El populismo gubernamental está destruyendo el turismo, como industria principal del país en la generación de divisas.

Los padres de familia que administran y crean caos en las principales playas del Este, con embarcaciones peligrosas, son los principales depredadores de las playas extraordinarias de la región.

Hemos visto la forma en que esos irresponsables vierten el aceite quemado de sus embarcaciones en la misma playa, sin que ninguna autoridad proteja al país de esos desalmados.

Los administradores y alquiladores de parapentes desarrollan esa actividad con inseguridad e ilegalidad, para evitar el pago de los permisos correspondientes, y nadie hace nada para proteger el prestigio del turismo dominicano.

Las autoridades de la región, aparte de dedicarse a hacer política barata y sacar ventajas al máximo, no contribuyen con la buena administración del sector ni proteger a los hoteleros de la depredación. Los ayuntamientos son organismos para la extorsión, con la basura y demás servicios, y con el cobro de los arbitrios en forma excesiva.

Los permisos son un dolor de cabeza para cualquiera que quiera hacer labor decentemente. Los delincuentes destruyen todo, sin que nadie los pare, pero los empresarios que quieren trabajar correctamente lo tienen todo el contra.

Vale decir, que el propósito de Danilo Medina de alcanzar los 10 millones de turistas por año, igualmente se complica cuando se analiza lo que pasa en miniatura en el principal polo turístico del país.

Estas notas se escriben con la mejor de las intenciones. No se busca dañar a nadie, pero hace falta que el gobierno se auxilie de los técnicos capacitados, que conozcan al sector y lo que debe hacerse, y no de políticos corruptos y vagabundos. Hace falta que el gobierno tenga un plan, y lo exponga con claridad y detalles, y no que se quede en el ámbito de la oscuridad y los deseos del Ministro de Turismo.

Que Danilo Medina y su personal de confianza viaje al polo turístico del Este y conozca en sus detalles lo que allí ocurre, para que se de cuenta que su intención tiene el camino contrario, con las decisiones que se toman en la zona Este.