En el Estado no hay posiciones para tanga gente. Danilo Medina recibió el voto de 2.4 millones de personas en las pasadas elecciones. El gobierno no los puede emplear a todos. Tampoco podrá emplear a todos los peledeístas, porque cuando llega a 500 mil nombramientos hay que parar de contar.
Además, no es posible sacar a todos los empleados públicos para sustituirlos por otros. Existe lo que se llama la continuidad del Estado, en primer lugar, y en segundo lugar existe el Servicio Civil y Carrera Administrativa, que quienes han aplicado no pueden ser despedidos. De modo que el gobierno que se instalará el 16 de agosto no podrá siquiera nombrar a los danilistas, sino a unos cuantos de los que trabajaron por su candidatura.
El patrimonialismo y la creencia de que el Estado es la fuente de la solvencia económica de las familias hay que dejarla a un lado. La gente tiene que acostumbrarse a trabajar, a crear empresas, tener iniciativas emprendedoras. Danilo tiene ahora, con la vocación por el empleo de sus seguidores, uno de los mayores desafíos para iniciar su administración. Que tenga suerte manejando ese delicado embrollo.
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