En República Dominicana, tu patria, no eres extranjero.  Eres amigo, vecino, familia, amor. Eres alguien querido, y mucho.

Aquí no eres un número, una cifra, una estadística migratoria. Eres don Fulano, doña Fulana,  la pareja de…  la mamá de…  el papá de…  la hija de… el dueño de…  el atractivo muchacho que trabaja en…  la muchacha linda que se acaba de mudar en mi urbanización.

Aquí no eres "a fucking nigger!", sino "¡una morena que está más buena…!". Siempre encuentras quien se enamore de tu “naricita de frononó” y pelee por ella; y las “jabaítas”, como yo, se ponen orondas cuando las llaman “rubias”.

Aquí,  ni aun tus jefes te valoran sólo por el número de horas trabajadas o la excelencia de tu desempeño, sino que tratan de saber quién eres por dentro.

Aprende lo que tengas que aprender, prepárate en lo que tengas que prepararte, toca las puertas que debas tocar, cambia lo que sea necesario cambiar

Si a tu carro  se le desinfla una goma,  aparecen cuatro vecinos o cuatro desconocidos para ayudarte a cambiarla.

Ante una oportunidad de empleo o de picoteo, alguien te llama para comunicártela o te envía la información por correo electrónico. Y queda quien se atreve a recomendarte.

Vivimos con el vaso medio lleno: acaso no alcanza para “resort”, pero tenemos a Güibia y a La Matica; o, cuando menos, la mesa de dominó en el patio o en la galería. Y la gente te invita a sus fiestas o actividades, hace planes contigo o arma un “can”  en tu propia casa.

Aquí no tienes que ser un fantasma consumista que vive para trabajar y trabaja para gastar todo en el "mall" o para engordar como cerdo frente al televisor.

De todo armamos “un bonche”: las elecciones, la pelota, la protesta, el matrimonio, el divorcio, el bautizo y el funeral. Llegamos a bailes y comelonas con invitación o sin ella, para aprovechar el tiempo libre que nos regala el ser el país con más días feriados de la bolita del mundo.

Cuando no hay dinero para el restaurante, le muevo  los calderos a  mamá o le caigo de paracaídas a don Jafet, el papá de Jafmary Feliz, quien hace los mejores “sancochos”  y las más deliciosas paellas. Y hasta vino, ron y cerveza me brinda, sin sugerirme que “me cantee”.

Pero, con los amigos y familiares que necesitan de mi colaboración, hago “un serrucho” aunque sea para domplines; y, si hay un solo pan, lo dividimos en partes iguales.

Me fían en el colmado, la farmacia, la ferretería, la tienda y el salón de belleza; además del ebanista, el electricista, el cerrajero, el mecánico y el herrero. Los “delivery” me traen a casa provisiones, materiales de construcción, medicamentos, pizzas y hasta espagueti a la carbonara.

Por si fuera poco,  a ti y a mí mucha gente nos ama de forma sincera; con y a pesar de nuestras vainas, caretas, poses, necedades, desubiques, engreimientos, estupideces, traumas e inseguridades; de esas horas en las que ni nosotros mismos nos soportamos.

Hasta las haitianas del mercado de pulgas conocen tu nombre y son capaces de recordar desde cuándo no has vuelto por allí; y el día en que me siento fea, un vendedor me grita: “¡Mami, se ve que haces magia con esa boca!” o aparece un adolescente que, debajo del semáforo, me manda un beso a lo Sammy Sosa: con dos deditos se  toca el pecho y los labios, robándome –literalmente– la sonrisa.

Y nos ahorramos el siquiatra: siempre hay oídos para escuchar tus problemas y bocas que terminan diciéndote: "¡No te ajores!”, “¡Pa' lante vive gente!" o "¡No le des mente al indio, que lo que mata es la flecha!";  y asientes con la cabeza,  aunque no encuentres diferencias entre el famoso indio y la dichosa flecha.

Así, en tu patria, eres una persona. Un ser con múltiples oportunidades para hacer realidad  el sueño dominicano aquí. Si no te das cuenta, comienza a percibir el entorno de manera distinta, a mirarte de forma diferente: a verte como Dios te ve.

Aprende lo que tengas que aprender, prepárate en lo que tengas que prepararte, toca las puertas que debas tocar, cambia lo que sea necesario cambiar.  República Dominicana es tu cofre de oportunidades, reclámalas y conquístalas en el nombre de Jesús.