Este domingo el país acude a la elección número 19 desde que se inició la democracia dominicana, y luego de la caída de la dictadura de Trujillo se produjo la primera elección presidencial el 20 de diciembre de 1961.

Algunas han sido elecciones de medio término, como las ocurridas en 1968, 1998, 2002, 2006 y 2010. Las demás han sido elecciones presidenciales, y pese a los traumas, fraudes y escaramuzas para burlar la elección popular (casos de 1978, 1990 y 1994) el país ha seguido adelante y se mantiene vigente un sistema democrático y electoral que requiere de fortalezas.

Acudimos a esta elección con tremendas irregularidades, como el uso de los fondos públicos, el uso del tribunal electoral por parte de una de las fuerzas políticas y una profusión desmesurada de campaña y promoción electoral en la que se encuentra mucha evidencia de que se trata de fondos estatales.

El deseo es que la elección transcurra sin violencia, sin abuso de poder, sin impedir el voto de los ciudadanos, sin compra de cédulas, sin obstaculizar más de lo que ya ha sido obstaculizada la observación electoral y sin manipulaciones. El resultado tiene que ser el reflejo de lo que las personas decidan en las urnas. Simple y sencillo, aunque habrá quienes no deseen ese veredicto.

Nuestro comentario sobre el día de las elecciones: