Catarsis

Que gobierne el colectivo gay

Por Segundo Imbert Brugal

Fastidian  a esta sociedad antes y ahora, machos de pisada fuerte, capaces de repartir pescozones, mandar al carajo, y  hasta al cementerio. Padrotes de armas tomar, coleccionistas de cortesanos incondicionales y cortesanas complacientes. Jefes que nunca escatimaron esfuerzos para afiliarnos "in aeternum"  al tercer mundo; tipos que  se toquetean el  paquete cuando les viene en ganas.

Tiranizaron el pasado. Ahora  reparten  tarjetas de solidaridad, cajitas efímeras, hurtan  y corrompen sin miramientos. Es verdad,  son líderes de  pelo en  pecho, capaces de fornicar a diestra y siniestra  a  cualquier hembra dispuesta o a la venta. No lo podemos negar, sería injusto  quitarles mérito de género. La verdad: aquí  no mandan dictadores ni presidentes gay.

Ellos, entre oleadas de testosterona, gustan del pillaje y las   ilegalidades. Desgobiernan, protagonizan maldades  irreparables. Hombres bragados, toletes de hombres, ejemplares de una clase gobernante irresponsable y delictiva. Ejercen el poder prohijando  narcotraficantes, madres solteras, insalubridad, y  degradación   ciudadana.

Violaciones, pedofilia, tráfico de mujeres, homicidios y crímenes de toda laya, llevan el sello de garantía heterosexual. No signan aquellos que escogen amarse en  su mismo sexo. En el desgaste moral de esta república  se lee la firma  "straight" de sementales poderosos.

No olvidemos, ellos son responsables de este  inacabable  tercer mundo. Roban y mal gobiernan. Eso sí,  ni se parten ni gustan de varones.   Personajes  de tres pares de cojones- algunos  sospechosos de homicidios, a lo  Blas Peralta-  dirigen la  política criolla.

Presenciamos a diario el dañino espectáculo de malhechores desvergonzados y sonrientes fungiendo de prohombres; estrellas en periódicos y paneles televisados. Paradigmas  de niños  y adolescentes.   Hablan  de   igual a  igual con académicos, ministros  y empresarios. Nadie protesta.    La iglesia bendice y recibe diezmos. Esa  es la verdadera tragedia,  no otra.

Sin embargo, andan por ahí gente dispuesta a degollar al presidente Obama y pegarle fuego a  media ciudad, porque  supieron que el embajador norteamericano y su pareja visitaron una escuela privada.  Quedaron estremecidos pidiendo ayuda  al Espíritu Santo. !Que desfase!

Ese matrimonio diplomático ha  sacado a las calles   la militancia homofóbica de  elites religiosas y conservadoras. Elites que nunca sufren de bandidofobia, ni pierden el sueño  bregando con  amigos pecadores. Doble moral, protesta  hipócrita y de sacristía.

En España,  James Costos, embajador norteamericano, también  se hace acompañar de su esposo. Allí se les respeta y celebra.  Por supuesto, aquello es Europa. Esta es una  isla atormentada por mosquitos donde  practicamos brujería y  cristianismo medieval. Salimos del descubrimiento pobres y  comenzamos el  siglo veintiuno pobres también.

El colectivo gay  regala poetas, escritores, pintores, actores, músicos, arquitectos, modistos, intelectuales, profesionales;  ciudadanos en su inmensa mayoría  ejemplares. Es de lamentar ver  pocos gay en la política. Triste, ninguno ha  llegado  a ser presidente.

Quizás habría  sido otra nuestra suerte si uno de ellos hubiese dirigido el  palacio. ?No será hora ya  de que los gay tomen el poder ?  Desplazar el  tigueraje machista que viene gobernando  es requisito indispensable para salir  del subdesarrollo

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