No. Y es que no todo el mundo puede ser tan dichoso de ser yo (aunque todo es Buda). Si vamos al caso pues tampoco; a nadie le interesa un ensayo sobre el Pi en Borges o sobre la importancia de tener una hermana. No manita nadie aguanta eso, aquí es mejor escribir sobre funcionarios de tercera que de literatura. “eso no es literatura relevante” me dijo un politiquito compañero del taller que (por casualidad) andaba después pelándome las uvas para que le escribiera una paginita en Acento sobre la antología del mismo taller. Si, mira que se la escribo y solo porque al final todos somos como Chavela que es lo mismo que decir buda (son retecuatachones).
Pero da pena y vergüenza ajena, osease nada más hay que ver como están las hermanas en los clásicos cuentos de hadas (como le dicen ahora por la versión Disney sin LSD y con demasiado LCD). En Hänsel und Gretel que es el que más los hermanos son un mismo y muy machacado personaje y para el colmo absolutamente plano (uno pretende esperar más de las madres, al menos de las de por ahí donde hace frio)… Dónde carajos está el austriaco que hable de la importancia de una hermana mayor (like you) en la “salud mental”, en ser tan perfecto como yo. ¿Dónde está? Bien gracias. No, manita no, no permita la virgen.
Yo a quien quiero hacer sentir orgullosa es a mi hermana, Orli Peña, porque más allá de la vida y en lo que verdaderamente importa ella ha sido todo lo quiero llegar a ser como humano
Pues claro, ya ves que hablar de ti -que escribir de ti- es hablar de mi, porque no hay otro modo. Porque para mi (como para todos) el propio ser está ligado a ti desde el tuétano. El verdadero orgullo es decir “yo soy lo que soy porque te tengo como ideal”. Ahí están Rios, Rius y Sabina para confirmarlo. Todos los Dioses verdaderos descienden de un único ser superior que aunque no lo quieran viene a ser tu, y ya no eres el catalizador sino, y más bien, la causa. Como ahora, porque no hay mejor forma de hacer un ensayo que respondiendo abierta y directamente a la propia razón del ensayo… una conversación con una sinceridad fraterna.
Hay que ver como harta todo el mundo hablando de lo grande que es una madre, de lo importante, de lo única que es una madre, de lo olvidado y común que es un padre, de lo pueril y simplón que suele ser el que da el apellido y la casa y la comida y (porque no) la vida. Pero como todos tienen el lujo (que más que lujo es deber) de tener una madre y a veces un padre y hay que exaltarlos porque según el viejo Moi (que debe tener algunos dos años hoy en día) es el quinto mandamiento, por eso y solo por eso nadie de entre los plebeyos ni entre los señores hablan de las hermanas. Los pocos que si hablan de eso (por pura conveniencia) hablan de las hermanas como las segundas madres, o las terceras porque hasta las maestras están primero.
Sabes lo que digo (si lo sabes porque ya te lo dije) que a una hermana no hay que obedecerla y por eso esta muy por encima a una madre; el discurso de toda madre versa sobre el “yo fui que te parí, yo te traje al mundo” y el de una hermana es “todo lo que hagas ya lo hice yo hace unos días antes”. A una madre se le respeta y se le obedece, a una hermana se le admira y se le sigue con devoción. Da gusto mirarte y decir yo quiero ser como tu. “una madre es Dios a los ojos de un niño” (lo aprendi con silent hill) pero una hermana es humana, es todo lo que uno cree que puede llegar a ser y a hacer en la vida. Pasa lo mismo que con las niñas y las barbies: los padres son demasiados prefectos, demasiado infalibles, demasiados siglos de distancia.
Yo no quiero hacer orgullosos a mis padres porque son ellos los que deben hacerme (y lo hacen cada cual a su modo) sentir orgulloso a mi. Yo a quien quiero hacer sentir orgullosa es a mi hermana, Orli Peña, porque más allá de la vida y en lo que verdaderamente importa ella ha sido todo lo quiero llegar a ser como humano y más que eso porque siempre ha sido el lugar donde estoy completamente a salvo (tal vez por eso tenga complejos de madre).
No me queda más que dedicarle la primera publicación donde soy, en menos de una página, completamente yo, absolutamente desligado de cualquier yugo de realidad: la primera publicación (en papel) de un escrito de ficción que por pura casualidad será en una antología del taller TNSD (que es redundar). Y no le pido que vaya, que de por sí es pedir mucho, sino que atesore, como estoy seguro que lo hará, el ejemplar que le voy a regalar. Y si puedo pedir más le pediría que no se enorgullezca porque (como Hipólito) aun nos queda mucho por hacer. Para el publico en general aun existe Mastercard.