Me atrevo a asegurar que la inmensa mayoría de los habitantes de este planeta coincidimos en que el año 2020 no fue para nada normal, más bien fue una caja de sorpresas preñada de incertidumbres y desconciertos. Sufrimos los grandes efectos de una pandemia sin precedentes en la historia, rompiendo con la cadena de suministros, y como consecuencia debilitando el sector transporte, principal catalizador de los precios de hidrocarburos, en particular del petróleo y la gasolina.

En este nuevo año 2021, diríamos que entramos con esperanza y un futuro un tanto más alentador, conociendo ahora un poco más el Covid-19; entendiendo mejor nuestras limitaciones desde la manera en que interactuamos hasta el comportamiento del consumidor. A medida que el mundo comienza a reconectarse, comercialmente hablando, en esa misma medida los hidrocarburos empiezan a experimentar ciertas alzas.

Veamos. Para el pico de la pandemia que indujo a un mayor nivel de preocupación por lo desconocido, entre los meses de marzo y abril pasados el mercado spot se despreció en más de un 85%, algo inimaginable y nunca visto, llevando los niveles de almacenamientos a cifras récords, paralizando el mundo comercialmente. Más aún, a medida que hemos ido reiniciando la actividad económica en esa misma medida el oro negro ha ido en ascenso, hasta alcanzar los precios pre-pandemia,  cerrando este pasado viernes en el NYMEX a US$ 51.98 por barril.

Ahora bien, ¿seguirá esa tendencia al alza?  Una de las tareas más difíciles es tratar de vaticinar o proyectar los precios de los hidrocarburos, en gran parte por el número de variables que intervienen en los mismos y que por ende los afectan.

Lo primero que tenemos que entender es que ese hidrocarburo históricamente se ha comportado de manera cíclica, por lo regular iniciando con tendencia al alza a finales del mes de marzo e inicios de abril. Esto, a medida que las grandes refinerías comienzan el proceso de almacenamiento para el verano, que es considerada la temporada alta del consumo de gasolina. No es ocioso afirmar que salvo que ocurra algún fenómeno de la naturaleza como el huracán Catrina en el 2006, o temperaturas más bajas, la misma materia prima inicia una tendencia a la baja alrededor de los meses de septiembre y octubre.

Aparentemente, ya se ha iniciado el proceso alcista en el 2021, con una OPEP que tratará de limitar su producción, para posteriormente levantar la mano a favor de precios superiores a los US$ 50. por barril, en sintonía con lo presupuestado entre los países miembros. Ahí tenemos el ejemplo de Iraq, que acaba de anunciar una reducción de alrededor del 20-21% del suministro de exportación de petróleo a la India, el tercer principal consumidor e importador del mundo.  Otra variable que no podemos dejar a un lado es la del fenómeno del petrodólar. Sucede que al dólar norteamericano ser la moneda reserva del mundo, su fortalecimiento o debilitamiento influye de manera muy directa en la cotización de los hidrocarburos, por lo que no es coincidencia que el punto más bajo del petróleo, el índice del dólar (DXY Index) así lo establece, haya experimentado su precio más alto a principios de año. Lo opuesto ocurre ahora, a medida que el DXY Index refleje su debilitamiento, de la misma manera el petróleo experimentará un alza en su cotización.

Nos parece que todo apunta a la continuación de debilitamiento en el precio de la moneda de Estados Unidos de América, aunque no sea de manera brusca. Al margen de lo expuesto, los principales actores que determinarán el destino de la factura petrolera serán EE. UU., China y la región europea, los cuales componen más de las 50% parte del consumo global.

Es necesario apuntar que en el caso de China la importación en el último trimestre experimentó un aumento en un 7% comparado con el último trimestre del 2019, aún cuando posee el nivel de importación más bajo en los últimos 27 meses al mes de diciembre, de acuerdo a Platts Analytics y sus proyecciones se dirigen a un aumento de la importación de 3.4-3.5% para el 2021.

En tanto que los dos principales mercados de China: la región euro y los EE.UU., aparentan presentar dos cuadros moderadamente distintos, pues por un lado para finales del 2019 ya preocupaba el pobre desempeño económico de los países miembros de la Unión Europea, muy a pesar de los grandes esfuerzos del Banco Central Europeo; en tanto en el caso norteamericano, la economía iba de manera ascendente. Muy a pesar de que los escenarios actuales son similares, la recuperación en Estados Unidos América se vislumbra un poco más optimista.

La realidad es que asumiendo que las grandes economías muestren, aunque sea una recuperación moderada, salvo un cierre completo como lo experimentado en marzo, veremos el petróleo en el mismo rango del 2019 que era de US$ 50.-US$ 65.

Para la República Dominicana sería una carga muy pesada el tener que recurrir a más divisas para cumplir con la factura petrolera; no obstante, en sentido general esto se traduciría en un proceso de recuperación de la economía global, lo cual para un país como el nuestro que se ha beneficiado de la globalización y comercio internacional, en el contexto macro, sería ganancia.