“Un día, viendo gemir a mi Patria bajo el yugo 

de un pueblo invasor, concebí el pensamiento

de quebrantar sus hierros, y os pedí vuestra

cooperación: la prestasteis, y hoy la Patria es

libre: benditos sean todos los que han realizado

transformación tan gloriosa. Ahora todos debemos

propender a hacer que esta libertad sea fecunda

en bienes. ¿Haremos feliz a nuestra Patria?

¡Ah! Maldito sea todo aquel que ahora ni nunca

ocasione su desgracia”….

 

Juan Pablo Duarte

 

La historia patria del pueblo dominicano ha sido marcada por la lucha y el sacrificio de su gente, ante el oprobio y el desconocimiento del derecho a su libertad, ante lo que siempre ha plantado oposición férrea, aún sin grandes ejércitos ni sofisticado armamento, sólo amparados en el fervor patriótico y el favor de la Providencia. Nuestra historia da testimonio de muchos hechos en los que la gracia divina nos ha favorecido. Así se han fortalecido los imperios, y así mismo se han desplomado cuando por apartarse del favor divino, les ha faltado la ventura.

Las tensiones entre ambos lados de la Isla han estado presentes desde las incursiones de filibusteros y bucaneros franceses y a partir de los inicios de la colonización de la parte occidental por parte de Francia, la cual había sido descuidada por los españoles de 1809 a 1821 (España boba).

Recordemos que en 1697 mediante el Tratado de Ryswick, se lleva a cabo la cesión de esta parte de la isla a Francia, que con el uso de gran cantidad de mano de obra esclava proveniente de África, la transforman en la colonia más rica del mundo. Estos esclavos provenían de diferentes regiones, etnias, religiones, y eran hablantes de distintos idiomas; por lo que se hacía muy difícil la convivencia entre ellos, lo que aún hoy se verifica.

Las invasiones de estos esclavos africanos, al lado Este de la isla, desde la parte francesa; comienzan 39 años antes de la Independencia dominicana cuando en 1801 atacan a los franceses que regenteaban ya la parte española. No sería sino hasta 1804 cuando estos, al mando de Jean Jacques Dessalines, proclamaran su independencia, comenzando a llamarse haitianos.

Luego del 27 de febrero de 1844, habiéndose proclamado la República Dominicana y separado definitivamente de Haití y de los haitianos, de quienes habían recibido los dominicanos, tantos desmanes y masacres, se escenifica la primera gran batalla de la Guerra de Independencia de la recién proclamada República Dominicana, el 19 de marzo del mismo año.

Este primer enfrentamiento es sólo parte de una invasión de gran magnitud, pues los dominicanos enfrentaban a un ejército consistente en 30,000 hombres. Con una tropa tan reducida para la defensa de Azua, que no llegaban a más de 2,500 soldados improvisados, respondían los dominicanos, a la primera invasión de los haitianos que traían la intención expresa de “hacer la isla una e indivisible”. El dispositivo de la tropa invasora consistía en 3 columnas de 10,000 hombres cada una. La primera, al mando del General Jean Louis Pierrot por el Norte, para llegar a Santiago y Puerto Plata; la segunda comandada por el propio presidente haitiano General Charles Herard por el centro de la isla, vía San Juan – Azua, hasta llegar a Santo Domingo; y la tercera por Neyba, al mando del General Agustín Souffrant, con el mismo destino. Llevaron a cabo algunas escaramuzas, unos doscientos patriotas dominicanos al mando del entonces Capitán Fernando Tavera y los tenientes Vicente Noble, Dionisio Reyes y Nicolás Mañón contra la avanzada de las tropas de Souffrant, culminando con un resonado triunfo en la batalla denominada de La Fuente del Rodeo el día 11 de marzo, lo que retrasó la llegada de esta columna a reforzar la que batallaría en Azua el 19.

En la Batalla de Azua, las tropas dominicanas comandadas por el General Pedro Santana, enfrentaría a los diez mil invasores de Herard, a los que debían unirse en Azua los diez mil de Souffrant, no pudiendo lograrlo a tiempo.

No hay otra forma de entender que las tropas criollas salieran victoriosas, que no sea aceptando que: primero la Providencia y segundo: el patriotismo en su máxima expresión, se aunaran para no permitir que las tropas haitianas llegaran al poblado de Azua, teniendo que batirse en retirada a reorganizarse, contando miles de bajas entre los que se encontraban oficiales de alta graduación. Más adelante seguirían mordiendo los haitianos el polvo de la derrota en El Memiso, Tortuguero, el Número, y Las Carreras.

Sobre La Providencia que siempre ha estado del lado dominicano, se refería el trinitario José María Serra en el sentido de no perder nunca las esperanzas de salvar al pueblo dominicano, de las malvadas intenciones haitianas:

—¿Niegas la acción de la Providencia sobre la suerte de las naciones? —¿Y con quién, sino con ella, podíamos contar los nueve jóvenes osados que decididamente acometimos la temeraria empresa de arrojar a los haitianos del territorio de que se adueñaron y constituir en él la cuna de la República Dominicana? Cuando ésta nació, lució como ricos pañales los vivos colores de su bandera, en cuyo escudo el lema Dios, Patria y Libertad explica suficientemente que sólo confiados en la protección de esa Providencia, llevábamos a feliz término el hecho glorioso que debería coronarse con la regeneración completa de todo un pueblo.[1]

La fecha de hoy es propicia para que como pueblo, reflexionemos sobre la necesidad de no apartarnos de los principios y valores que nos han caracterizado como pueblo. Cada día reforzarlos más, para que tengamos siempre el auxilio y protección de lo divino.

[1] José María Serra.- Apuntes Para la Historia de los Trinitarios. 1887, ed. De la Comisión Permanente de Efemérides Patrias. S.D. R.D.