¡En esta esquina...!

A Faride lo que es de Faride...

Por Manuel Salazar

Tengo la certeza absoluta de que Faride es una cristiana por convicción,  y que su vida pública y privada se rige  por los preceptos del Cristianismo originario, que tiene en la ética un componente esencial.

Faride es una dirigente política y su esfera  de actividad práctica esencial es el de la República,  la del Estado, y esta refiere a la organización política de todos  los ciudadanos, con independencia de sus creencias religiosas.

Desde el siglo primero de la Era Cristiana, quedó claramente establecida la diferencia de los ámbitos del Estado y el de la religión. "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", queda señalado en las prédicas de Jesús, según el evangelista Marcos.

Pablo y otros continuadores de Jesús fueron coherentes con esa visión,  que se mantuvo por más de 300 años,  hasta que el emperador Constantino determinó, no sin la lucha de los cristianos ortodoxos, que el Cristianismo sería religión oficial del imperio romano, decisión con la que en gran medida despojó a esa doctrina de su espíritu liberador, para ponerla al servicio del dominio imperial romano.

Desde entonces, hasta hoy, muchos cristianos convencidos, y por tanto  militantes en esa fe,  han luchado para restaurar y llevar a la práctica los principios del Cristianismo originario. América Latina ha sido un escenario importante de esos esfuerzos.

Aquella decisión del emperador Constantino abrió las compuertas para que en contextos sociales muy diferentes a los del siglo primero de la Era Cristiana, muchos religiosos devotos del Cristianismo comenzaran a participar de más en más en las actividades políticas y del Estado,   y hasta integrar  los ejércitos con todo lo que esto implica;  y por tanto,  a ser parte de la confrontación entre partes, a la que por necesidad conduce la militancia política.

Cristianos participantes en la política,  confrontan a otros cristianos,  no por motivaciones bíblicas,  sino de la política,  de poder, de Estado.

Desde el Sermón de la Montaña hasta  estos tiempos, hay un precepto cristiano, “la regla de oro”,  que no ha podido ser modificado ni eliminado en las escrituras bíblicas,  y al que se espera debe atenerse cualquier seguidor del  modelo de vida de Jesús; no importa si milita,  o no, en  política;  ni en que bando político milite ¿cuál es?   La ética.  Expresada en  la  divisa “no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti”, o planteado en positivo,  “trata a los demás como quieres que te traten a ti”;  de la que se derivan unos valores prácticos.

Decir siempre lo que se cree que  es la verdad, y esta entendida como la coherencia entre lo que se cree y lo que se hace;  y luchar por la equidad y la justicia, son derivaciones de la ética planteada por el Cristianismo. Hacer lo que se entiende es justo, es la esencia de la ética cristiana en estos tiempos, que dicho sea, no es la edad media, cuando la iglesia lo determinaba todo y el pecado, y el no pecado,  era el centro de la ética.

Faride es una cristiana que participa en política y desde aquella creencia y esta militancia, se rige por lo que entiende es verdad y justo.

Se puede discutir lo que es verdad y lo que es justo, y seguro que habrá tantas diferencias como creencias filosóficas existan.  Pero lo importante en el caso en cuestión,  es que la vida pública y privada de Faride, se ciñe a los criterios seculares establecidos en la ética cristiana.  Su labor legislativa es luz en este sentido, precisamente en un período en el que las prácticas desde la dirección principal del Estado han colmado el país de una niebla oscura y espesa. En el Congreso Nacional, ella ha sido el principal portaestandarte de lucha contra la no ética en las políticas públicas.

Por tanto, a Faride lo que es de Faride…

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