Hoy se conmemora el Día de Nuestra Señora de la Altagracia, madre espiritual del pueblo dominicano, según la Iglesia Católica.
Es una festividad que tiene sus raíces en la historia de dominación que hemos padecido los dominicanos y en la profunda religiosidad popular e institucional del pueblo, en su trayecto hacia la redención y hacia la búsqueda de la justicia.
La Conferencia del Episcopado Dominicano emitió esta semana una carta pastoral en la que analiza sus 50 años como entidad corporativa de la Iglesia Católica.
Una de las tradiciones del catolicismo oficial es hacer pública una carta pastoral con motivo del 21 de enero, cada año, en la que se dicen unas cuantas verdades y se dan a conocer las posiciones de los obispos católicos sobre temas de interés nacionales y en particular sobre cuestiones que incumben a la propia Iglesia.
En su documento de este año, los obispos dicen lo siguiente sobre el particular:
Quien haya leído o lea todos los Mensajes anuales del día de la Independencia dominicana se convencerá de que la Conferencia del Episcopado Dominicano se ha sentido siempre obligada y comprometida a contribuir desde su misión con una nación más sana moralmente, más fraterna, justa y equitativa. En el momento presente la humanidad se siente muy preocupada por la gran crisis económica y financiera, alimentaria y política. Nosotros en cambio, sin negar lo anterior, proclamamos que la gran crisis moderna es humana y moral, el verdadero origen y causa de las crisis que se señalan y que tanto inquietan hoy. Nos preocupa en estos momentos que esa crisis moral haya ido enquistándose en el alma nacional. Aquí hay que situar la causa de la violencia en general que nos envuelve, de la creciente violencia contra la mujer y la familia, de la precariedad de los salarios y de los servicios básicos para todos, la dimisión de su deber educativo por parte de las familias, de la escuela y de los medios de comunicación social, la mediocridad de muchos políticos, la corrupción rampante. Nos preocupa todo esto y prometemos que al pueblo dominicano no le faltará ni nuestra voz sincera ni nuestra crítica como tampoco nuestro aliento al comportamiento correcto.
Como se puede ver, los propios obispos tienen una visión optimista sobre las actuaciones políticas y morales de la Iglesia en sus manifestaciones públicas. Hay otras visiones, que no pueden ser ocultadas, aunque reconocemos que no les corresponde a los obispos incluirlas en su carta pastoral.
La Iglesia ha sido cómplice de muchos desatinos políticos, de la represión en años duros y de la desgracia que vivió el país durante la dictadura de Trujillo, en la cual bailó placenteramente con el dictador, alejándose apenas unos meses antes de su ajusticiamiento. Es cierto que la carta pastoral del 25 de enero de 1960 fue un estimulo importante en la lucha del pueblo contra la dictadura, y que Radio Caribe y los organismos represivos del dictador hicieron barbaridades contra la Iglesia por esa carta conocida como “Pastoral de las Avispas”. Pero detrás de ella hay muchos años de aprobio contra el pueblo, de negación de libertades, de complicidades y hasta de delaciones de gentes muy poderosas dentro de la Iglesia.
Lo siguiente lo dicen los obispos en su carta, a propósito de estos acontecimientos:
“Muchos han sido los pronunciamientos de la Conferencia del Episcopado Dominicano que han tenido una fuerte repercusión. Sobresalen entre ellos la Carta Pastoral del 25 de enero de 1960, en la que se denuncian los sufrimientos y atropellos sufridos por el pueblo, y cuya copia fue remitida como anexo de una carta dirigida en la misma fecha a Rafael L. Trujillo Molina poniendo en evidencia sus desmanes; la de la corrupción en diciembre de 1975; la del diálogo social en enero de 1985; la del problema ecológico en enero de 1987, que la publicó en lugar prominente L´Osservatore Romano y la tradujo a varias lenguas y propaló la FAO, y la que abordó el problema de la inmigración haitiana creciente en noviembre de 2005″.
La Iglesia tiene de sí misma una visión idealizada, de una conducta perfecta, sin observar que en todo comportamiento social y político, religioso y ético, hay luces y sombras, como bien mostró en análisis de la realidad social impulsado por algunos sacerdotes críticos que luego fueron defenestrados por la Iglesia jerárquica, como Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, entre muchos que impulsaron una visión diferente de la religiosidad y de la misión social y política de una instancia que debe asumirse como de liberación y no de opresión.
Estos no son temas habituales, y menos en los medios de comunicación, pero tomando en cuenta que los medios producen casi exclusivamente una resonancia altisonante de todos los pronunciamientos eclesiales, hay que decir pequeños mensajes de las posiciones críticas. En razón de justicia, un concepto del que tanto se habla en todas las iglesias del mundo.