El próximo 5 de junio habrá elecciones en Perú, en segunda vuelta, entre los candidatos Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Es una campaña altamente mediática, poco ideologizada y fundamentalmente personalizada. En el mejor sentido de la expresión, los partidarios de ambas postulaciones se están “sacando las tripas”.

Ollanta Humala es un hombre polémico, que fue candidato presidencial perdedor en una contienda anterior. Es un nacionalista, con una visión indigenista, autoritaria de la política. Ha ganado adeptos en los sectores más pobres y se ha ganado el odio de los sectores conservadores y de la oligarquía aristocrática y tradicional peruana, asentada especialmente en Lima. Humala se le vincula a la izquierda del continente, pero su discurso ha ido tomando el curso que le señalan las encuestas, para poder mantener una posición ventajosa en la contienda electoral.

Keiko Fujimori fue diputada, pero su mérito mayor es ser la hija del ex presidente Alberto Fujimori, quien guarda prisión por la comisión de múltiples delitos contra la democracia y la institucionalidad, incluyendo la abolición del Congreso, del Tribunal Supremo y la puesta en marcha de un plan de control del país por la fuerza y el chantaje, por vía del consejero Vladimiro Montesinos, quien también guarda prisión.

Hay que poner atención a lo que está ocurriendo electoralmente en Perú. El ascenso al poder de Humala o de Fujimori se considera, por parte de ambos bandos, una seria amenaza a la institucionalidad y al progreso del país. Contra Humala hay muchas dudas sobre su seriedad democrática, y con Fujimori existen muchas otras porque su padre volvería al poder con ella. Por lo menos eso se dice, y que hasta lo indultaría.

Mario Vargas Llosa, que fue candidato presidencial y perdió una elección frente a Alberto Fujimori, ha dicho que el candidato Humala es una opción más viable y saludable para su país de origen, y acaba de denunciar una campaña mediática de miedo contra él por parte de los principales medios de comunicación del país.

"No quiero que mi país vuelva a tener una dictadura dañina, tan perjudicial, que hizo estragos en el Perú. No solo por los desaparecidos, los muertos, los torturados, sino por las terribles secuelas que deja la dictadura", declaró el premio Nobel de Literatura del 2010.

Es cierto que a Keiko Fujimori no hay que cargarle la responsabilidad por los hechos de su padre, pero en los gobiernos fujimoristas ella actuó como primera dama, fue legisladora y estuvo siempre en atención a los temas planteados por su padre. Tal vez no sea posible que si Keiko gana la presidencia el Perú vuelva a ser gobernado con los mismos métodos que lo hizo Alberto Fujimori. Pero no deja de preocupar.

De todos modos, se trata de una elección popular y las principales encuestas le dan una leve ventaja a Fujimori sobre Humala, de dos y tres puntos. El territorio peruano es vasto y está concebido casi por tradición que quien gana las elecciones presidenciales no necesariamente gana la capital peruana, donde se concentra la “campaña de miedo” que denuncia Mario Vargas Llosa.

Las campañas mediáticas son peligrosas. No ayudan a la transparencia y a la decisión correcta, según el parecer de cada quien. Cuando se vota por miedo a alguien, se vota contra quien genera el miedo, no a favor de un candidato o su propuesta. En este sentido hay que poner atención a lo que acaba de denunciar el premio Nóbel de Literatura. Sin embargo, hoy día, todas las campañas electorales son mediáticas.