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Mercedes Mota: Correspondencia con Pedro Henríquez Ureña (3)

Por Diógenes Céspedes

Analizaré en el más mínimo detalle esas “reminiscencias” muy bien seleccionadas por el inconsciente de Mercedes Mota, quien se tallará, a su medida, una biografía heroica del padre y la madre que obedece más a las leyes de la novela familiar que a la realidad brutal, traumática y vergonzosa que modela siempre a los niños abandonados.

Trataré de desbrozar el “tabú” del padre asiático y los remanentes de unos ancestros heroicos de la madre y cómo, de La Vega, María Socorro Mota, o más bien de la Mota, si juzgamos por el pasado aristocrático de sus padres, llega a la loma Quita Espuela, de San Francisco de Macorís, bien monte adentro para la época, donde hoy está situada la famosa finca ecológica de la familia Moreno-Portalatín. En fin, veremos que la autobiografía de Mercedes Mota es deudora de la sicogenealogía en varios aspectos.

Bernardo Vega, en el libro sobre los treinta intelectuales que se cartearon con PHU afirma, en la nota de la página 63, que el padre de Antera y Mercedes se llamó Francisco Sam, chino (o culí) traído al país por Don Goyo Rivas, hombre emprendedor muy ligado al fomento y progreso de la zona acuífera del Yuna, y, por muy alabado por Hostos en el libro Paginas dominicanas.

Vega no da la fuente de dónde sacó el dato, aunque a una pregunta del suscrito, contestó que le había sido suministrado por Ilonka Nacidit-Perdomo. A su vez, preguntada para contrastar la información, esta negó haber suministrado semejante dato al historiador Vega. Razón por la que, hasta que no se pruebe lo contrario, este Francisco Sam, que debió haber sido Sang, no puede ser tenido como dato cierto.

Como se deduce de esta nota al calce, hay dos fuentes escritas sobre el padre de las hermanas Mota, pero ahora la tarea del investigador es hallar las pruebas documentales oficiales (Migración, Interior y Policía, etc.) de la llegada del chino José Socorro y los otros 9 compañeros de esa nacionalidad que se radicaron en San Francisco de Macorís.

Todavía en los años sesenta del siglo XX Mercedes Mota conserva los mismos rasgos del romanticismo del XIX. Al explicar a su antigua discípula Marina Coiscou la escritura de esas breves reminiscencias, afirma: º « En estos días, [de noviembre, DC] en horas de gran silencio y honda melancolía… » Vida y pensamiento, ya citado, p. 13). Plasmar en palabras no es tarea difícil para la escritora, dice: «Pero ingrata sí.» (Ibíd.).

Ingrata, a causa de los recuerdos dolorosos de niña abandonada por el padre, de quien, al parecer, jamás dirá el nombre. La autora descubre un poco del velo que rodea su vida familiar y la de su hermana Antera y le pregunta a su discípula: « ¿Conoce Ud. el Quita Espuela, Marina? Al pie de esa montaña, en pobre caserío dormido –despierto ya a las clarinadas del progreso― mi madre, a punto de morir, me trajo a la vida. A la vida vine con temores y más que temores: con pobreza y muchas lágrimas. Esa herencia, antinomia fue de la real y positiva que, legalmente, debió pertenecer a ella.» (op. cit., p. 14).

Y partir de esta afirmación del lugar de nacimiento y condición social y económica suya, comienza a tejerse quizá la novela familiar, que puede tener rasgos verdaderos, “puede ser, no lo niego”, como dijo el poeta Mieses Burgos, pero mientras tanto sígase el hilo de la narración: «Hija [su madre, C] de gente acaudalada, de sangre española, fueron sus padres los esposos Ramón de la Mota y Teodora Irarte (o Hidalgo), propietarios de extensos predios en la Provincia de La Vega. Emparentada estaba con Domingo de la Mota, Deán de la Catedral de Santo Domingo y con Marino de la Mota, modelo de respetabilidad dentro de la comunidad vegana (…) Primos suyos eran. Sus nombres los oí mencionar a menudo, desde que tuve uso de razón… » (Ibíd.).

