Editorial

¿Cuál es la historia? ¿En qué punto estamos?

Por Yildalina Tatem Brache

Ahora todo el mundo es periodista, foto-reportero, analista de opinión y divulga información. Las redes sociales permiten que eso sea así; no digo que está mal o que está bien, pero me produce inquietudes.

Por ejemplo, circuló en estos días un video de un joven que, en su versión de los hechos, está siendo procesado como si fuese otra persona, a pesar de que él ha demostrado que su nombre es otro. Alega el detenido que esto es intencionado, pues lo que quieren las autoridades a cargo del caso es proteger al verdadero responsable de los hechos. Si esto es cierto es gravísimo; y posiblemente sin el acceso que tenemos ahora a las redes sociales y todos los medios de información no nos hubiésemos enterado. Espero que, si se confirma, quienes estén involucrados en esta atroz componenda sean debidamente juzgados y castigados.

Ahora bien, así como puede servir para resarcir un daño tan terrible como éste denunciado, hay personas cuyo interés es el uso de estos medios para manipular; y lo más terrible es que lo logran. Así nos encontramos con “noticias” que impactan y se hacen virales, sin que haya sido confirmado su veracidad y seriedad. Y, lo que es peor, se construyen discursos encaminados a un fin determinado. Desde ahí, manejan las emociones individuales y sociales hacia la consecución de sus objetivos.

En el país, un caso concreto es la manipulación de la información con relación a la migración haitiana (aunque últimamente está afectando un poco a otras nacionalidades). Se han encargado de crear la confusión de que migración irregular y personas nacidas en República Dominicana despojados de su nacionalidad a través de una sentencia es lo mismo. Luego siguen apostando al juego de asustar con la supuesta “invasión”; esto lo hacen cíclicamente, cada vez que les conviene a sus intereses, que nos hacen creer son los de la nación.

Hay un grupo de personas que, por motivos no muy claros, están apostando a generar miedos y alarma ciudadana. Si se fijan, quienes “comandan” tienen grandes fortunas a costa del pueblo, pero de alguna manera se hacen pasar como “honorables”. Propagan información exagerada o falsa, exacerban las emociones, logran irritar, enojar, poner en estado de frenesí a muchísima gente, incluso a personas inteligentes y con alto nivel de estudios. Esto hay que pararlo.

Me gustaría hacer un llamado a que podamos considerar el contexto y el concepto de cada información que recibimos y desde ahí la procesemos. Recordar que “las cosas son obvias después que las sabes”; Y que más allá de “ganar” una discusión o en una situación, lo que necesitamos son argumentos lógicos, para generar un clima de estabilidad y confianza, que es desde donde podemos tener “soberanía”.

Es bueno recordar que los condicionamientos implican una conducta y una acción, y que un simple mandato, esos que estamos recibiendo a cada momento (sin darnos cuenta que son mandatos) puede condicionar todo el comportamiento social.

Si bien es cierto que las crisis son inevitables, no es menos cierto que sus magnitudes pueden ser controladas. La historia nos hace saber que el ser humano en circunstancias extremas es capaz de actos terribles; no porque no tenga la posibilidad de la bondad, sino porque también existe la posibilidad de la maldad. Para bien o para mal, las personas somos influenciables. Eso hace sumamente preocupante que trivialicemos la violencia, que asumamos como algo normal amenazar en las redes sociales con matar o golpear a una persona; independientemente que usted esté o no de acuerdo con su pronunciamiento y  actuación pública. Esta semana amenazaron al director ejecutivo del Servicio Nacional de Salud porque anunció una medida disciplinaria que parece ser pertinente, frente a un acto de discriminación cometido por una profesional de la medicina. Me atrevo a decir que la mayoría de las respuestas violentas a esta medida están condicionadas por información falsa, “invasión pacífica” incluida.

La gente que se cree “el cuento”, no necesariamente actúa por maldad, se deja llevar y no reflexiona, ya está condicionada y en este momento la manipulación de la información sobre la migración le hace pensar sinceramente que está defendiendo al país. Es como si fuese un acto de “defensa propia”, en consecuencia, se construyen un imaginario lleno de eximentes de responsabilidad. Y como la violencia se está entronizando en nuestra cultura, (como otrora lo estuvo la alegría), se están “naturalizando” estas formas de socializarnos.

En el caso particular que menciono, se generaron dos reacciones: por una parte, apoyo a quien está siendo objeto del ataque; y por otra, apoyo a quien profirió la amenaza. A mí me sorprende que no generara asombro por la amenaza misma. Yo estoy escandalizada, porque ya estamos creyendo que tenemos derecho a proferir amenazas de muerte, sin ninguna consecuencia. ¿Indicativo de que pronto “naturalizaremos” cumplir la amenaza? ruego porque reaccionemos antes.

Ahora bien, insisto en vincularlo a la ideología que está detrás de esta expresión y las personas que la sostienen. Posiblemente si la medida disciplinaria anunciada hacia la profesional de la medicina, no hubiese sido por una acción contra nacionales haitianos, el rechazo a que se amenace públicamente a un funcionario público habría sido más contundente, quizás nadie se hubiese atrevido a apoyar al que amenazó. La verdad que ese episodio, me ha hecho comprender que la situación es más grave de lo que yo pensaba: con tremendismos, alarmismo y manipulación del discurso sobre la “soberanía” están envenenando a la población, haciéndonos pasar de un pueblo amable y solidario a uno hostil y avasallador; hay muros que cuando se rompen presagian tempestades.

¿Qué nos lleva a ese comportamiento? Evidentemente intervienen muchísimos escenarios, pero creo que la manipulación de la información, que se realiza cada vez más con más facilidad, tiene una alta cuota de responsabilidad. Por favor actuemos con sensatez. No permitamos que discursos tan poco constructores del país que nos merecemos nos dominen. Luchemos por una República Dominicana organizada, con regulaciones, amable y solidaria.

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