Esto creo, esto pienso

En la Primavera, si no renacen los principios, Solo deudas, pus y sangre quedaran.

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

Mañana entra por la puerta más ancha una de las estaciones donde la naturaleza pone su mayor interés en demostrarnos lo bello de la vida. La primavera, esa estación del año donde todo adquiere sentido, donde la vida florece por encima de las inequidades de la humanidad. Por eso hoy, no estoy en disposición de que los desacreditados e indelicados políticos me abstraigan del poder disfrutar del inicio de esta bella estación primaveral.

Pal carajo la desnaturalizada, arrogante y corrupta campaña electoral; el que los rent-a-car se hayan quedados vacíos y las alabanzas mostrencas de personas que a todas luces deberían habitar en el vertedero de duquesa, por ser el más grande del país. Pal carajo los nuevos líderes –y no tan nuevos-, ya que de seguir por el camino que van, muy pronto adquirirán la mayoría de edad en los puestos con sus respectivos Master en fullerías, indelicadezas y por qué no, hasta en robos vulgares e impunes.

Quiero saludar con fe infinita, y con el alma esperanzada en cualquier cambio que esta estación pueda producir en los arrogantes y blindados que hoy se creen omnipresentes y omnipotentes en esta corta vida, expresando cosas hermosas que solo la primavera nos motiva a parodiar, ya que si fuera por los “líderes-funcionarios y políticos nuestros”, lo más probable seria que continuaríamos en el mismo atolladero de sentimientos y esperanzas truncas.

Deseo, embrujado por esta llegada esperanzadora de nuevas vidas,  por este nuevo renacer que solo la naturaleza puede hacer decir que; “Tendré frio en cada hueso, perderá sentido todo por lo que alguna vez luche… será el fin de mi cruzada, mi derrota anticipada sin haberme puesto de pie”, si en esta primavera no renovamos nuestras dormidas virtudes.

¿Bello o no?... ¡Claro que sí! Son composiciones que solo alejadas de este mal de angustias a las que nos mantienen acostumbrados las lacras, esas que exaltan virtudes inexistentes en sus compañeritos, se pueden transformar en tiernos pensamientos expresados en lindos versos, poemas o canciones todo lo  hermoso y puro que llevamos en nuestro interior.

Conocí lo que era el honor; la palabra de hombre; el apretón de manos para sellar, –con más valor que cualquier sello de notario-, un negocio o compromiso entre dos caballeros; Conocí la integridad; viví con la convicción de que era preferible mil veces la muerte que llegar a la traición, para hoy vivir en este despojo de vida sin principios, donde los políticos hacen negociaciones de hasta tragarse un tiburón sin eructar; donde juran y perjuran lealtad a una organización, a un pueblo, y al día siguiente cambian su proceder y vuelven y juran ante otro como si se estuvieran cambiando la ropa interior.

Si, conocí todo eso y más, y hoy que “ya te encontré, si no te vuelvo a ver, no entenderé porque la vida me enseño que todo esto existía; si no te vuelvo a ver, será un mal chiste cruel,  una jugada, una ilusión muy mal gastada, si no te vuelvo a ver, yo me conformo con que alguna vez te vi”.

Ese es el dolor, que al parecer me tendré que conformar con que alguna vez estos principios existieron, ya que al parecer, en el horizonte, con todo y que la chapucería de elecciones se celebran en esta estación tan pura, tan llena de vida y esperanzas, todo continuara políticamente en un eterno y sombrío otoño, donde hasta los arboles pierden su follaje, y nosotros continuamos perdiendo nuestra esencia como pueblo, en medio de un desastre institucional que solo presagia lo peor. “Y no sabré de que estoy hecho...No habrá luz ni fundamentos, no habrá nada en que creer, será el final de la inocencia”. Cuanto más, deudas, pus y sangre, será lo que quedara. ¡Si señor!

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