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Obama en cuba

Por Mario Rivadulla

Más allá de cualquier duda, la noticia internacional de mayor impacto de estos días corresponde a la visita del Presidente Barak Obama a Cuba. Es apenas el segundo mandatario estadounidense que visita la isla. Pero lo hace en condiciones muy especiales, al cabo de más de cincuenta y cinco años de haber roto vínculos diplomáticos durante los cuales ambos gobiernos mantuvieron una especie de tensa “guerra fría”, después del fallido intento militar de Playa Girón.

Lo hace además, en lo que habrá de constituir, diferencias aparte, un nuevo paso en el deshielo de las relaciones, que sin duda abrirán espacio para nuevos y futuros adelantos, sobre todo de orden comercial. Fueron precisamente intereses empresariales estadounidenses, aparte de otros posibles elementos de orden estratégico tanto políticos como militares,  un factor de gran peso en este cambio de política, preocupados por perder espacios de inversión frente a competidores europeos y chinos, en un territorio prácticamente virgen, que en el tiempo pudiera representar un atractivo mercado de consumidores.

Ahora bien…¿contribuirá la visita de Obama a derribar los obstinados muros levantados por el gobierno castrista para impedir que el pueblo cubano pueda disfrutar de las libertades civiles y derechos políticos que le han sido negados durante todos estos años?  Un envejecido Raúl Castro, durante el intercambio protocolar de discursos con el primer mandatario negro de los Estados Unidos, adelantó que esas diferencias se mantendrán y que el régimen conservará sus mismas características que hasta el presente.  O sea, un sistema unipartidario, absolutista, fuertemente represivo que tipifica la que ha sido la más prolongada dictadura hereditaria que haya conocido esta parte del mundo y que paradójicamente, a partir del restablecimiento de relaciones con su otrora mortal enemigo, ha incrementado el acoso a la disidencia y triplicado la cantidad de detenidos y apresados por motivos políticos.

Las categóricas manifestaciones de Raúl Castro en este sentido, durante su discurso,  no tienen por qué  causar asombro.  Ya antes, frente al anuncio de que Barak Obama se reunirá con un grupo de destacados activistas de la disidencia en el interior de la isla, el Canciller Bruno Rodríguez había adelantado la postura del gobierno cubano y el diario oficial “Gramma” apuntalado editorialmente la misma.   Y como para que no hubiese dudas, la llegada de Obama fue saludada por las autoridades castristas con el maltrato y detención, a plena vista,  de las llamadas “Damas de Blanco”, cuya presidenta, Berta  Soler, es una de las disidentes seleccionada para ser escuchada por aquel.

Por otro lado, el acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos, permite recrear el otro escenario del conflicto que durante todos estos años quedó marginado y sepultado por el mantenido entre ambos países.  Es el que corresponde a los derechos conculcados al pueblo cubano durante todos estos años para dejar escuchar sus muchos motivos de inconformidad y poder escoger libremente su destino, así como los esfuerzos  de organizaciones y grupos fuera y dentro de la isla para tratar de promover cambios democráticos por vía pacífica.

Obama y sus asesores apuestan a que su visita y el proceso de aproximación que se aventuró a iniciar lograrán impulsar ese cambio. Es una apuesta de alto riesgo cuya incógnita solo podrá ser despejada en el tiempo.  Por lo pronto, continúa abierto para los cubanos como materia pendiente el expediente de los derechos civiles, universalmente establecidos en la Carta de las Naciones Unidas, de la que el gobierno castrista es signatario y ha sido continuo violador

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