Economía

Lo que viene después de la crisis del Covid-19

En Haití, el número de personas con inseguridad alimentaria severa podría aumentar de 700.000 a 1,6 millones.

Por Acento.com.do

Covid-19 y pobreza

Entusiastas, como están los candidatos presidenciales y sus equipos, no ven completamente el panorama que nos vaticinan los nuevos tiempos en materia de economía, recuperación, productividad, exportaciones, negocios, crecimiento económico y aumento de la pobreza y la desigualdad en general.

El covid-19 representa la profundización de muchas de nuestras debilidades, injusticias, desigualdades y condiciones de pobreza. Para América Latina se vaticina por lo menos 250 millones de pobres más como consecuencia de esta pandemia.

Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ofreció algunos datos que deben comenzar a generar preocupación a las próximas autoridades dominicanas, sean del partido que sean, porque el cuadro no podría ser más desafiante:

El reporte sobre lo dicho por Gurría es que la región arrastra alto desempleo, “la maldición de la informalidad” y niveles de pobreza que este año podrían sumar a 20 millones de personas más en su condición extrema de pobreza; “lo que estamos viendo es una ampliación de este abismo, el cual es éticamente incorrecto, moralmente equivocado, disfuncional económicamente y políticamente incorrecto, muy peligroso”.

En América Latina la pandemia no trajo nuevos problemas, sólo se volvieron “más obvios, mucho más evidentes, mucho más urgentes” los que ya había. La región tiene antecedentes cercanos de crisis, pero nunca habían implicado que las personas no pudieran ir a trabajar y “tuvieran que elegir entre el virus y el hambre”.

Para Gurría los primeros pendientes para reducir la desigualdad en América Latina son la educación, salud y habilidades para el trabajo, pero el “mayor déficit, porque es una acumulación de todo lo demás, es en la confianza”. La prueba es que 70 por ciento de los latinoamericanos desconfían de sus gobiernos; una proporción mayor considera que el sistema favorece a los ricos y amplía las desigualdades, “lo cual de hecho es así”, consignó el titular de la OCDE.

Unos 14 millones de personas más, como consecuencia del Covid-19, podría pasar hambre extrema, según el programa Mundial de Alimentos. Esto también nos afecta, y podría colocar a muchas personas en el país en condiciones de pobreza extrema.

El reporte del PMA no deja de ser desalentador, cuando incluso nos menciona directamente: Las proyecciones de hambre se refieren a los países donde este tiene presencia: Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Perú, República Dominicana y pequeños estados insulares en desarrollo en el Caribe.

En Haití, el número de personas con inseguridad alimentaria severa podría aumentar de 700.000 a 1,6 millones.

Asimismo, la población de inmigrantes venezolanos en Colombia, Ecuador y Perú que no saben de donde vendrá su propia comida potencialmente aumentará de 540.000 a más de un millón.

Un informe conjunto de la FAO y la CEPAL habla de los problemas que nos vienen: Producto de la crisis provocada por la pandemia del COVID-19, la población en condiciones de pobreza extrema en América Latina y el Caribe podría llegar a 83,4 millones de personas en 2020, lo que implicaría un alza significativa en los niveles de hambre, debido a la dificultad que enfrentarán dichas personas para acceder a los alimentos, señalaron la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La economía general ya está en franca recesión. Los gobiernos necesitan cada día mas recursos para enfrentar la crisis, pero como le ocurre al propio gobierno dominicano, sus recaudaciones han disminuido hasta un 40 por ciento en algunos renglones.

El país va a necesitar unidad de propósito, y también mucha consistencia y concentración, y un gobierno austero, que esté dispuesto al sacrificio político de la popularidad, para poder lanzar hacia adelante un programa de recuperación serio, bien pensado y que sea equilibrado, justiciero y aproveche para reducir, tanto como sea posible, las desigualdades.

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