Todo análisis político debe girar en torno al poder y la manera en que una sociedad se articula en la tensión entre los diversos actores, externos e internos, que ejercen cuotas de poder sobre el todo que constituye una sociedad. Las agendas de las clases sociales, el accionar de los partidos políticos, los intereses económicos, las presiones geopolíticas y hasta los llamados poderes fácticos deben ser considerados para un mapa presente y futuro de la evolución política de un pueblo.
La situación en Haití lleva más de un año deteriorándose en la medida que el gobierno pierden fuerza y las diversas instancias del Estado agotan su legitimidad. El control territorial lo perdió el gobierno haitiano hace tiempo y no existe ningún servicio público que pueda ser garantizado para toda la población. Con la pandemia quedó al descubierto que Haití no tiene autoridades capaces de garantizar un mínimo de salud para todos sus ciudadanos y ciudadanas. A la vista de unas elecciones que nadie considera posible porque no existe organización electoral mínima, ni la capacidad de hacer activismo político, salvo el autorizado por las pandillas, ocurre el asesinato del presidente.
Los motivos por lo que fue asesinado Jovenel Moïse todavía no han sido develados. Es menester sistematizar quienes son los beneficiarios y quienes los perjudicados con ese magnicidio. La lista de potenciales patrocinadores la van armando actores con intereses muy fuertes de seguir explotando al pueblo de Haití. La lucha por el poder todavía no comienza de lleno, aunque Estados Unidos reconoció a Claude Joseph, quien había sido destituido por Moïse, como interlocutor legítimo por el Estado haitiano. Hay que esperar si Ariel Henry, el designado antes de la muerte del presidente como primer ministro, tiene fuerzas para enfrentar a Joseph. No hay que ser un genio para notar que Joseph es un beneficiario de primera línea de la muerte de Moïse y Henry un gran perjudicado.
El gobierno colombiano ha seguido el guion haitiano sobre sus connacionales, pero ya hay demasiadas contradicciones para seguir fortaleciendo la historia. No es cierto que un “comando profesional” contratado para ejecutar un magnicidio carece de plan de escape y se queda rondando en la escena del crimen. La frontera dominicana está a 50 kilómetros del lugar del crimen y se puede cruzar en miles de puntos sin que las autoridades dominicanas lo noten. Otra opción era embarcarse en la misma costa de Puerto Príncipe, a menos de media hora desde el lugar del atentado. Para más dudas. La forma que mataron al presidente de Haití no corresponde con sicarios, ni mercenarios, hay saña y eso conduce a temas personales o patrones culturales haitianos.
El caso cubano, que se activó en el pasado fin de semana, demanda otras consideraciones.
Con Cuba es insensato olvidar el embargo para un análisis. Esa penalidad totalmente ilegal en el orden internacional y que en todas las votaciones de la ONU ha prevalecido la repulsa de más del 96%, de los países miembros, ha demostrado su total inutilidad y generadora de un sufrimiento brutal sobre el pueblo cubano. Vietnam, que logro su independencia derrotando a los Estados Unidos, mandando en ataúdes a su país a más de 50 mil norteamericanos y consumiendo miles de millones de dólares de los contribuyentes norteamericanos, hoy es un aliado estratégico del Estado norteamericano. El caso cubano únicamente se explica por la estupidez de una buena parte de la política internacional de los Estados Unidos y el rencor alimentado por una parte del exilio cubano que vive de ese bloqueo.
Pero el bloqueo no es toda la historia. La revolución cubana no ha hecho lo debido para favorecer la producción básica y crear un mercado local, en gran medida porque siempre ha tenido un padrino que le alimenta de recursos para cubrir su déficit, en su momento la Unión Soviética y luego Venezuela. Dudo que anden buscando uno nuevo porque el mercado de padrinos está cerrado. Los chinos y los vietnamitas vieron con antelación que debían hacer reformas económicas que brindara bienestar a sus pueblos y que las demandas políticas podían esperar. Cuba sigue atrapada en una ortodoxia política y económica que no le garantiza a su pueblo bienestar, y apuestan en el fin del bloqueo norteamericano la superación de la crisis. Eso es políticamente insensato, ya que es colocar la solución en manos del enemigo.
Si el gobierno de Cuba no integra la oposición en el seno de la sociedad y los debates de Estado, corre el riesgo de que crezca la oposición intervencionista y conduzca a escenarios de violencia. El liderazgo de Fidel invirtió su prestigio moral y político en mantener un régimen monolítico sin oposición interna. Eso ya no es posible. En el seno del modelo político deben crearse espacios para que la disidencia social encuentre espacios de ejercicio político apoyándose en el modelo revolucionario, eso generaría lealtad. De no hacerlo todas las expresiones de protesta terminarán militando en contra de la existencia del actual modelo, es decir, cuestionarían la revolución.
El régimen cubano debe hacer modificaciones substanciales en su modelo económico que garantice mayor producción de bienes, al menos de alimentación, y mecanismos generalizados de autonomía personal en la producción, controlado mediante impuestos el enriquecimiento, para que los jóvenes cubanos encuentren en su tierra posibilidades para su desarrollo personal.
No es un debate ideológico, hasta el momento, es un asunto de poder comer y poder disentir en el seno de la sociedad, usando las instancias del Estado. O comienzan las reformas económicas y políticas de inmediato, o sucumbirá la revolución.