Leonel Fernández tiene una idea idílica de los dos períodos de gobierno que presidió, entre 2004 y 2012. Su liderazgo político trascendió las fronteras nacionales y se proyectó como una de las grandes personalidades de la globalización, como un intelectual de la talla de Fernando Enrique Cardoso, exitoso presidente brasileño que posibilitó con sus políticas económicas y de desarrollo la conversión de su país en una de las potencias mundiales emergentes, con Lula Da Silva a la cabeza.

Leonel Fernández realizo 71 viajes en sus últimos ocho años de gobierno, y con ellos modeló una figura que desdecía en sus discursos la práctica de su gobierno. Pensó y elaboró una idea de lo que debía ser el desarrollo en una nación del Caribe, pequeña como la República Dominicana, pero nunca puso en práctica sus ideas, sino que elaboró un concepto de control político y económico, a la usanza de los líderes decimonónicos ya desaparecidos.

Para el doctor Fernández, el modelo de desarrollo de la República Dominicana requiere de un liderazgo de larga permanencia en el gobierno, que siente bases sólidas de grupos económicos empoderados con las esferas del poder político. Y que por eso, controlando todas las estructuras del Estado, el partido y el líder tengan la garantía de aplicar un plan de por lo menos 35 años. Eso fue lo que dijo el doctor Fernández cuando habló del PLD como una escuela de presidentes.

En términos de gobernabilidad y estabilidad, el doctor Fernández aspira a repetir una hazaña como la del Partido Revolucionario Institucional, de México, que gobernó más de 70 años su país, pasando sexenios con los más variados presidentes. Unos liberales, otros conservadores, unos tecnócratas y otros agraristas. Pero había un centro del poder, que decidía la sucesión presidencial.

La República Dominicana, sin embargo, no es México y su realidad histórica y económica no puede suplantarse. Es verdad que el Partido de la Liberación Dominicana ya ha gobernado tres períodos, con Leonel Fernández como presidente, y está gobernando un cuarto período, ahora con Danilo Medina como presidente. Leonel es el líder y lo seguirá siendo, y acaba de demostrarlo, aunque a costa de corroer la credibilidad, el liderazgo y la solvencia política e institucional de Danilo Medina. Es un costo altísimo para el actual presidente, pero él parece estar resignado a pagarlo. ¿A costa de qué? Habría que saberlo.

El discurso de la noche del martes 13 del doctor Leonel Fernández puso en claro algunas cosas. En primer lugar, que quien está preocupado por el debate sobre el tema fiscal es Leonel Fernández, mientras Danilo parece manejar las negociaciones y asumir el costo político de la imposición.

En segundo lugar, quedó claro que Danilo Medina no cuida tanto su imagen, y que Leonel Fernández sí es celoso con el tema, procura los apoyos necesarios, mantiene las conexiones internacionales, se auxilia de los medios de comunicación locales y mantiene un aparato mediático engrasado y eficiente, a su servicio, ahora como presidente del Partido de la Liberación Dominicana.

El tercer aspecto tiene que ver con la fuerza que siente a su favor el doctor Fernández, que pudo convocar al Comité Político del PLD, reunió al vicepresidente pasado y a la actual vicepresidenta, al presidente del Senado, al presidente de la Cámara de Diputados, a senadores, ministros, dirigentes del Comité Central del PLD y a una claque de dirigentes y miembros de las bases a su favor. Fue notorio que el presidente del país, pese a ser miembro del Comité Político, y de estar en el país, no acudió a la cita con la historia.

Y en cuarto lugar, fue más que trascendente el desafiante discurso del doctor Fernández, que lanzó acusaciones, identificó a sectores, le puso las lanzas al Consejo Nacional de la Empresa Privada y reposicionó el debate, ahora con él en el centro, sobre el tema del aumento de los impuestos. Parecía que quien hablaba era el presidente de la República en funciones, y no un ex presidente, que de acuerdo con Felipe González, es lo que más se parece a un jarrón chino, pues no hay lugar para ubicarlo en un espacio seguro, para que no se rompa.

Leonel Fernández logró la atención del país. Es el centro del debate. Ya la reforma tributaria aprobada y a punto de promulgar, pasó a un segundo plano. Ahora el protagonista es el ex presidente, su discurso, sus conceptos y su talente de líder en una sociedad en la que lo más notorio es la ausencia de gente con agallas para asumir el toro por los cuernos y decir las verdades que deben ser dichas para que se restablezca el respeto a la ley, la institucionalidad y la decencia.

Como centro del debate, Leonel vuelve a decirle al país que él es quien decide y manda. Por eso, horas antes de que hablara en su discurso desafiante, el procurador Francisco Domínguez Brito se arrodilló ante él, lo defendió y cerró un proceso judicial en el que solo estaba convidado a investigar unos hechos. De paso, Leonel Fernández se acaba de engullir la figura creciente en respeto de Domínguez Brito, y lo deja maltrecho, a la deriva, con argumentos risibles sobre un respeto personal que nada tiene que ver con sus funciones de ministro de Justicia.

Es mucho lo que se ha hablado del discurso del doctor Fernández. No hay que hacer más consideraciones. Lo que sí es válido plantear es que, con ese discurso, quedó plantada la frontera entre el encanto y el desencanto con una ¿víctima? del proceso: Danilo Medina.