Sea como sea, en el año 2013 la economía dominicana experimentará un fuerte ajuste fiscal, bien sea por medio de una reducción del gasto público o un incremento de impuestos, o bien una razonable combinación de ambos elementos, que es lo más probable. Todo ajuste fiscal reduce la demanda agregada de la economía, generando efectos recesivos.
Mucho se ha estado discutiendo entre los economistas dominicanos en estos días sobre dicha materia. Normalmente los economistas gubernamentales han puesto sobre la mesa el riesgo que supondría una sensible disminución del gasto público para mantener el actual nivel de actividades económicas, mientras los ubicados del otro lado, al igual que muchos grupos empresariales, ponen el acento en el impacto recesivo de un paquete dirigido a incrementar los impuestos.
Visto desde la óptica del análisis macroeconómico, ambos tienen razón. Sea por un lado o por el otro, se estaría frenando la demanda agregada, lo que repercute sobre el nivel del producto y el empleo. Por tanto, la discusión de si era más conveniente bajar gastos o subir impuestos debería ser canalizada por otras vías, más que la del ciclo económico.
De hecho, fuera de la República Dominicana (e incluso dentro) algunos economistas entienden que lo correcto es no hacer ningún ajuste fiscal, ni con más impuestos ni con menos gastos, sino mantener el desequilibrio. Esa es, por ejemplo, la posición de Paul Krugman para los EUA y los países de Europa, particularmente aquellos de la periferia, que están atravesando una severa crisis, y los ajustes tienden a profundizarla. El único problema de esto es que si se postula por mantener el déficit, entonces habría que pensar en cómo financiarlo, y la preocupación de los gobiernos es si los mercados financieros están dispuestos a seguirlo haciendo, y si el nivel de la deuda que ya se tiene resistirá más incrementos.
Pero volviendo a la República Dominicana, esa discusión ha traído a colación otro tema, que deberá ser minuciosamente estudiado por los macroeconomistas: si el ajuste fiscal del 2013 tendrá efectos recesivos, entonces el desajuste del 2012 tendría que haber tenido un fuerte impacto expansivo.
Según los datos oficiales, en los primeros nueve meses del 2012 el gasto público total se incrementó en el astronómico porcentaje de 44%, habiendo subido tanto el gasto de inversión como el corriente. Si bien ese 44% es a precios corrientes, la inflación ha sido tan baja que el incremento real supera el 40%.
En cualquier economía en que el gasto público real sube a un ritmo anual de 40% se produce un incremento de la demanda agregada que se refleja, en primera instancia, en crecimiento del PIB y mucho empleo o, dependiendo de las condiciones de rigidez del aparato productivo, en mucha inflación o muchas importaciones. Ninguna de las tres cosas ha ocurrido en la República Dominicana hasta ahora, según las cifras oficiales.
El crecimiento del PIB ha sido más bajo que en años anteriores, la inflación también ha sido más baja y las importaciones también. Entonces viene la pregunta ¿a dónde fue a parar todo ese dinero que salió a las calles? Francamente, todavía no he visto una respuesta convincente, fundamentada en el análisis económico.
Porque si un incremento de tal magnitud en el gasto público no ha tenido efectos visibles en el 2012, entonces no parecería haber ningún temor al ajuste en el 2013. La verdad es que, al margen del caldeado ambiente político que se deriva de la coyuntura actual, y de las corrientes de opinión entre los economistas, este tema tendrá que merecer juiciosos análisis.
A menos que muchas de las cifras estén incorrectas. Hay gente que piensa que una parte de lo que aparece como gastado en el 2012, no es más que registro contable (y estadístico) de dinero gastado antes. Con todas las reformas institucionales realizadas a la gestión financiera pública, y la aplicación de una contabilidad por el método de lo devengado (en que el gasto se contabiliza cuando se hace, no cuando se paga), me resulta difícil creer que eso sea posible.