Como es habitual, cada año la Academia Sueca de las Ciencias anuncia el galardón del Premio Nobel de Economía, el cual se otorga a personas que han realizado contribuciones destacadas a la ciencia económica, convirtiendo esta fecha quizás en la más significativa en el campo económico. Este año se anunció a tres ganadores de dicho galardón:  el estadounidense Joshua Angrist, el holandés Guido Imbens y el canadiense David Card.

La premiación de este año se interpreta como un reconocimiento a la implementación de los experimentos naturales como método para responder a distintos desafíos de la sociedad.

En el caso de David Card, sus aportes se enfocaron en el campo de la economía laboral, junto con el difunto Alan Kruger, que en el 1990 publicaron un trabajo titulado  Minimum wages and employment a case study of the fast industry in Pensylvania. El mismo consistió en una evaluación del impacto del aumento del salario mínimo en restaurantes de comida rápida en el estado de New Jersey, Estados Unidos, en comparación con las tiendas del estado de Pensilvania, donde el salario mínimo se mantuvo fijo. Para sorpresa de muchos, los resultados obtenidos por Card y Kruger indicaron que, en relación con Pensilvania, los restaurantes de comida rápida en New Jersey aumentaron el empleo en un 13%, refutando así el pensamiento tradicional de la economía clásica de que el aumento de salario mínimo siempre debería conducir a caídas del empleo.

Sin embargo, a pesar del hallazgo, tampoco debería aferrarse a ese lado del espectro y asumirlo como una regla universal pretendiendo que el aumento salarial no aumentaría el desempleo, en lo que nos vemos obligados a remontarnos a otros laureados de la misma ciencia económica, los esposos Abhijit Banerjee y Esther Duflo, quienes dedicaron más de 20 años a la investigación económica buscando nuevos métodos de estudios para asistir y aliviar la pobreza.

Banerjee y Duflo, en su libro “Repensar la pobreza. Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global”, hacen una revisión de las políticas y propuestas que rodean la pobreza, al igual que conclusiones de cómo combatir la misma. En una entrevista que Esther Duflo concediera al INSEAD, afirma: “las propuestas de políticas públicas no deben quedarse en la aplicación de recetas que funcionaron en otros contextos o que parecen perfectas sobre el papel. Deben tratar de anticipar qué puede pasar cuando no son aplicables a la realidad”. Esas expresiones nos llevan a pensar que al asumir los desafíos debemos asumirlos siempre tomando en cuenta factores culturales, geográficos y sociales, entre otros, por lo cual se hace válida la crítica a los organismos internaciones que muchas veces pecan al aplicar una receta económica igual para todos los países.

Tomando en consideración esos dos válidos conceptos, tanto los de David Card en el campo laboral, como los métodos de ensayo aleatorio de Banerjee y Duflo, nos indican que los resultados de New Jersey ante el aumento salarial, no necesariamente se pueden o deben extrapolar a otros países, anticipando los mismos resultados en todos los lugares. Se debe erradicar el “copy/paste” en la aplicación de políticas públicas.