Río de Janeiro, 1 oct (EFE/Carlos A. Moreno).- El ultraderechista Jair Bolsonaro, líder en los sondeos de intención de voto para las elecciones presidenciales del domingo en Brasil, ha logrado canalizar a su favor parte de la insatisfacción de los brasileños con la situación del país pese a sus criticadas posiciones radicales.

Bolsonaro, un defensor de la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985 y polémico por sus insistentes declaraciones machistas, racistas, homófobas y misóginas, ha aglutinado a su favor a millones de brasileños que se dicen insatisfechos con la inseguridad en el país y con la corrupción de los políticos.

Su candidatura igualmente ha crecido por el apoyo de la creciente legión de electores que rechazan cualquier posibilidad de un regreso al poder del Partido de los Trabajadores (PT), la formación liderada por Luiz Inácio Lula da Silva y cuyo candidato presidencial, Fernando Haddad, es el segundo favorito en los sondeos.

Con 63 años este excapitán del Ejército brasileño ha conseguido pescar en río revuelto en un país en que 7 de cada 10 electores dice desconfiar de los políticos en general y considera corrupta a toda la clase política.

Y el apoyo creció aún más, y puede convertirlo en el vencedor en la primera vuelta electoral, desde que el diputado ultraderechista fue acuchillado el 6 de septiembre pasado durante un mitin y sufrió heridas que lo obligaron a pasar hospitalizado casi toda la campaña.

Con 63 años este excapitán del Ejército brasileño ha conseguido pescar en río revuelto en un país en que 7 de cada 10 electores dice desconfiar de los políticos en general y considera corrupta a toda la clase política.

Para ello, en su primera oportunidad como candidato presidencial, se ha presentado como un aspirante de fuera de la política tradicional pese a que está en su séptimo mandato como diputado federal.

El ultraderechista se ha empeñado precisamente en omitir su carrera como legislador, poco exitosa teniendo en cuenta que, en casi 30 años como miembro de la Cámara de Diputados, sólo consiguió que 2 de los 170 proyectos de su autoría se convirtieran en ley.

Su actuación como parlamentario se ha caracterizado por un discurso radical, con ataques a homosexuales, negros y mujeres, en defensa de la dictadura militar y hasta de un nuevo golpe de Estado, y de apoyo a la violencia policial, la muerte de delincuentes, la pena de muerte y el libre porte de armas.

Ese discurso radical no le impidió pasar por seis diferentes partidos, incluyendo la Democracia Cristiana y el Partido Laborista Brasileño, antes de afiliarse al Partido Social Liberal (PSL), una formación que le ofrece mejores condiciones en la disputa electoral por contar con ocho diputados.

Más que a sus posiciones radicales, su popularidad y su favoritismo en los sondeos, en los que aparece con alrededor del 28 % de la intención de voto, son atribuidos a su fuerte discurso de combate a la corrupción y "antipetista" (contra el PT).

Pero sus posiciones también lo convierten en el candidato de mayor índice de rechazo (44 % nunca lo apoyarían) y amenazan con impedirle llegar a la jefatura del Estado. Según los sondeos, Bolsonaro será el más votado en la primera vuelta pero sería derrotado en la segunda, prevista para el 28 de octubre si ningún candidato obtiene más del 50 % de los votos, por cualquiera de sus principales adversarios.

Pese a haber desarrollado toda su carrera política en Río de Janeiro, Jair Messias Bolsonaro nació en Sao Paulo el 21 de marzo de 1955, proviene de una familia de descendientes de italianos y comenzó su carrera política en Campinas (municipio del estado de Sao Paulo) como alumno de la Escuela de Cadetes del Ejército.

Como militar, se formó como oficial en 1977 en la Academia de las Agujas Negras, integró la Brigada de Paracaidistas y llegó al rango de capitán, todo en cuarteles de Río de Janeiro.

Pero en 1986, un año después del fin de la dictadura, lideró una protesta contra los bajos salarios de los militares, lo que le valió una sanción de 15 días de detención por actos de indisciplina.

Tras ser acusado de otras protestas salariales fue obligado a pasar a la reserva en 1988, año en que inició su carrera política al ser elegido como miembro del Concejo Municipal de Río de Janeiro.

Dos años después fue elegido diputado federal y en 1993 protagonizó su primera gran polémica al defender el cierre del Congreso y un nuevo régimen de excepción para, en su opinión, facilitar la gobernabilidad.

Entre otros proyectos polémicos ha defendido la pena de muerte, la prisión perpetua, el régimen de trabajos forzados para condenados, la reducción de la edad penal de 18 a 16 años y el control de la natalidad como herramienta para combatir la pobreza y la violencia. EFE