Trazos del pensar

Discurso y política del desastre en la República Dominicana

Por Odalís G. Pérez

Discurso electoral y poder incidente constituyen el mapa de una política del desastre en la República Dominicana.  En tal sentido, el discurso político dominante y la cuestión de la verdad, tal como lo explica J. Habermas (Ver La ética del discurso y la cuestión de la verdad, Ed. Paidós, Barcelona, 2010, y en Facticidad y validez, Ed. Trotta, Madrid, 1998), a propósito del llamado Estado de derecho y legitimación política, adquiere en nuestro caso matices reveladores de una crisis de las instancias de atribución y poder propiciadas, más que por la diferencia, por la “reproducción política”, lo que da lugar a que diversas corporaciones conformadas por un mismo régimen de gobernabilidad se hayan apropiado, adueñado, robado legalmente el Estado, toda vez que el mismo arqueado posmoderno y neoconservador se ha ocupado de crear los contextos de tales fuerzas neototalitarias que han des-fondado el démos-kratós, esto es, el poder popular que hasta hace poco podía demostrar cierto nivel de fuerza, apoyo, autoridad y respeto social.

Así pues, la razón instrumental del funcionalismo político-económico motivado por el manejo coyuntural del “Estado de excepción”, confirma una “clínica” del uso coercitivo y más que todo de reclusión del sujeto, determinado por las lógicas reinantes de las actuales estructuras de dominación.

La nueva dictadura de partido que se apropió del Estado desde el 2004 hasta hoy  y que ha sabido convertir el Estado-gobierno en una suma de corporaciones de poder se justifica en el llamado voto mayoritario, artificialmente elaborado por el aparato de una iurisimpuesta por el circunstante de la corrupción y la delincuencia que debe ser mejor explicado por sus procesos y por los excesos de descomposición y facticidad.

Los actores y factores del “progreso” de la actual tribu dominante, han sostenido el reparto activando desde una aplicación arbitraria y permisiva, la industria de un Estado fallido pero reconocido por las instituciones de apoyo.Toda una maquinaria eficaz de distribución de fuerzas económicas, monetarias, instruccionales, productivas y preciadoras con, y, bajo la justificación del propio aparato de poder cautelosamente montado en estos archifamosos y atronantes doce años de gobierno, constituyen la  escena abierta del presente político dominicano.

¿Cuáles han sido los avatares del llamado discurso de la verdad propalado por el régimen instaurado por el partido de gobierno  en los últimos doce años de dominación política?

La “novela” propiciada por el partido gobernante presenta una estructura garantizada por otra mayor que es el bloqueo de toda solución de liderazgo que pueda surgir de los aprestos y ejecuciones para mantenerse a costa de lo que sea en el aparato de poder diseñado como fábrica política de “líderes”.  Se trata de una prolongación que ha contado con la manipulación polidireccional de una política mixta de mecanismos pseudoinstitucionales, preparados para crear una malla de políticas circunstanciales donde la constitución es socavada por los llamados actores jurisdiccionales del poder establecido.

Una cartografía de poder con un hiperaparato presidencialista, planificado como mecanismo rítmico de dominación, activa los núcleos de expansión justificados por una economía política de redes y servicios, creada en cada coyuntura de elección y gasto sostenido por una militancia invasora de los lugares económicos donde se produce y reproduce el marco de ascendencia  de la tribu gobernante en proceso, acceso y práctica.

¿Cómo podrá sostenerse esta política y sobre todo este discurso del desastre encubiertos por una visión corruptora y destructora de toda ética o moral de un sujeto que cada día se queja, grita, responde, registra y respira su protesta como clase, grupo, condición y  colectividad marginal?

Hemos ido señalando desde un análisis de condiciones deterministas de la sociedad dominicana, sus imágenes políticas y sus políticas fracasadas en el marco de un mapa adverso de representaciones sociales, corroídas por tácticas gubernamentales y publicitarias de poder y autoridad dirigidas a mantener “por las buenas o por las malas” el actual estado de cosas construido desde un gobierno depredador, corruptor y destructor de la moral social, cultural y política del sujeto público

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