“La percepción que va a tener la población es sencillamente

que no es el gobierno que yo elegí que está haciendo política

sino es el gabinete que eligió el gobierno para hacer política”

Apolinar Veloz

 

Puede que la prédica del sábado 27 haya sido optimista y con toda seguridad ese sentimiento sea compartido por la inmensa minoría (empresarios, directores, consejeros, asesores, altos y bajos funcionarios), pero es seguro que para quienes van a tener que pagar los optimismos no les tomará mucho tiempo entender lo obvio: las deudas de los ricos siempre las pagan los pobres.

Optimista o no, la mayor importancia de estas facundias no radica solo en lo dicho, sino sobre todo en lo no dicho. También a la hora de analizar los discursos importa mucho su impacto en los actores políticos, especialmente en los partidos. Es aún demasiado pronto para esperar reacciones más allá de las elementales palabras de buena crianza que hemos escuchado y que casi siempre ocultan la incomprensión de lo que se ha dicho o la imposibilidad de reconocer que hay acuerdos, suscritos o no.

Luego de hacer las comparaciones, no hay dudas de que para los candidatos ganadores los programas son exclusivamente una herramienta electoral, nunca una carta de navegación para el gobierno. En otras palabras, incorporemos como nuevo aprendizaje que los únicos programas de gobierno con alguna credibilidad son los de los candidatos que no tenían posibilidad de ganar.

Nada más cercano a lo que está ocurriendo en República Dominicana -y a lo que va a ocurrir- que la sentencia de Carlos Menem: “Si hubiera dicho lo que iba a hacer, nadie me hubiera votado”. Lo señalo a propósito de las referencias a las reformas estructurales, sin explicarlas. Los pueblos de América cuando escuchan “reformas estructurales” tiemblan y no precisamente de optimismo. Una de las equivocadas reacciones frente a los dichos del sábado es la que repite que República Dominicana debe elegir un nuevo modelo de desarrollo cuando lo cierto es que ya lo eligió y que lamentablemente lo hizo justo cuando en la mayoría de los países de América ese mismo modelo elegido da muestras de estar en una profunda crisis.

La ausencia de transparencia frente a las intenciones se hace indudable cuando las anunciadas reformas estructurales no se explican. En Chile, por ejemplo, la “segunda generación” de reformas estructurales se habían  puesto en marcha desde 1979: “1) la reforma del conjunto de los servicios sociales (salud, educación, previsión social) y su privatización total, o bien su carácter de ámbito parcialmente subsidiario; 2) la reforma al sistema judicial y al aparato burocrático-administrativo (bajo el slogan de la "regionalización"); y 3) la desregulación del trabajo y la modificación de sus formas organizativas.”

La radicalización respecto del modelo neoliberal que se perfila, en nuestra opinión obliga a que sus opositores comiencen a hacer las preguntas pertinentes. En primer lugar, por ejemplo, resulta un sinsentido comunicar la revisión del peaje sombra de la carretera a Samaná mientras se anuncian al mismo tiempo grandes obras viales mediante las Alianzas Público Privadas, que es la modalidad mediante la cual se construyó dicha carretera que parece ahora muy onerosa. Mientras escuchaba en el discurso el anuncio de la construcción de la carretera Luperón – Punta Cana, no pude evitar preguntarme cuánto deberá pagar un conductor para ir desde la Plaza de la Bandera hasta Boca Chica por esa vía.  De lo que podemos estar seguros es de que gratis no va a ser. Si se quieren otras referencias además de la carretera a Samaná baste recordar el Corredor de la Núñez de Cáceres donde el precio de los pasajes era de RD$15.00 y el nuevo precio acordado es de RD35.00.

También en el análisis de esta primera rendición de cuentas resultaría muy valioso y útil un acercamiento al tema desde lo que falta: las mujeres, con un recorte del diario “El País” en las manos, deben estar esperando la otra mitad del discurso; también los que se manifiestan por la devolución del 30% de sus fondos previsionales, los ambientalistas que se quedaron sin saber lo que piensa el gobierno de la minería en Loma Miranda porque FALCONDO les evitó pronunciarse y…

Una ausencia demasiado notoria y peligrosa fue la nula preocupación por las reformas políticas, por la construcción democrática, especialmente cuando la Junta Central Electoral ha declarado estar estudiando las necesarias reformas a las leyes de partidos y de régimen electoral engendros concebidos por el PRM, el PLD y los inefables cívicos. No es suficiente la breve referencia al “mareo” del referendo que seguramente será puesto en los titulares cuando llegue la hora de discutir, Junta mediante, el financiamiento de la política y los límites al gasto electoral.

Para ser elegante diré que no me sorprende en absoluto la decisión respecto a las formas e instrumentos anunciados para enfrentar la migración.  Más allá de lo que cada uno piense, este es un tema que no puede tratarse fuera del marco de los Derechos Humanos. Sí, los Derechos Humanos, esa importante cuestión en donde se encuentran la ética y la política, y que nos muestra lo fácil que es cambiar de opinión y donde hasta los héroes parecen estar retirados. Lamentablemente los violadores de los derechos humanos no descansan y ya Hugo Tolentino no está en la cancillería.

Otra señal de la ruta elegida por las autoridades es lo ocurrido con el Pacto Eléctrico, al punto de que la falta de convocatoria y consulta del CES hasta provoca una nostalgia inexplicable de Mons. Agripino Núñez. Los cívicos tienen una bien ganada mala fama en la historia dominicana por tantas deudas que han quedado y quedarán impunes con la democracia. Para comprender el nuevo baldón que se anotan con esto del Pacto, nos sirve lo que parece un acertijo: Si un presidente firma un pacto con el que no está de acuerdo ¿qué haría inmediatamente cualquier estudiante de primer año de Ciencia Política? Pues informarse acerca de quienes están de acuerdo con su firma y concluir que son ellos los que mandan.