Ahora viene la saga del padre, quien casi siempre en las novelas familiares está rodeado de un misterio y cuyo origen se remonta a grandes personajes de la historia, como reyes, príncipes o héroes legendarios: «De un país muy lejano era mi padre. Y nada sé que pueda arrojar luz sobre mi ancestro paterno, a no ser los datos suministrados por boca de mi propio progenitor: Hijo de gente que ejercía la profesión del comercio en una importante ciudad marítima. Víctima de rapto por un buque pirata en ocasión de estar bañándose en el mar, custodiado por sirvientes, viniendo a parar en tierna edad, a playas americanas. En tierra dominicana se dedicó al comercio, y en ese ramo de actividad prosperó con gran éxito. Luego, infortunios y fracasos.» (Ibíd.).

La autora se duele de que incluso su familia no le cree esa historia de su padre: «En mí hablaba la voz de la ancianidad prematura, de la miseria, del infortunio, del dolor. De ese infortunio, de ese dolor hondo, muy hondo, que a través de los años lacera aún mi mente, afligiendo al corazón (…) Los míos no me creen. Dicen que esas cosas tan remotas, participan de exageración (…) Jamás he sido capaz de inventar ni exagerar. Al contrario, creo que lo mejor es omitir o callar (…) Porque, ¿para qué abrumar el alma con más penas, cuando enferma o muy fatigada está? (op. cit., p. 18).»

En conversación sobre el tema con el historiador Orlando en el local de su librería, me dijo que está estudiando la migración china en el país y que poseía el dato del verdadero nombre del padre de las Mota. Le solicité que me lo facilitara para incluirlo en este artículo y he aquí el dato acerca del padre de Antera y Mercedes Mota, dato que será publicado por el reconocido historiador en un ensayo titulado “Cien años de migración china: 1861-1961”, que se publicará en la revista Global, órgano de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), en el otoño de 2016: «.Antera y Mercedes Mota, dos destacadas educadoras dominicanas, eran hijas del chino José Socorro, uno de los diez inmigrantes chinos llegados a San Francisco de Macorís después de la Restauración y de una dominicana de La Vega. Según testimonio que recoge Agustín Concepción de parte de un hijo de Gregorio Riva, este último contrató al chino Socorro para trabajar en una fábrica de ladrillo y cal en La Vega.

Allí conoció a María de la Mota con la que tuvo dos hijas.»1 ¿Por qué no aparece el nombre de María, sino únicamente el de Socorro, en el acta de defunción de su hija Antera Mota en 1916? ¿Por qué Mercedes, quien dice que su progenitor le contó la historia de su venida a América, no consigna el nombre de su padre?

Otto Rank, en su libro sobre el nacimiento del mito, explica que de mayoría de las leyendas de grandes personajes están asociadas al agua, como los mitos babilónicos, asirios, hindúes, egipcios o hebreos, europeos (Moisés, por ejemplo) y, modernamente, están presentes como novelas familiares en los orígenes familiares de niños o niñas abandonadas, caso como el de Tintín y el capitán Haddock (Ad hoc) o el de su creador Hergé.

Y el inconsciente del niño o niña no es ajeno al drama edípico de Sófocles: «Al proseguir dicho relato, no puedo menos que ver en sus orígenes un escenario que participa del elemento trágico, decorado con cuadros de tintes fuertes y sombríos. Tragedia fue la vida de mi padre. Tragedia, la vida de mi madre.» (op. cit., p. 15).

La niña, madre de Mercedes Mota, fue criada por una abuela, pero no dice si paterna o materna. Ejerce el rol de mala madre sustituta o hada malvada: «Huérfana, quedó a cargo de una abuela rígida, ortodoxa. Ella regenteó los bienes heredados, ella educó a la niña, uniéndola a los quince años con votos involuntarios a un hombre que buen nombre de familias lo realzaba, pero inepto para las ternuras y la vida del hogar. Y el fracaso en todo sentido, no tardó en tener lugar. ¡Sólo el desastre, la irremediable ruina moral asomó su faz horripilante en aquel abismo de crueles experiencia, de terribles desventuras...! » (Ibíd., p. 15).

