La esquina del buen ambiente

Alimentos ¿Derecho humano o mercancía?

Por Carlos M. García Cartagena

El 16 de noviembre de 1974, en el marco de la Conferencia Mundial de la Alimentación, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración universal sobre la erradicación del hambre y la malnutrición consagrando la alimentación como un derecho humano y universal de primer orden.

“Todos los hombres, mujeres y niños tienen el derecho inalienable a no padecer de hambre y malnutrición a fin de poder desarrollarse plenamente y conservar sus capacidades físicas y mentales.”  No obstante, este derecho es violado amplia y constantemente. En el mundo mueren de hambre más de 25.000 personas cada día y una de cada siete está desnutrida.

La situación es tan trágica y vergonzosa, que el primero de los ocho objetivos del milenio plantea luchar contra la pobreza extrema y el hambre. Lo paradójico es que según expertos[1] la agricultura mundial podría alimentar a 12.000 millones de seres humanos. Dicho de otro modo, el problema del hambre y la desnutrición no se deben en modo alguno a la sobrepoblación.

El verdadero problema es que el derecho a la alimentación constituye una ruptura con el sistema de mercado. La producción, la distribución y el transporte de alimentos dependen de un reducido grupo de empresas multinacionales del sector agroalimentario y financiero que fijan sus precios a través del libre juego de la oferta y la demanda y cuyo propósito es el beneficio financiero.

Mientras la alimentación dependa de contratos a plazos y otras variables basadas en la especulación financiera, los intereses del capital estarán por encima de los intereses de las personas y la situación solo irá a peor.

Para acabar con el hambre, la distribución de alimentos no puede depender exclusivamente de factores de mercado que solo buscan beneficios a corto plazo; No obstante, el FMI, el Banco Mundial, la OMC y las oligarquías multinacionales hacen frente común a favor del funcionamiento de un mercado financiero lo más eficaz y libre posible.

En teoría, los mercados deberían funcionar de modo eficaz y eficiente asignando bienes y servicios para la satisfacción de necesidades de las personas; pero el afán de lucro y la competencia, hacen que esta asignación no sea ni justa ni equitativa.

El acceso al conocimiento, al poder y al capital son asimétricos. Demasiadas personas quedan excluidas y en consecuencia tienen una participación limitada en la actividad económica generando un número creciente de víctimas y marginados del mercado.  Esta es la realidad que debemos cambiar.

Bibliografía:

FAO (n/d) How to feed the world in 2050. Recuperado el 08 de agosto de 2013 de  http://www.fao.org/fileadmin/templates/wsfs/docs/expert_paper/How_to_Feed_the_World_in_2050.pdf

García Cartagena C. (31 de agosto de 2012) El bien común, la economía del futuro o el futuro de la economía.  La esquina del buen ambiente. Recuperado el 11 de agosto de 2013 de http://buen-ambiente.blogspot.com/2012/11/fallas-del-mercado.html

García Cartagena C. (16 de diciembre de 2012) Fallas del mercado.  La esquina del buen ambiente. Recuperado el 11 de agosto de 2013 de http://buen-ambiente.blogspot.com/2012/11/fallas-del-mercado.html

García Cartagena C. (22 de marzo de 2013) Seguridad o soberanía.  La esquina del buen ambiente. Recuperado el 11 de agosto de 2013 de http://buen-ambiente.blogspot.com/2013/03/seguridad-o-soberania.html

Ziegler J. (01.11.2001) La esquizofrenia de Naciones Unidas: Una lucha sin medios contra el hambre. AITHNE.NET Recuperado el 09 de agosto de 2013 de http://www.aithne.net/index.php?e=news&id=201&lang=6

Ziegler J. (n/d) Derecho a la alimentación. Recuperado el 11 de agosto de 2013 de http://archive.org/details/DerechoALaAlimentacion


[1] Jean Ziegler; escritor, profesor de la Universidad de Ginebra, relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, autor de El hambre en el mundo explicada a mi hijo, Seuil, Paris, 2000

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