Jonathan de Jesús Minaya tenía la intención de matar a su ex mujer y madre de sus dos hijos, Miguelina Altagracia Martínez Morel.

Aprovechó su fecha de cumpleaños número 31 y acudió a su centro de trabajo, con un ramo de flores. Entre las flores ocultó la daga con la que mató de una estocada a la madre de sus hijos.

La historia es terrible y draconiana. Un homicida convencido de lo que quería. Un psicópata y criminal que regresó de Estados Unidos para ejecutar su sentencia de muerte contra una mujer que había dejado de quererle, con total derecho y razón, porque él era violento.

Miguelina Altagracia Martínez Morel acudió a la fiscalía de Pueblo Nuevo, Santiago, y a la fiscalía de la propia ciudad de Santiago, y denunció las intenciones de su ex cónyuge. Las autoridades lo que hicieron fue tratar de “conciliar” la pareja, vale decir que ella se acogiera a la oferta de reconciliación.

El asesinato de Miguelina Altagracia recae sobre las espaldas y las conciencias de las autoridades del Ministerio Público. Su dejadez e indiferencia fueron aliadas del criminal Jonathan de Jesús Minaya.

La historia está contada en esta nota periodística de Máximo Laureano:

Asesinada un día después de su cumpleaños, previó su muerte por incapacidad autoridades

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