Desde el FMI, Banco Mundial, BID, CEPAL, OCDE, UE, banca de inversión, universidades, centros de pensamiento económico, economistas independientes, revistas especializadas, hasta renombrados articulistas a nivel mundial, se han referido a los efectos en la economía durante y después del coronavirus.

Hacen proyecciones sobre el PIB, la deuda, los déficits, la inflación, el mercado externo, la inversión extranjera, las zonas francas, el turismo, la industria, el empleo, la pobreza, el transporte, la producción de alimentos, etc. La mayoría de esas predicciones caen en la categoría de apocalípticas sin faltar las que ofrecen cifras alentadoras y demasiado optimistas.

Son los nuevos videntes, adivinos y brujos que figuran en primera página.

Vemos el caso de Republica Dominicana. Mientras el BM y Cepal estiman que el crecimiento en el 2020 será cero, el FMI dice que será -1% y economistas locales proyectan hasta un -2%, con una caída de casi 7%, con respeto al PIB del 2019.

Sobre el empleo, las cifras van desde 450 mil a 850 mil trabajadores cesantes.

Sobre el aumento de la pobreza las estimaciones oscilan entre un aumento de 5% hasta un 10%, dado que la supuesta reducción de la pobreza de la hace gala el gobierno (24% de pobres) es de una tremenda fragilidad y de una tremenda imaginación. La pobreza volverá a los niveles del 2012, muy cercana al 35%.

Sobre el turismo todos coincide sobre su estrepitoso desplome, pero algunos piensan que puede recuperarse en el último cuatrimestre y reducir la caída de los ingresos en un 40%. Eso lo dudo.

Debido a la reducción de las exportaciones, principalmente de zonas francas, compensadas en parte por el aumento en el precio del oro, con unas importaciones deprimidas ayudadas por la caída en el precio del petróleo, algunos estiman que la brecha comercial podría reducirse entre 5% y 10%.

La caída de la inversión extranjera, del turismo, de las zonas francas, de las remesas y las exportaciones reducirá la entrada de divisas entre un 30% y 40%. O sea, de US$29 mil millones recibidos en el 2019, este año caería dentro de un rango de US$17 mil a US$22 mil millones.

Esto afectaría la tasa de cambio donde algunos prevén una depreciación del peso entre un 6% y 10%.

El déficit de la cuenta corriente rondaría entre un 2.5% y 3.5% de un 1.5% registrado el año pasado.

El déficit fiscal del SPNF, según las diferentes opiniones, oscila entre un 4% y un 6.5% del PIB, de un 2.2% programado para el año. Y la deuda aumentará entre un 15% y 20% durante el 2020 respecto al 2019, casi el doble de otros años en términos relativos. 

Fíjense que he utilizado rangos muy amplios en funcione de las opiniones externadas por diferentes fuentes tantos nacionales como internacionales.

Porque todos parten de la fecha probable en que las actividades económicas se normalizaran y en eso no hay coincidencia. Unos dicen julio, otros piensan en agosto y no faltan los que extienden la fecha hasta finales de año. Y eso es muy difícil de predecir hasta para un vidente como Nostradamus.

Pero cualquiera que sea la cifra que resultará de esta pandemia, lo mas probable es que se ubique en los rangos mencionados. Y todos son realmente catastróficos sin importar la expansión monetaria y las facilidades fiscales. 

Será al próximo gobierno que le tocará enfrentar este escenario dantesco y superar en el menor tiempo posible el retroceso de 10 años que sufrirá la economía dominicana por el coronavirus. Tremendo reto bajo la presión de una población desesperada que no se tranquilizará con promesas o teorías económicas.