Opinión

Alcoholismo como religión

Por Enmanuel Peña

La inercia es un asunto de empatía pero nadie quiere oír de física en ensayos de “opinión”. Y sin embargo la Bienal está colmada de experimentos de óptica sin ningún mensaje que trasmitir; está rellena, eso sí, de sexualidades mal curadas y absurdos museográficos. Una total falta de respeto al bello y funcionalmente europeo edifico donde se presenta la muestra.

A un amigo le preguntaba que si no le daba vergüenza ver su obra en el tercer piso (donde estaba la exposición permanente) rodeada de tanta basura. Vomitaré ante ustedes hermanos la depresión que es el MAM  y es que nadie entiende cómo, en el concurso de artes visuales más importante del país, se exhiben obras con francos descuidos anatómicos (por decir poco). Ney D. Enríquez pasó años estudiando la técnica para poder recomponer la realidad, traducirla para nosotros los cortos de vista y mostrarnos lo visceral y grotescos que somos en lo cotidiano.

Un centenar de profesores y amigos me han dicho: Uno no puede venir a romper sin antes conocer la estructura, la técnica, o peor creerse innovador por no investigar quién lo hizo antes. Miguel de Camps me hablaba en días pasados de la “disciplina” como parte vital de la creación artística y yo creo que alguien debería hablarle de eso al jurado de la bienal, a los que estudian bellas artes, alguien debería hablarle de eso a alguien… por lo menos. En todas las artes, espero que no pase en arquitectura o en música, muchos nobeles se lanzan a volar en el vasto universo de su ego y más na´.

En la literatura dominicana todos corren a publicar, se apresuran al vacío deseosos de aprender de la forma más rápida y difícil. Hay unos pocos que se toman el tiempo de estudiar y cultivar la estructura narrativa, en prosa o en verso, y vale la pena notar sus avances. Vale la pena reconocer a los estudiosos por encima de los escritores de ocasión (aunque por ocasión se hayan consagrado).

“Brevísimos Cuentos de Espanto” de, me honra decirlo, mi amigo Vicente Pichardo es un buen ejemplo (y la razón) de lo antes hablado. Un libro que en apariencia tiene rasgos experimentales pero que está asentado en un estudio de las técnicas literarias (y es a fin de cuentas un estudio). Tomando como referente los dos extremos elegiré como ejemplo uno que me gusta y uno que no. El que no me gusta es “Soy como mi E-mail” un cuento a simple vista experimental pero que puede dar cátedra de titulación y del poder de síntesis que exige la microficción y el género terror. Está demás decir que en todo el libro los títulos completan y/o dan sentido a cada texto. El otro ejemplo se los presto completo, a condición de que me lo devuelvan:

“La fobia

“Veía miles de arañas paseándose por todo su cuerpo, gritaba, saltó de la cama y tomó un bate de béisbol, las golpeó hasta que todas desaparecieron. Su esposa entró asustada por los ruidos que él había causado. Empezó a ver en ella una araña de gran tamaño.”

Como en la bienal a uno también le da por preferir a sus amigos. Lo penoso es que por contratos sociales ciertas figuras públicas no puedan reconocer que lo hacen, si fuera así nos evitaríamos muchos malos ratos, muchas vergüenzas y muchas obras mediocres.

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