I.- El proceder del momento

1.- Cuando el ser humano se encuentra  en  estado de malestar anímico causado por inestabilidad emocional,  debe sacar ánimo para superar la angustia y alcanzar la tranquilidad espiritual. Logramos los sentimientos gratos impulsando todo aquello que desde lo más profundo de  nuestros corazones nos mueve alegría.

2.- Debemos vencer las contrariedades que nos traen dificultades con decisiones que  sean el resultado de nuestro ferviente deseo de vivir rebosantes de felicidad. Nada debe quitarnos las aspiraciones de conservar la ternura que nos caracteriza como grupo humano formado para llevar a los demás expresiones de cariño.

3.-  Nuestro pueblo ha demostrado en todo el curso de su  historia  que lo que para otros es miedo grande,  a nosotros nos motiva serenidad. Estamos formados en  la alegría y arrojo,  en la bravura y el amor, en la gallardía y la mutua comprensión para llevar intrepidez allí donde hay riesgo de que algo ocurra.

II.- Algunas ideas para asimilar

4.- Sin importar su naturaleza, ningún acontecimiento debe quitar a las dominicanas y a los dominicanos la seguridad de que vamos a salir adelante con el convencimiento que estamos formados para bregar y vencer.                   

5.- Hay que cambiar el sentido de aversión y repugnancia, por el de amor, afecto, cariño, comprensión y tolerancia. En nosotros la parte fea de la conducta humana no debe predominar sobre lo hermoso que podemos dar como seres humanos.

6.- Se impone sacar de nuestro cerebro todo lo que resulte ofensivo, repelente y fastidioso. Las diferencias de opiniones no deben llevarnos a permanecer armados para destruir al adversario con rabia, agrediéndole con calificativos de  herir y difamar.

7.- Se hace necesario motivar a los nuestros para que hagan suya la idea de la tolerancia; suscitar la consideración y el respeto mutuo; incentivar la condescendencia; impulsar la flexibilidad ante la ilusión de resolver los conflictos por medio de acciones de sangre. Hay que eliminar la motivación que nos guía a querer destruir a los demás por medio del chisme, la difamación y las palabras hirientes. 

8.- Debemos estar preparados para comportarnos con cariño, ser amables y mimosos, sabiendo que  lo áspero, desagradable y brusco nos hace ver ante los demás como personas indeseables, agrias, de mal vivir y peor trato. Podemos exhibir delicadeza, decente compostura y demostrar que estamos formados como pueblo solidario para humanizar a los nuestros con el ejemplo, transmitiéndoles  afectos y calor humano. 

9.- Con las buenas actuaciones probamos que estamos en condiciones de eliminar el odio y con él el miedo, la sicosis de pánico y el estado de horror. Es posible desechar el espanto y dejar fuera de nuestro medio el susto.  

10.- Si los dominicanos y las dominicanas ponemos de nuestra parte de seguro que logramos cambiar la agresividad, la violencia y la provocación por el sano trato y el lenguaje bonito, y dejaríamos así  de ser provocadores, buscabroncas, bravucones y estimuladores de camorras, excitadores de pleitos y sugerentes de discordias.

11.- Se hace necesario esforzarnos para que en el país  no siga estableciéndose como norma de vida la disensión innecesaria, la desconcordia provocada y el disentimiento sin sentido. La conducta de andar dándole a la lengua,  sacando de sus cabales al adversario, lo único que conduce es al debate estéril, al altercado y al pugilato infecundo.  

12.- Debemos razonar en el sentido de que el momento no es para agraviar a los demás haciéndoles sentir mal en su persona y a los suyos. Al perjudicar lesionando nos hacemos daño a la vez que debilitamos nuestra propia persona.

13.- La tranquilidad espiritual que necesitamos y merecemos la vamos a lograr unificando las buenas voluntades que son las que eliminan de la mente los insultos, las calumnias y los ultrajes. 

14.- Por muy tormentoso  que se presente el ambiente, la persona sensible no debe caer en resabios  que lo que hacen es transmitir pesares y llevar a los demás malos momentos.

15.-  Es propicia la ocasión para poner por  delante los bríos, el ardor que siempre hemos puesto de manifiesto para resistir y triunfar. La coyuntura  actual es para demostrar que somos animosos; que el optimismo de que estamos formados no nos permite dejarnos ver como pesimistas, vacilantes ni mucho menos atribulados por el coronavirus.