Editorial

La salida abrupta del Nuncio Apostólico y el Ministerio Público


Josef Wesolowski dejó de ser el Nuncio Apostólico en la República Dominicana. Se marchó abruptamente, sin recibir condecoración ni despedirse de nadie. Antes de que El Vaticano diera a conocer su destitución, el hombre recogió sus cosas y se marchó.

Qué pasó?

Se alegó que había tenido tensiones en sus relaciones con el arzobispo de San Juan de Puerto Rico, Roberto González Nieves. Pero eso es poco consistente.

Hay rumores de que habría tenido tensiones también con el arzobispo de Santo Domingo, Monseñor Nicolás de Jesús López Rodríguez, pero esa no es una información que tenga aval. Para nada el cardenal dominicano se ha referido al tema, ni nadie le ha preguntado.

La pregunta es si alguien de la Iglesia, del Gobierno o del Vaticano informará a la sociedad dominicana sobre las verdaderas razones para que el Nuncio fuera destituido, y se marchara tan silenciosamente, como lo hizo.

Qué se oculta detrás de todo eso?

El Ministerio Público debió investigar las declaraciones del ex síndico de Juncalito, Pedro Espinal, quien reveló que el fugado sacerdote polaco Wojciech Gil, acusado de violar a numerosos niños de Juncalito, llevaba niños a la casa de la Nunciatura Apostólica en Juan Dolio, y que allí dormían con los niños más jóvenes y los más bellos el cura y el nuncio, en habitaciones privadas.

Es al Ministerio Público que le corresponde investigar seriamente lo que ha ocurrido. Y si la Santa Sede actuó por denuncias sobre temas de sexualidad, está en el deber de informar como corresponde a las autoridades judiciales dominicanas.

 

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