¿Y qué sucedió luego? ¿La madre abandonó a ese inepto marido, huyó del hogar? ¿Cómo fue a dar a la loma Quita Espuela, en San Francisco de Macorís, muy alejado para 1869 ó 70 de La Vega? ¿Llegó sola o acompañada de alguna pareja? ¿Qué actividad ejercía en Quita Espuela? ¿Agricultora o trabajadora en fincas de café o cacao? ¿Cómo conoce al chino, padre de sus dos hijas? ¿Por qué se muda, otra vez a una ciudad como Puerto Plata, tan alejada de Quita Espuela? ¿Con cuáles medios subsistía a los gastos de alquiler, ropa, comida para ella y sus dos hijas? La madre debió nacer hacia 1855 ó 1856 en La Vega, porque a los quince años la casaron con el marido inepto a quien, se supone, abandonó y en Quita Espuela tuvo su primera hija, Antera, en 1871 y luego a Mercedes en 1880, concebidas con el chino. ¿En qué año migran a Puerto Plata las Mota?

Pero como todo novela familiar tiene su inicio, desarrollo y conclusión, he aquí cómo termina la saga: «El epílogo de estos dolorosos capítulos termina con el traslado de una mujer joven, responsable de la subsistencia y protección de una pequeña familia, desprovista de recursos económicos, a la Costa Norte, a la ciudad cuyo mar azul besa a todas horas el pintoresco caserío. Y ahí, a las faldas de Isabel de Torres, la montaña más bella de la República Dominicana, la que a menudo veo en mis sueños cuando de mi tierra sueño, ahí se crio, creció, se educó la niña que es criatura de Puerto Plata, aunque nacida en Macorís del Norte, igual que la hermana fenecida, Antera Mota de Reyes.» (Ibíd., op. cit., p. 15).

Agradecida de lo que le aportó la Novia del Atlántico, Mercedes Mota evoca, desde Cedarville donde quizá escribe esos recuerdos, su medio social: «A Puerto Plata dedico pues, mis reminiscencias más tiernas y queridas. Suyas son mis más puras y santas emociones; mis éxitos, pequeños o medianos, como estudiante, como maestra y aficionada a las letras; mis relaciones amistosas y sociales con gentes de nuestro mundo social y cultural » (Ibíd., op. cit., p. 15).

J. Agustín Concepción, “Gregorio Riva trajo padre de las educadoras hermanas Mota”, ¡Ahora!, núm. 908, 20 de abril de 1981, pp. 26-27. Véase además el libro de Eugenio Cruz Almánzar, “La llegada de los chinos”, en: San Francisco de Macorís íntimo. Santo Domingo, Talleres de la Secretaría de Estado de Educación y Bellas Artes, s/f, pp. 18-20, pero por una dedicatoria de la obra a un amigo podría ser 1973 el s/f. El autor incluye referencias de cada uno de los chinos asentados en San Francisco de Macorís. Como se observa por esta nota al calce, Bernardo Vega solo acertó en el dato de Gregorio Rivas.

Pero sin más fuente que las citadas, orales todas y las escritas, oralizadas, me pregunta el genealogista Edwin Espinal, y por qué José Socorro y no otro de los nueve chinos no sería el padre de las Mota. Como Antera le llevaba tres años a Mercedes, al decir de Don Max, si la primera nació el 9 de enero de 1871, es lógico que la segunda naciera en 1874, año que no coincide con el del nacimiento de la escritora amiga de los Henríquez-Ureña, que ha sido dado el 1880. ¿Qué embrollo de fechas es ese? Trataré de dilucidarle en la próxima entrega.

Es posible que la primera fuente de “la llegada de los chinos”, si no yerro, haya sido extraída de la carta de Sergio A. Riva, hijo de Goyo Riva, a Vetilio Alfau Durán en fecha 15 de febrero de 1941, en la que menciona dos veces a los chinos, traídos de Cuba, según él, por su padre, para “fabricar ladrillos y cal” y que con esa “colonia de chinos” construyó un almacén de mampostería para depósito en Yuna, además de “otro almacén de mampostería” y “el cementerio católico” de Moca, su pueblo natal, y “que fueron bendecidos y muy festejados el 18 de diciembre del año 1870, bautizándose ese día, su hijo Sergio que esto escribe” (Clío n.° 110 (1957: 167-168). Falta por determinar de dónde los cronistas sacan la cantidad de chinos traídos por Goyo Riva, pues no suministran la fuente.

• Publicado en el suplemento Areíto del periódico Hoy del 2 de abril de 2016 y reproducido con permiso del autor en Acento.com de la misma fecha.

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