Ustedes me van a perdonar si me atrevo, desde mi particular y apartidista punto de vista, a hacer un análisis bastante pedestre de los aspirantes a próxima silla del 2020, ahora que los candidatos se están lanzando a las calles a pedir la clásica limosna de los votos por tantos sitios de sus moradores aún piden limosna para sobrevivir.

Vamos primero con Danilo, que siempre se hace el tímido, el estrecho, el modesto, como el que no quiere la cosa, pero está atento a que haya una rendija por donde colarse a la presidencia en caso de que sus típicos globos sondas lanzados al respecto le sean favorables. Una tercera banda de lado a lado del pecho le caería como anillo al dedo, y si hay que proclamarlo porque así lo quiere el maravillado y maravilloso pueblo, basta con retocar e incluso no tocar la constitución, no hay problema, pan comido, mucha encuesta, mucha publicidad y muchas bocinas pagadas en los medios.

Danilo tiene de positivo, sus obras, cantidad de hospitales, cantidad de escuelas, la continuación del metro, los teleféricos, la terminal de estaciones de autobuses, la llamada revolución cultural, una campaña publicitaria constante e intensa… y negativo la pasividad y la impunidad frente la corrupción que ha salpicado tantas veces durante su mandato, y sobre todo, con los miembros de su partido. Si logra esta otra oportunidad tiene las mayores probabilidades de ser le próximo presidente.

Seguimos con Leonel, para muchos ciudadanos de a pie, y aún montados en carro, es un paradigma de la corrupción dominicana, con una Sun Land que todavía ronda sobre su cabeza,  y de un cinismo político nunca antes visto, demostrado durante muchos años de su reinado ya que siempre se creyó un príncipe viajero de la política a nivel local e internacional. Sus logros sociales como la reducción de la pobreza, el analfabetismo, y otros no menos importantes, que es lo que en verdad cuenta de un gobernante, fueron prácticamente nulos y en algunos casos hasta retrocedieron.

Con las declaraciones de Quirino, supuestas o verdaderas y todavía  muy frescas en las mentes de los ciudadanos, su imagen ha quedado aún más deteriorada, pero con su labia y su habilidad, hay que reconocérselas, el expediente de dos millones de firmitas, y un buen paquete de millones de pesos o mejor dólares como combustible electoral, tiene sus posibilidades, sobre todo porque en este país cualquier posibilidad, por imposible que sea, es posible.

Continuamos con Hipólito, nuestro papá que nos cuida y nos trae la comida y tantos regalos a casa, al que tanto le gustó ¨el carguito¨, no aporta la sangre nueva para la renovación que se necesita de manera urgente para modernizar todo el sistema político, económico y social de la nación, con casi o con los ochenta años cumplidos en caso de que se terciara la ñoña por segunda vez.

Se supone, por inferencia, que repetirá el estilo tan peculiar y popular de gobierno, con las yucas que ¨estrallan¨ la tierra,  la desorientación de los cambios de horarios, y de seguro otras ¨anécdotas¨ por el estilo que más pertenecen a principios del siglo pasado que a los de este que está corriendo. Hay dirigentes que nunca quieren parquearse y, paradójicamente, en el caso de Papá, esta es una de sus mejores cualidades, la técnica de los feos, la insistencia.

De Miguel Vargas hay poco que decir, como pocos son los números de votantes que pudieran favorecerle en los sondeos realizados hasta el momento, empresario privado exitoso, pero como aspirante a la presidencia no parece tener muchas posibilidades. Lo dejamos ahí.

De Abinader, es un buen político, tal vez demasiado clásico, con un estilo muy a lo dominicano, pero a juico de muchos le falta más presencia física en la capital pues parece que aún está en Santiago, su plataforma de comunicación con las masas es baja e intermitente, un mensaje de posicionamiento poco claro, y le falta el carisma y el empuje necesarios que los dominicanos exigen para ser presidente, tiene a su favor el voto duro del PRM, que siempre es muy duro, tan duro que puede dar sorpresas, y las alianzas que consiga con los aliados chiquitos puede ser decisivas.

Del PRSC, los reformistas que no se reforman de su persecución de cargos de los partidos ganadores, por ahora y al parecer por mucho tiempo, y por más que digan que se renuevan con estrategias para su crecimiento, están desaparecidos de la palestra electoral.

De los restantes aspirantes, Pared Pérez,  Carlos Peña, Amarante Baret y otros, junto a los demás y eternos aspirante de los partidos minoritarios, son parte de la necesaria coreografía electoral para dar la impresión de que en el país hay muchas opciones de liderazgo y sana democracia, pero fuera de que se les otorgue o mantenga determinadas ventajas materiales, o algún puesto en en el tren oficial, no tienen nada que hacer.

El candidato ideal tal vez esté en el jardín de infancia, en la primaria, o fajado iniciando alguna  pero por el momento no se ven los prospectos con las cualidades requeridas para llevar un país con tantos lastres hacia al camino de la modernización y globalización que necesitamos como agua  de mayo y que, además, sea trabajador, honesto, y transparente. Y es una lástima porque entre los y las jóvenes de aquí hay verdaderos talentos que pueden triunfar en política. Mientras tanto y tal vez si buscamos por Marte o Júpiter…