SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Odelys de la Cruz es una mujer de campo que, gracias al Programa de Desarrollo de la Mujer Rural en la provincia Hermanas Mirabal, tiene ya un pequeño "imperio" de ganado en su hogar. Un imperio que comenzó con una vaca de nombre Negra.

Con la caída del café y el cacao en la zona montañosa, las mujeres fueron las más afectadas porque obtenían dinero por la recogida del café, comenta Linabel González, directora de la Oficina para el Desarrollo de la Mujer de la provincia.

De ahí surgió el Programa de Desarrollo de la Mujer Rural, que con un sistema de desarrollo agroforestal fomenta la siembra de café, cacao, guineo media mata y la crianza de ganado. Lo particular de la iniciativa es que no se trata de cualquier de proyecto de siembra o ganadería, sino se trata de planes a cargo de mujeres.

Así como a Odelys recibió a Negra, a las mujeres que se integran al programa se les asigna una vaca que ellas deben atender y cuidar. La de ella llegó a sus manos en 2018, pero antes de eso ya dirigía una brigada de siembra como capataza.

El Programa de Desarrollo de la Mujer Rural exige que al menos un 30 % de los jornaleros de las brigadas sean mujeres y todos los puestos de capataz los deben ocupar mujeres. 

“Yo soy la capataza de la brigada. Son ocho hombres y tres mujeres. Nosotros sembramos café, cacao y guineo. Incluso, ya los guineos han ido floreciendo”, cuenta Odelys tras subir la montaña para atender al llamado de Acento. Estaba trabajando la tierra y dispuso de su tiempo para narrar, con una marcada pasión, la historia de su tierrita y su ganado.

Foto: © Mery Ann Escolástico
Fecha:17/11/2020

Recuerda que comenzó a sembrar el 1 de octubre de 2018 y que al tiempo de dirigir la brigada, le propusieron darle una vaca. Cuenta que Linabel, quien busca la inserción laboral de sus compueblanas, se apareció en su trabajo para que aceptara criar el animal. La conversación que tuvieron terminó con Negra en la casa.

Con lo que consiguió en la brigada compró una puerca que le ha parido dos veces. La primera vez parió 10 cerditos, con los que hizo 61 mil pesos. La segunda vez parió 17, de los que le quedan 9.

Odelys también compró chivos. Los cría a todos como hijos. Antes de irse a trabajar les deja comida a sus animales y se va a sembrar de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde.

Ella no sabía criar animales, según cuenta, pero afirma que “después de que uno es adulto, uno mismo se enseña. Uno piensa y ve”.

Hace unos días vendió el becerro. Tenía un año y siete meses. “¿Por cuánto?”, le pregunta Linabel González. “¡Por 30 mil pesos!”, responde Odelys llena de emoción. Seguido, ambas aplauden para celebrar el logro.

Negocios propios

Mientras que Odelys encontró amor en la crianza de ganado y en la siembra, María Paulino decidió por dedicarse a producir derivados de la leche como mantequilla, queso y yogurt. Todo gracias a la oportunidad que le abrió su vaca, Puca.

Puca llegó embarazada de una cría que abortó al poco tiempo. Junto a su esposo, María comenzó a ordeñarla para hacer queso, y con eso también comenzó a hacer mantequilla. Años después, ya María tiene una fábrica casera de queso y mantequilla.

Una característica fundamental del programa es que este permite que sus participantes desarrollen negocios propios.

Para pertenecer a la iniciativa, las mujeres deben tener un terreno con las condiciones mínimas. Lo demás llega con la colaboración de instituciones y fundaciones de la región.

Así funciona el Programa de Desarrollo de la Mujer Rural. Liderado por mujeres y para mujeres, en una provincia que con cada acción levanta el orgullo femenino que dejaron las hermanas que le dieron nombre, las Mirabal.