En el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se produjo una unidad de propósitos que es ya tradicional en esa organización: Todos a una se consolidaron para ganar las elecciones.

Y eso tuvo un antecedente: Danilo Medina, quien perdió la elección interna para la candidatura presidencial en 2008 se retiró silenciosamente de la actividad febril de la campaña. No era el presidente del PLD, ni tenía funciones específicas en la dirección del partido. Lo que sí tenía Leonel Fernández, pues era el presidente del PLD y el presidente de la República que buscaba la reelección presidencial.

En el 2008 Danilo fue a votar y mostró su voto por el PLD. Hubo dudas, pero ese acto lo recolocó en el carril de los peledeístas que no traicionan su causa. No atacó a su líder. Adoptó una postura de silencio medido. Su mujer, Candy Montilla, no hizo alardes ni se pronunció nunca políticamente en temas relacionados con la actividad de su esposo.

Danilo consiguió ser candidato del PLD y acaba de ganar las elecciones. Con Margarita Cedeño como vicepresidenta electa.

Con el PRD pasó algo parecido, pero con algunas diferencias. Fue más reciente. Hipólito ganó la candidatura presidencial al presidente del PRD. Las heridas quedaron sin sanar. Miguel Vargas era el presidente del PRD. No adoptó la postura de Danilo, sino que actuó para desmoralizar la candidatura de Hipólito Mejía, el postulado por su partido. Su entorno se fue con Danilo, el mismo Vargas actuó en numerosas ocasiones como un adversario de su propio partido. Y ahora viene el desenlace interno en el PRD, luego de la esperada derrota electoral que tanto deseó Vargas, su esposa y su entorno.

Está claro: para controlar el Estado y para imponerse, los peledeístas actúan con más racionalidad política que los perredeístas.

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