Parece que el expresidente Leonel Fernández le tenía guardado a la cúpula de la Organización de Estados Americanos (OEA), el expediente de cuando fue a la toma de posesión de Porfirio (Pepe) Lobo, en Honduras,  y lo abuchearon y vocearon “¡Maldito negro comunista!…”. Fue un mal rato provocado por las tensiones políticas del golpe de Estado.

Los seguidores de Pepe Lobo insultaron a Fernández porque había sido de los primeros gobernantes en denunciar el ignominioso golpe de Estado contra Manuel Zelaya, en el 2009, y pidió que Honduras fuera  sacada del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica (DR-CAFTA).

La noche del domingo 28 de junio de ese año, de forma desconsiderada, los mandos militares asaltaron el dormitorio de Zelaya y casi desnudo lo montaron en un avión y lo “tiraron” en Costa Rica.

Una vez más la OEA quedó en ridículo, desacreditada, ya que su secretario general, José Miguel Insulza, instantáneamente se trasladó a Honduras y pidió la reposición de Zelaya, sin que nadie le hiciera caso. Por el contrario, los militares reprimían, apresaban, golpeaban y asesinaban a quienes protestaban pidiendo su regreso al poder.

El depuesto presidente fue acogido en República Dominicana como exiliado político y después el presidente Fernández sirvió como negociador entre Porfirio Lobo, autoridades de Estados Unidos (acusadas de estar detrás del golpe de Estado) y el gobierno de Venezuela de Hugo Chávez, quien encabezaba una férrea campaña contra los “gorilas” golpistas.

En medio de la crisis hubo unas cuestionadas “elecciones” y ganó el partido de Pepe Lobo, quien prontamente visitó a Leonel. Parte de las negociaciones fue permitir el regreso de Zelaya a Honduras y la participación de Fernández en la toma de posesión, como forma de disminuir las tensiones.

En mis años de estudioso furibundo de la política y el  derecho internacional nunca había visto un político, con altura y elegancia sin igual, dar una “pela de lengua”,   dejando al desnudo la OEA.

Después de leer y releer el discurso de Fernández he llegado a la conclusión que lo único que le faltó decir a la cúpula de la OEA fue: ustedes son una… y no sirven para nada.

Como el doctor Fernández sabía que su discurso era muy crítico y que detallaría todas las agresiones a naciones pobres en que se ha demostrado la incompetencia de la OEA, comenzó su oratoria con las siguientes palabras:

“…Me aventuré a un acto de atrevimiento o de audacia: A hablar sobre la OEA en la propia OEA. De entrada, solicito su indulgencia. Sé que no es tarea fácil, porque debido a las históricas disputas políticas e ideológicas de la región, hablar de la OEA siempre conllevará un ineludible componente emocional”.

Desatino en Haití-RD

A continuación, reproducimos algunos fragmentos sobre el discurso del expresidente, donde toca temas que tienen que ver con Haití y República Dominicana:

“…En el caso de nuestro país, la República Dominicana, fuimos objeto de un desatino que cambió el rumbo de nuestra historia.  En efecto, luego del derrocamiento del primer gobierno electo democráticamente, en el 1963, representado por el Profesor Juan Bosch, se produjo dos años más tarde, en el 1965, un alzamiento cívico-militar, conocido en nuestro país como la Revolución de Abril de 1965, con la finalidad de producir el retorno del gobierno democrático de Juan Bosch al poder, y restablecer el orden constitucional que había sido abruptamente interrumpido.

Imbuido por el espíritu de Guerra Fría de la época, el Presidente Lyndon B. Johnson ordenó, de manera unilateral, una intervención militar norteamericana a la República Dominicana, bajo el alegato de impedir una segunda Cuba, cuando, en realidad, lo que se estaba gestando en nuestro país era la vuelta a la democracia.

Esa intervención, que violaba de manera flagrante la soberanía e integridad territorial de la República Dominicana, fue la primera de ese tipo, realizada por los Estados Unidos, desde los inicios de la política de Buen Vecino, del Presidente Franklin Delano Roosevelt, en 1933.
Con el propósito de legitimar esa acción militar unilateral de los Estados Unidos, a través de la Organización de Estados Americanos, se procuró el mecanismo de convertirla en una acción de carácter multilateral, para lo cual se constituyó por primera y única ocasión, un organismo político y militar conocido como Fuerza Interamericana de Paz.

Dado el hecho de que todas esas acciones resultaban violatorias a los principios consagrados en la Carta de la OEA sobre soberanía de los Estados y no intervención, se produjo una pérdida de confianza en la institución que perduró durante cerca de un cuarto de siglo, hasta que se produjo el fin de la Guerra Fría.

Durante la década de los 80, una serie de conflictos ocurridos en Centroamérica evidenció las dificultades de la OEA para actuar con efectividad como órgano de resolución de controversias en la región. Por ese motivo, fue necesaria la creación del grupo de Contadora como una alternativa para la búsqueda de la paz en el istmo centroamericano. Con posterioridad, se creó el Grupo de Amigos de Contadora, de donde saldría, luego, el Grupo de Río.

En Sudamérica, por su parte, se dio una situación similar durante la guerra de las Malvinas, en la que los Estados Unidos desconocieron toda la base doctrinal de su política exterior, desde los tiempos del presidente James Monroe, a principios del siglo XIX, hasta la creación del sistema interamericano en el siglo XX.

En efecto, al hacer causa común con un poder extra continental, como es el caso del Reino Unido, frente a un Estado Miembro de la Organización de Estados Americanos, como es Argentina, se estaba lanzando por la borda todos los valores y principios en que se fundamentan las relaciones interamericanas.

La OEA, como institución, fue marginada, no pudiendo cumplir su papel, conforme a su carta constitutiva, ya que el conflicto fue trasladado al Consejo de las Naciones Unidas, que se pronunció exigiendo el retiro de las tropas argentinas de las Malvinas y ordenando el cese inmediato de las hostilidades… En 1991, por ejemplo, la resolución 1080 fue invocada en el caso de Haití; en 1992 en Perú, en 1993 en Guatemala; en 1996 y 1997 en Paraguay; y en el 2000 en Ecuador.

En el caso del golpe militar en Haití contra el presidente Jean-Bertrand Arístide, la reacción de la OEA y la comunidad internacional fue rápida y contundente. Se adoptó una resolución que pedía la suspensión de las relaciones comerciales y diplomáticas con Haití.

Sin embargo, el gobierno militar ilegítimo sólo accedió a entregar el poder ante la amenaza de invasión por parte de los Estados Unidos, en 1994, lo cual fue indicio de debilidad de los mecanismos de la OEA durante la crisis. En el caso de Perú, en 1992, la Resolución 1080 fue invocada una vez más luego de que el presidente Alberto Fujimori, disolviera el Congreso, suspendiera la Constitución de 1979 y desestimara parte del Poder Judicial.

Ante esos acontecimientos, la OEA reaccionó rápidamente condenando el autogolpe. Aunque esta acción por si sola no detuvo totalmente los actos del presidente peruano, se consideró como un elemento crucial para aliviar las tensiones y restaurar la democracia tras su renuncia en el año 2000”.