La violencia de género en la República Dominicana, no entiende de clase social ni de grado educacional, es una aguda problemática de alta sensibilidad humana y social que afecta a nuestra sociedad y que merece atención urgente. Analizo algunas de las múltiples causas socioculturales.

La violencia contra la mujer en nuestro país, es una conducta desviada del tipo social hombre dominicano -miles de excepciones aplican, felizmente-. De las causas raigales está, dos fuerzas antagónicas: de un lado, una mujer dominicana, sobre todo joven, que se incorpora al estudio, trabaja y participa activamente en la vida social, y tiene otras perspectivas mentales, frente a un hombre que trae un machismo como modelo de pensamiento y de conducta, canon trasmitido generación tras generación, inculcado no solo por el modelo del padre machista-autoritario, sino por la actitud sumisa de una madre que desde su rol de “mujer para el hogar”, ve con buenos ojos, apoya y trasmite a sus hijos, patrones educativos machistas. Esta situación antagónica se ve aderezada por niveles bajos de educación, y cuando digo de educación no solo me refiero a la académica, sino a la influencia educativa social que deben ejercer los medios de difusión que publica lo que “vende” y no lo que necesita nuestro pueblo para su educación y reconocimiento lo ético, estético-cultural, deportivo, científico, medioambiental, entre otras dimensiones.

A este gran sancocho sociocultural causal, le hemos de incorporar la imposición en el imaginario social del patrón del hombre-jefe, en el que tienen responsabilidad los repetidos períodos dictatoriales que ha sufrido la historia nacional. Quedan sus huellas en el subconsciente social: el Jefe de familia, la autoridad mayor a quien hay que rendir pleitesía y todo se subordina a su decisión.

No podemos subestimar el impacto negativo de algunos productos de las industrias culturales: las letras de la mayoría de los reggaetón y dembow, las películas de acción, vídeos juegos que enseñan a nuestros hijos a matar desde temprana edad, y otros que imponen paradigmas de reacciones y de comportamiento violentos.

En este asunto, respeto las buenas intenciones de la Ministra de la Mujer y de su valioso equipo pero, considero que no debieran ser las Casas de Acogida las que resguarden a las mujeres víctima de la violencia, porque así las descontextualizamos de su entorno laboral, social y afectivo, las separamos de sus hijos, familia y entorno, cuando más apoyo necesita, no es a  ella a la hay que apartar: no! sino al hombre violento. Llenemos nuestras provincias de Centros de Reeducación para hombres violentos, es a ellos a los que hay que enseñar, reeducar  y/o penalizar.

Están  muy bien las proyecciones del PLANEG II, pero nos siguen arrancando vidas de nuestras mujeres en los barrios, con todos los traumas que esto conlleva para sus hijos, familia y sociedad. Nos la matan delante de nuestros ojos esos “hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis (…) Pues para qué nos espantáis de la culpa que tenéis” Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

Urge un Plan de Acción, no hecho por asesores extranjeros que ni sienten ni padecen nuestros problemas, sino por un equipo multidisciplinar de cientistas sociales, antropólogos, sociólogos, psiquiatras, psicólogos y otros,  para estudiar esta aguda problemática, a escala micro y macrosocial y elaborar el Plan que le urge a nuestro pueblo, a la República que llora a sus hijas, hoy 25 de noviembre; a las valerosas hermanas, líderes patrióticas, a las que Trujillo mató, y a las valiosas y aportativas dominicanas de hoy, a quienes quizás, también, la sombra fantasmagórica trujillesca, nos las han llevado.