Paradigmas

Ante el Día Mundial de la Filosofía

En este Día Mundial de la Filosofía, que celebramos cada tercer jueves de noviembre, visibilizamos la necesidad de una actividad milenaria e imprescindible.

Por Leonardo Díaz

En una de las obras clásicas de Platón, Teeteto,el personaje de Sócrates compara la tarea que ejerce en el foro público de Atenas (la filosofía) con el oficio de la comadrona. Igual que la partera no puede dar a luz, pero ayuda a las mujeres a que puedan alumbrar, él no puede producir nuevas ideas, pero ayuda a los jóvenes a generarlas.

La analogía es interesante porque nos da una indicación bastante adecuada sobre la caracterización e importancia de la filosofía. Esta no es una experticia que produce descubrimientos cognoscitivos, como acontece con la física o la biología, sino una actividad dialógica en la que el filósofo incita a la reflexión que permite repensar los problemas interpretados de una determinada manera sobre la base de los prejuicios de una determinada cultura o tradición.

Esa tarea es tan urgente hoy como lo fue hace veinticinco siglos, porque el desarrollo de la cultura científico tecnológica incorporado a un modelo económico globalizado de competitividad y productividad no deja tiempo para reflexionar y reorientar nuestra mirada sobre los supuestos y las posibles implicaciones dañinas para el futuro de las sociedades democráticas.

En este Día Mundial de la Filosofía, que celebramos cada tercer jueves de noviembre, visibilizamos la necesidad de una actividad milenaria e imprescindible para replantear nuestros puntos de vista, nuestras creencias y los supuestos que orientan nuestras vidas.

Como señaló Michael Sandel en su famoso curso sobre la justicia impartido por años en la Universidad de Harvard: “la filosofía funciona tomando lo que ya sabemos en escenarios familiares y luego volviéndolos extraños… nos desacostumbra de lo familiar pero no por medio de suministrar nueva información sino por medio de invitarnos y provocarnos una nueva forma de ver”. (https://www.youtube.com/watch?v=GeHcXYQcXXo).

Hoy, como hace veinticinco siglos, un futuro prometedor depende mucho menos de nuestra habilidad para ser partícipes de una realidad compuesta de avatares, que de nuestra capacidad para cuestionar nuestro mundo y examinar nuestras vidas una y otra vez

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