Cuando yo era joven -eso fue antes que Aníbal desembarcara en Europa con sus elefantes-  ya se hacía la distinción de los llamados “ninis” en España. Si una muchacha y un muchacho de entonces se conocían por primera vez en un baile o una reunión de amigos, surgía casi de inmediato la pregunta clasificatoria de ¿estudias o trabajas?  A veces respondían lo primero, a veces lo segundo, y otras decían con cara de una felicidad ingenua eso de “NI  estudio NItrabajo”, de ahí el origen de los Ninis. Una extraña categoría de vivir de y en el aire, que ahora se está aireando en un interesante estudio sobre esa condición laboral en nuestro querido patio.

¡Ah! cuánto nos gustaría a muchos estar en esa categoría del ”dolce far niente” de los ninis, ese limbo tan cómodo y burgués del que no hacer nada lo es todo, en lugar de tener que trabajar un paquete de horas al día y  además leer librosy artículos para mantenerse lo más actualizado posible, en la encarnizada lucha diaria de la edad y la obsolescencia, contra la tecnología y el cambio de cada semana.

Pero para entrar en la condición de Nini hay que contar con algo imprescindible, un mecenas, llámese este padre, madre, abuelos, amante, Estado, o quién sea, con bolsillo suficiente largo y generoso para que lo mantengan en los gastos de lo material que ahora es una buena cantidad, y por añadidura, lo aguanten en su comportamiento todo el santo día  vagando por la casa de metiche, o tal vez lo que es mucho peor, fuera de ella hasta altas horas de la madrugada.

Y tal como están las cosas, con las crisis y los descriscajes económicos a nivel local y mundial afectando tan directamente las economías hogareñas, cada vez va a ser más difícil sindicarse como Nini y vivir del cuento parasitario, aunque de manera irónica y a la par, habrá mayor cantidad de ellos pues más del 50% de los jóvenes dominicanos están en paro, por lo complejo que es encontrar un puesto de trabajo, y aún más con un sueldo digno, especialmente para quienes han cursado una carrera o especialidad.

Pero creemos que también es importante señalar que con el inexorable paso del tiempo, se producen nuevos Ninis, unos bastante numerosos que no son muy tomados en cuenta, y son los desempleados que por una u otra causa han sido forzados antes de tiempo a salir del sistema productivo, y se quedan sin amparo oficial a merced de las ayudas familiares, de los amigos, o de las tristes limosnas que puedan regalarles, los jubilados por razones de los años trabajados,  o los que por enfermedades de sus cuerpos ya no aguantan ni siquiera levantarse de la mecedora o de la cama. Estos son los Ninis de la edad, los coroneles garciamarquianos desamparados que con excesiva frecuencia no tienen quien les escriba, ni una carta de aliento ni un triste cheque mensual para sostenerse, o lo reciben tan disminuido que no da ni para chupar las llamadas mentas de guardia.

Ni pueden producir su sustento porque son mayores o no tienen salud, ni encuentran quienes los empleen, ni nadie quiere ancianos en las nóminas, por muchas experiencias o cualidades que posean. Ni pueden pagarse su manutención, ni el paquete de medicinas quede seguro los médicos les han recetado. Ni tienen ni un lugar adecuado para pasar su vejez, ni pueden vivir sus últimos años en un merecido sosiego. Ni son considerados con respeto, ni hay verdaderas políticas sociales  que los protejan. Ni se ha hecho lo suficiente para remediarlo, ni al parecer se hará por todos estos tiempos. Estos son los otros Ninis. Los que muchos tarde o temprano vamos a serlo, o ya lo somos.