El anunciado Plan de Austeridad Nacional es una medina acertada del presidente Danilo Medina, que debe ser puesta en marcha y respetada por todo el aparato del Estado, para que el gobierno se reencamine por un sendero responsable y detenga la hemorragia de recursos a favor de la burocracia estatal y de sus familiares y amigos.

El conjunto de medidas es un acierto. Hay quienes piensan que pudo ser más drástico, pero el presidente está toreando un gobierno que tiene más de un 70 por ciento de funcionarios de la pasada administración, y que corresponde a un partido que tiene un Comité Político con mucho poder. Hay quienes piensan que el solo anuncio de estas medidas es una crítica al pasado presidente de la República.

El gobierno está quebrado. Nadie puede negarlo. El déficit fiscal es superior a los 150 mil millones, si se le suma el compromiso del Banco Central con el pago de los intereses del cuasifiscal.

Hay otras medidas de mayor calado, que serán necesarias. Estas medidas son simbólicas y reflejan una voluntad para cambiar el rumbo. Hay que reducir el personal supernumerario, hay que reducir los costos de la burocracia estatal con la aprobación de una ley de salarios públicos racional.

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