La historia de los pueblos es como un río interminable, discurriendo siempre hacia los confines de la eternidad, unas veces en apacible remanso y otras veces en cauce atropellado.

Cada hombre y cada mujer está llamado a realizar su aporte, pequeño o grande, cual simple arroyuelo, lluvia torrencial o manantial a gotas. Todos somos afluentes de ese gran río y de nosotros dependerá la cantidad y calidad de las aguas en donde habrán de abrevar las generaciones futuras.

De nuestros héroes, heroínas y mártires del pasado hemos recibido un inmenso caudal de aguas limpias. Ellos nos enseñaron el significado de la palabra PATRIA; las palabras SACRIFICIO, HONOR Y DIGNIDAD; la palabra JUSTICIA y la palabra LIBERTAD; la palabra SOLIDARIDAD y la palabra DEMOCRACIA.

Duarte, Sánchez y Mella eran unos jóvenes soñadores e idealistas cuando emprendieron la tarea de fundar esta República.

Luperón y los héroes de la restauración nos devolvieron la patria liberada y no reclamaron para si ningún pedestal de gloria ni trono de privilegios.

Máximo Gómez no preguntó de quien era la patria cuando su espada victoriosa condujo a Cuba hacia la libertad.

Juan Bosch construyó con palabras simples del pueblo un universo de dignidad y decoro que intentó trasplantar a toda una sociedad adormecida por treinta años de dictadura.

Caamaño y Fernández Domínguez, dos gigantes de la historia contemporánea, sacrificaron su joven carrera militar en aras de la democracia y el honor mancillado de la patria.

Mauricio Báez, el más alto estandarte de la libertad sindical, reivindicó la dignidad del trabajador humilde y su derecho al trato justo en la creación de la riqueza social.

Pedro Mir tan solo fue nuestro Poeta Nacional. El escogió las palabras más sencillas y las convirtió en discursos poéticos cargados de esperanza, rebeldía y claridad.

Patria, Minerva y María Teresa Mirabal,  heroínas sin igual, presentes por siempre en la memoria de la patria agradecida.

Salomé Ureña y Ercilia Pepín, dos mujeres realmente bellas, de alma limpia y corazón gigante, nos enseñaron la ternura inmarcesible de la patria en cada escuela.

En verdad, estas mujeres no necesitaban ser más hermosas para conquistar el corazón eterno del pueblo dominicano.

Los hombres también! Ellos solo eran fuertes, inteligentes, valerosos y honestos; pero como decía Martí: "Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria".

Por ejemplo, Juan Pablo Duarte.

Hay personas que se convierten en visionarios de acontecimientos gigantes. Duarte concibió el anhelo de construir una casa grande para todos los dominicanos; ponerle nombre, bandera y escudo al lugar común al que pertenecemos los nacidos en esta tierra. Por eso fue un gran soñador. Supo escoger los integrantes de La Trinitaria, comprometidos bajo secreto con la responsabilidad de cambiar la realidad por el porvenir soñado. A todos les impregnó con su ideal libertario y junto a ellos comenzó a construir el ancho techo de la patria. Por eso fue un creador. La causa asumida por Duarte y los trinitarios tuvo que andar por senderos rebozados de peligros y contrariedades porque los independentistas eran celosamente vigilados. Pero todos tenían la decisión de ser libres o morir y así lograron la obra de mayor dimensión en nuestra historia: la independencia de la República Dominicana. Duarte fue un emprendedor al fundar la nación,  se convirtió en padre de la patria y nos devolvió la dignidad y el honor de ser dominicanos. Ser soñador, creador y emprendedor a favor del país y la sociedad toda es el ejemplo de Duarte para que cada uno de nosotros aspire a ser como él.*

Joaquín Gerónimo

26 de Enero de 2012

___________________________

*Una de las semblanzas escritas por Avelino Stanley para la publicación del opúsculo "SER COMO ELLOS", a cargo de la SIPEN, enero 2011.