Editorial

La homofobia y nosotros, los dominicanos y dominicanas


La homofobia es el rechazo a los homosexuales y a las lesbianas, y la sociedad dominicana ha sido formada en el repudio a la homosexualidad y el lesbianismo. Un estudio del 2006, realizado por el Centro de Investigación y Estudios Sociales (CIES), determinó que era mayor el rechazo a la homosexualidad que aceptar que un hijo o una hija se casara con un haitiano o una haitiana.

Recientemente hemos podido ser testigos de rechazos de grupos privados y públicos a la homosexualidad. Uno muy reciente ha sido la forma virulenta como se han expresado determinados sectores de la sociedad dominicana, en especial del ámbito religioso, contra la designación de un embajador de los Estados Unidos que es miembro de la comunidad gay en su país y que dentro del Partido Demócrata, de gobierno, ha sido un activista en defensa de los movimientos homosexuales.

Y más recientemente el joven cineasta y abogado dominicano, Melvin Durán, fue apresado por agentes policiales que lo llevaron a prisión sin haber cometido ningún delito, solo por la simple sospecha de que era homosexual, bajo el alegato de que en este país ser homosexual es peor que ser un delincuente. Habría que ver qué buscaba ese agente policial, que decidió olvidar los delincuentes o ocuparse de apresar a un ciudadano por su forma de vestir o por la forma de hablar, y porque caminaba acompañado de alguien que también el agente presumía que era homosexual.

El diario Le Monde, de Francia, reportó la pasada semana que en San Cristóbal, un gay llamado Randelyn Mancebo Medina fue asesinado brutalmente a palos y cuchilladas por una persona con quien mantuvo relaciones. Y dice que es frecuente en el país la muerte de homosexuales.

Los transexuales son los más agredidos físicamente, los más atacados por agentes policiales y por ciudadanos que los odian: desde los vehículos les disparan en horas de la noche en la Avenida Ortega y Gasset, por simple diversión, y varios han caído asesinados en los últimos años.

Algunos ciudadanos dirán que los maricones deben morirse todos, como es notable en algunos de los juicios que se emiten en los comentarios que pueden verse en Acento, cuando se comentan noticias sobre el tema.

Decimos que ser homosexual es una opción de quien lo asume, y que ello no viola el derecho de nadie. Los homosexuales también merecen respeto, y sus vidas deben ser respetadas, y su libertad debe ser respetada como la de cualquier otro ciudadano. Lo que hacen las personas en su intimidad es un derecho a la privacidad que cada quien protege, aunque muchos pretendan suponer diabluras, maldades, sodomías y muchas otras imaginaciones que solo son el resultado de la mentalidad de quien las supone.

Lo que hace una pareja cuando se casa es un derecho de esa pareja, que no debe dañar ni daña el derecho de los demás. Lo que sí daña es la violación sexual, el abuso de poder de un ministro evangélico o un sacerdote sobre las familias para conseguir favores sexuales.

Por tanto, es un tema a ser revisado y reflexionado sin prejuicios. La homofobia es mala consejera. Los países emisores de turistas, por ejemplo, realizan un ranking anual sobre cuáles los destinos más homófobos, y los dan a conocer a sus ciudadanos. Como sociedad no nos interesa el turismo sexual, pero no podemos olvidar que los turistas se forjan una idea de los países a partir de parámetros como este.

La libertad de tránsito, por ejemplo, es elemental. Cuando a un abogado y cineasta, por ejemplo, le apresan durante más de 24 horas por suponer que es un homosexual se está creando un precedente y enviando un mensaje de que esta no es una sociedad democrática. La homofobia no es, pues, un comportamiento adecuado. La democracia es el régimen que permite a los ciudadanos convivir pese a las diferentes, incluyendo las diferencias en materia de sexualidad.

Como país necesitamos crecer en tolerancia, en aceptación de la diversidad y en respeto hacia los demás. Demasiado rápido descalificamos a los demás porque son maricones, porque son haitianos, porque son activistas gay o porque no nos gusta su forma de hablar. Estamos trillando el camino de la intolerancia y la sinrazón.

Es muy probable que el embajador designado por el presidente Barack Obama, de los Estados Unidos, el señor James Wally Brewster, no llegue al país, tal vez nunca llegue, por los gritos de guerra que ha escuchado y los rechazos previos de una parte de la sociedad dominicana, en especial la religiosa.

Quienes así piensan se olvidan de que el Papa Francisco dijo en la Jornada Mundial de la Juventud, en Río de Janeiro, el mes pasado, que no se debe juzgar a una persona por su homosexualidad. ¿Quién soy yo para juzgar a un cristiano que sea homosexual? Se preguntó el Papa. Reflexiones como la del Papa son un punto de partida para una profunda y sabia reflexión sobre la homofobia.

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