; por otro lado, contamos con empresas insignia que generan empleo, mueven la economía y aportan a la sociedad.

En mis artículos anteriores he venido tratando temas sobre el negocio del retail, la importancia de la ética y la transparencia en las empresas, la necesidad de los acuerdos entre accionistas, la importancia de mantener la visión y los valores de los fundadores en los negocios familiares, y en mi más reciente artículo vimos los éxitos de las grandes empresas de retail a nivel mundial. Pero así como debemos intentar emular las grandes conquistas de algunos, también debemos aprender de los errores de otros.

Demandas, pugnas y sentencias. Una importante lucha de poderes y una evidente falta de visión impera en la relación de quienes deberían hoy estar trabajando para continuar el legado que fue puesto en sus manos.

En esta ocasión quiero citar un caso en específico de una gran empresa, que inició como un pequeño negocio familiar hace tiempo atrás y que con los años ha alcanzado un rotundo liderazgo en el sector de retail. Sin embargo, hoy se enfrenta ante una severa crisis interna debido a una lucha de poderes entre sus accionistas (primos), poniendo en juego décadas de trabajo, esfuerzo y sacrificio de personas que un día emprendieron en armonía un proyecto, un sueño, una visión. Este es el caso de la reconocida empresa española El Corte Inglés.

El Corte Inglés es una empresa, hoy marca país, que empezó como una pequeña sastrería en el corazón de Madrid en 1890, la cual fue evolucionando hasta convertirse en una compañía de 100,000 empleados directos y muchos otros miles indirectos, y generando ingresos por más de 15 mil millones de euros al año. No es necesario siquiera mencionar el impacto que tiene esta empresa dentro del plano económico y social de España, y lo que representaría su desaparición.

La empresa está actualmente en manos de los descendientes de Isidoro Álvarez, un astuto y visionario empresario que logró el crecimiento y la expansión de El Corte Inglés hasta convertirla en lo que es hoy día. Tras su fallecimiento en el 2014, Dimas Gimeno Álvarez, su sobrino, asumió la presidencia de la empresa (ya que así lo deseó su tío), y sus hijas Marta y Cristina Álvarez, entran como miembros del consejo siendo las accionistas mayoritarias.

A tan solo cuatro años del fallecimiento de Isidoro Álvarez, los conflictos entre los primos han alcanzado niveles preocupantes para el futuro de la empresa. Demandas, pugnas y sentencias. Una importante lucha de poderes y una evidente falta de visión impera en la relación de quienes deberían hoy estar trabajando para continuar el legado que fue puesto en sus manos. Las informaciones que podemos leer en los diarios españoles nos dejan entrever algunos aspectos de lo que he estado comentando en mis artículos anteriormente, como el abuso de poder por mayoría accionaria, falta de un acuerdo entre accionistas, falta de ética y de transparencia, transacciones entre empresas vinculadas sin concurso, entre otros males de los que no están exentas algunas empresas familiares ni en España, ni en República Dominicana, ni en ninguna parte del mundo.

A esto se suma un nuevo factor que han dado a conocer las noticias y es la corrupción corporativa, ya que actualmente uno de los principales ejecutivos de El Corte Inglés está siendo investigado por haber adjudicado cientos de millones de euros a la empresa de un familiar a través de contratos exclusivos, precios sobrevaluados e implantación de sistemas con sobrecostes del 300%. Este es un tema sumamente delicado, pero tristemente común en algunas empresas.

El Corte Inglés fue líder absoluto en las ventas del comercio español durante muchos años, pero durante la última década fue superado por la Mercadona, exitosa cadena de supermercados de origen valenciano, liderada por Juan Roig, que cuenta con más de 1,600 establecimientos y casi 80,000 colaboradores en toda España. Si bien el Corte Inglés sigue siendo el líder en el formato de tiendas por departamento, tiene una fuerte competencia sobre todo en los Hipermercados y Supermercados donde, aparte de Mercadona, también Carrefour, Día y Eroski suman una importante cuota del mercado. Estos competidores serán los mayores beneficiados si el conflicto entre los accionistas de El Corte Inglés se prolonga.

La situación por la cual atraviesa El Corte Inglés es un importante material de estudio para toda empresa familiar en cualquier parte del mundo y debe llamar a la reflexión, tanto de los accionistas como de las autoridades, para tomar las medidas necesarias que puedan evitar a toda costa repetir sucesos como estos que ponen en juego la reputación de una marca, el patrimonio familiar, los empleos de miles de trabajadores y hasta la economía de un país.

Las reglas del buen gobierno corporativo son imprescindibles hoy día no solo para mejorar la transparencia y rendición de cuentas, las relaciones entre accionistas y terceros, sino para evitar cualquier conflicto de interés. No se debe distinguir entre intereses mayoritarios y minoritarios en una empresa, pues lo que debe primar es el interés común por encima de los intereses particulares.

Ojalá y esta familia pueda sentarse en la mesa del diálogo y lograr un acuerdo amistoso que beneficie a todas las partes involucradas, donde prime la justicia, la transparencia y el respeto. Como diría mi padre, don Jesús Ramos Uría: “Los mayores desafíos de las empresas familiares siempre son internos.”